•Respuesta a Fogwill

La política en términos de revancha

En su columna del sábado pasado en Perfil, el escritor Fogwill se ocupa extensamente de mi persona. Enmarcado en su retrato oval, con el gesto adusto de quien vela contra las desviaciones en nuestra cultura, me acusa allí de crímenes.

La política en términos de revancha
22-08-2026 | 19:10

En su columna del sábado pasado en Perfil, el escritor Fogwill se ocupa extensamente de mipersona. Enmarcado en su retrato oval, con el gesto adusto de quien vela contra las desviaciones ennuestra cultura, me acusa allí de crímenes leves como la hipocondría o la homeopatía, y de uno másserio, agravado por la complicidad con Flavia de la Fuente, mi mujer: en nuestro blog, La LectoraProvisoria, proponemos el voto por el Acuerdo Cívico y Social en las próximas elecciones.

La decisión le parece a Fogwill motivo de escándalo, o al menos así está visto desde la retóricadel artículo, donde el autor simula creer que el sitio ha sido objeto de una interferencia paraconcluir después que se trata de un mal funcionamiento de nuestra inteligencia. Aunque uno nuncapuede estar seguro de lo que piensa ni de lo que hace –y menos en materia política–,tiene en cambio el derecho a votar y hasta a proclamar públicamente por quién se vota. Pero poralguna razón Fogwill parece creer que ciertas decisiones sobre el sufragio merecen no ya el rechazosino la burla socarrona y la sospecha sobre la salud mental de quien las toma. Convengamos queFogwill nunca demostró un gran aprecio por la práctica electoral y, en ese sentido, se inscribe enla tradición de desprecio hacia las formas republicanas practicadas por buena parte de losintelectuales argentinos. En ese sentido, no es casual la furia que despierta en ciertos círculosla fuerza política que más defiende los valores de la democracia representativa (que abarcan, quéduda cabe, la justicia social) y a la que uno vota, en buena medida, porque los consideraamenazados por el Gobierno. No, como supone Fogwill citando a Jorge Asís, porque crea que Carrió vaa mandar preso a Kirchner.

Pero Fogwill piensa la política en términos de revancha y por eso considera que la discusiónsobre las elecciones actuales está saldada definitivamente desde hace treinta años. Vengador tardíode lo que él llama la “dictadura cívico-militar”, afirma que el partido radical le“prestó trescientos intendentes y miles de cuadros administrativos en la ciudad y laprovincia de Buenos Aires”. Y ya está, los radicales y sus aliados serán entonces cómplicesde asesinato hasta el fin de los tiempos, mientras que sobre otras fuerzas políticas no cabe traera colación su pasado. Es curioso que Fogwill llame a Elisa Carrió “la gorda delcrucifijo” y que finja ignorar que los candidatos actuales del radicalismo no son esosintendentes de la dictadura pero que no haya razonado de un modo análogo cuando defendía a JuanPablo II como héroe de la lucha contra el aborto sin achacarle previamente las atrocidadescometidas por la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Y que también olvide, de paso, que losradicales fueron a principios de los 70 la única fuerza política importante que no auspició laeliminación física de sus adversarios ni contribuyó a la violencia política de esa época. Ese no esun motivo para votarlos hoy pero sí, al menos, para evitar juicios tan unilaterales.

También es curioso que Fogwill sugiera que el deplorable acto de votar por el Acuerdo Cívico esequivalente a hacerlo por “el fango duhaldista De Narváez-PRO” cuando hace pocos mesescolaboraba con los equipos culturales del macrismo. Es cierto que de la lectura de sus columnasrecientes surge que se ha desencantado de ese partido pero de nuevo resulta que el arrepentimientoes sólo aceptable en ciertos casos. De todos modos, la falta de coherencia (una cuestión personal,en definitiva) viene unida aquí a un rasgo mucho más reprochable, signo de la prepotenteirracionalidad de buena parte de nuestra clase intelectual: el uso de la falacia que consiste eninvocar los derechos humanos del pasado para despreciar en el presente la transparencia, lahonestidad y las libertades civiles. Un modo más de acumular argumentos por los cuales elkirchnerismo nos debe gobernar por cuarenta años más ya que la oposición y sus votantes no merecenmás que la descalificación de antemano y para siempre.


*Periodista y escritor.

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