Hasta tiempos bastante recientes parecía que el boom financiero internacional no tenía límitesen duración, en magnitud de fortunas y también en los montos de las pérdidas. Desde la época delNasdaq hasta el colapso global de las bolsas de comercio a fin de octubre se ha vivido una fantasíade lucro impensable que más pertenecía a la ficción que a la realidad. Ahora asoma otra etapafantástica, una especie de crisis planetaria de las finanzas tan grande que muchos sólo podemosleerla, temerle y vivirla en la periferia.
Aquel desarrollo financiero acompañó a otro monstruo fabuloso, imaginario, que parecía máspalpable que el ágape de pocos. Este otro producto, un género de brillantes colores, se halló en laficción. En un mundo lleno de incertidumbres, todas las edades buscaron el consuelo moral de lascertezas de la fantasía. Esta se sostiene en tres elementos básicos: mito, leyenda y cuentos dehadas. La fantasía real es más esquiva.
Una enorme galería de nombres mágicos, surgidos de los libros de la Sra. J.K. Rowling y JohnRonald Reuel Tolkien (1892-1973) y otros menos conocidos, como los ingleses Terry Pratchett, PhilipPullman, John Dickinson y Christopher Paolini (que tenía 15 años cuando, en 1999, sus padreseditaron 50 ejemplares de su novela Eragon, luego bestseller), el australiano Garth Nix, y lafrancesa Flavia Bujor, lograron cruzar décadas y generaciones entre la ficción para niños y la deadultos. Hoy parecen haber retrocedido a sus oscuras cavernas en segundos planos. Es como si losjóvenes aliados y los destructivos rivales de Harry Potter se hallasen atenuados por oleadas de unarealidad cuyo impacto (la perspectiva de una reforma dramática en el capitalismo mundial, el mayorestremecimiento global desde el fin de la Unión Soviética en 1991) tiene su magia propia.
La literatura fantástica creó su propia realidad. En ésta, miles de lectores abrumados por elesfuerzo de competir y sobrevivir para alcanzar metas imaginarias de comodidad y consumo sesintieron mucho más tranquilos. La fantasía hacía que todo fuera posible. La realidad fantásticaserá más difícil.
*Ombudsman de PERFIL.





