En Europa los jóvenes salen a la calle a protestar, algunos en forma pacífica, otros en forma violenta. La protesta comenzó en Francia y se propagó al resto del continente. En algunos casos se les suman otros sectores sociales como los chalecos amarillos en Francia.
El Mayo francés del 68 así como apareció, se extinguió, y sus líderes terminaron absorbidos por el sistema. “La imaginación al poder” era la consigna de entonces. No se rebelaban por falta de futuro, sino contra un futuro asegurado que les parecía aburrido. Hoy la situación es otra: los jóvenes cuestionan un sistema que les obtura el futuro mientras ven a una élite que se reparte privilegios.
En América Latina el fenómeno no fue el mismo. Los jóvenes no protestaban por aburridos: fueron protagonistas de procesos de cambio, pelearon contra las dictaduras, apoyaron y se ilusionaron con las democracias. La pregunta de hoy es cómo se expresará en la región esta nueva rebelión juvenil que emerge en el mundo. El domingo pasado tuvimos una muestra en Brasil: fuerte participación, movilización y uso de las redes sociales por parte de los jóvenes, que habrían llevado a votar a los adultos contra Flávio Bolsonaro.
Lo llamativo es que esto pasa justo cuando muchos jóvenes están tomados por el individualismo. El que trabaja para las aplicaciones se cree su propio jefe. No tiene vacaciones pagas, ni aguinaldo, ni obra social, pero se siente libre. El filósofo
surcoreano Byung-Chul Han lo llama el “empresario de sí mismo”: alguien que se explota sin darse cuenta, porque no tiene un patrón contra quien rebelarse. Terminan presos de un sistema en donde las plataformas los controlan sin que se den cuenta.
Así se fue generando una generación de individuos convencidos de que todo depende del esfuerzo propio. Sin sentido de comunidad. Si les va mal, la culpa es de ellos. Y la culpa no lleva a la calle: lleva a la depresión.
Entonces, ¿qué explica a jóvenes que salen a la calle en Francia, con protestas convocadas por TikTok? Si viven pegados al celular. En Serbia los estudiantes ocuparon las calles durante casi dos años, armaron una lista propia, sin un líder único, y ganaron las elecciones parlamentarias con el 52,6% de los votos y la participación más alta en tres décadas.
La respuesta está en las propias redes. No siempre construyen un “nosotros” que dure –en Serbia lo lograron, pero sí juntan multitudes en un instante. El mismo celular que aísla en la vida diaria permite que el enojo de miles se encuentre en el mismo momento. El scroll individualiza, pero también convoca. Quiere decir que cuando la promesa del esfuerzo deja de tener sentido aparece la rebelión. Cuando una generación entera descubre que no va a poder tener una vivienda, que trabaja más y gana menos, el “fracasé yo” pasa a ser “nos robaron el futuro”.
En la Argentina los jóvenes no están tomados aún masivamente por la frustración y la bronca. Aunque han dejado de ser el soporte mayoritario de Milei, electoralmente aún prefieren al libertario por encima de otras opciones. Muchos de los que vieron en Milei la promesa de un futuro mejor hoy dudan: entre diciembre de 2025 y octubre de 2026, su apoyo entre los jóvenes cayó 20 puntos. La izquierda no logra penetrar como símbolo de rebeldía. Y el peronismo aún carga con el encierro en épocas de covid. Las marchas universitarias juntaron a cientos de miles de personas en defensa de la educación pública, pero esa energía no cambió el voto de los jóvenes. La pregunta es si nuestros jóvenes van a seguir el camino de Europa, con movilizaciones masivas, o el de Brasil y Serbia, que transformaron la bronca en participación política o seguirán pensando en la salida individual.
Mientras piensen “fracasé yo”, la rebelión no va a llegar. El día que digan “nos robaron el futuro”,las cosas cambiarán.
*Consultor y analista político.









