Néstor Kirchner está más débil o más fuerte que nunca? ¿Está herido de muerte política y notiene retorno con la sociedad o está resurgiendo con más fuerza y astucia que antes? ¿Cómo es esode que siempre está al borde del nocaut y, sin embargo, sale con sus brazos levantados y redoblandola apuesta? Esta percepción dicotómica no aparece recién ahora. Viene pasando desde la 125 paraacá. Se viene (venimos) anunciando el ocaso de un liderazgo que no se apaga nunca. Néstor Kirchnerjuega siempre al límite del reglamento y lo vulnera. Hace una trapisonda tras otra. Es lo que sedice un muchacho malo, de-sagradecido, desconfiado, sin amigos y vengativo, que no duerme pensandocómo conseguir más poder y dinero, y de qué manera dañar a sus enemigos. Usa y abusa del formidableaparato del Estado, para que los latigazos que pega se sientan en el lomo.
Desde que empezó el año, Cristina intentó forzar al máximo las normas y las formas y porcapricho tuvo que pagar un infinito costo político. Entregó la cabeza de un par de funcionarios,mantuvo el tema de los DNU y las reservas durante meses en los diarios, suspendió un viaje a Chinacon la insólita excusa de que su vice iba a dar un golpe y, finalmente, en la culminación de susdespropósitos, acusó a la Corte Suprema de querer censurarla. Justo a esa Corte renovada, deexcelencia, independencia y honradez que la inmensa mayoría de los argentinos reconoce como uno delos aportes más valiosos del kirchnerismo.
Pese a todo, Néstor y Cristina terminan la semana con importantes triunfos políticos que noconviene minimizar ni subestimar. El acto de Ferro demostró un nivel de organización y capacidadmovilizadora que evocó los años de la gloriosa Jotapé. Había micros con gente que intercambiafavores con los intendentes y que muchos llaman clientelismo. Pero el resto eran viejos y nuevoscuadros políticos formados en la escuela histórica de la Tendencia Revolucionaria, en laidealización de Montoneros, Evita y el Che. Emilio Pérsico se llevó los méritos y lo hizo con laexpresa orden de excluir a Luis D’Elía, que prefiere caminar del brazo de Fernando Esteche(Quebracho) y el prófugo Mohsen Rabbani. Había intendentes, consejales y militantes territorialesde barrios humildes como no ha reclutado ningún otro movimiento. Ese es un respaldo callejero quesólo Kirchner tiene. Tal vez los camioneros lo emparden en masividad y recursos económicos, pero nopueden ni competir en convicción ideológica ni disposición al combate en todos los frentes.“Néstor va a volver con la Jotapé”, fue la consigna principal.
El mismo jueves, Merceces Marcó del Pont salvó su cabeza. La guadaña opositora se mostró consimétrico odio y metodología que los Kirchner. Roxana Latorre y María José Bongiorno anunciaron suvoto no positivo y dicen que en las próximas horas habrá más novedades para ese boletín, porquehasta Carlos Menem duda entre beneficiar o no castigar a la presidenta del Banco Central. “Encualquier momento terminan condecorando a Mercedes”, sentenció tragicómico un senadorradical. Los opositores, en términos de respeto institucional y debate entre ellos, deben ser máspapistas que el Papa. Las peleas de conventillo, fracturas expuestas, hoguera de vanidades y, sobretodo, la falta de conducción estratégica de un cuerpo colegiado sólo sirvieron para embellecer aKirchner.
Un empresario muy poderoso no tuvo empacho en confesar: “Me va bien en los dieciséis tiposde negocio que tengo”. Dijo que la macroeconomía está vigorosa y que la inflación, que paralos economistas profesionales es el único problema grave, para Cristina y Néstor es una bendición.No hacen nada para frenar el aumento de los precios. No creen que sea algo tan terrible. Con eltiempo, se comprobará si el deterioro que sufren en su poder adquisitivo el sueldo de lostrabajadores más pobres o los planes sociales, es suficiente como para que ese sector social no losvote o les quite el saludo. Por ahora, no hay protestas sindicales masivas y los cortes de lospiqueteros anti y ex kirchneristas dejaron de tener la potencia numérica de otros tiempos.
Jorge Fontevecchia, director de este diario, dijo en una mesa redonda que “nunca hubo tanpoco riesgo como hoy para ejercer el periodismo de investigación, con un gobierno debilitado, conel ochenta por ciento de la opinión pública en contra”. Tal vez el orgullo legítimo por habersido una de las primeras empresas periodísticas en haber criticado y denunciado a los Kirchner y labronca genuina de ver cómo ahora se suman otros que al principio hicieron grandes negocios con eloficialismo, le haga perder de vista que hoy sigue siendo tan peligroso como siempre revelar lo queellos quieren ocultar y opinar en forma distinta. Ese 80% de imagen negativa es un dato valioso,pero no el más importante a la hora del análisis de los complejos fenómenos políticos. MichelleBachelet acaba de retirarse del poder con el 84% y su partido sufrió una derrota histórica a manosde la derecha después de 20 años. La saturación de la vieja dirigencia burocratizada, elachanchamiento de sus funcionarios, la tentación del cambio hizo lo suyo. Y en la Argentina tambiénpuede hacer lo suyo. Esos datos se pueden leer al revés y decir que Néstor Kirchner tiene un sólidopiso de 20% de apoyo. Que lidera con firmeza el sector con más dinámica, iniciativa y dólares de lapolítica. Que la CGT lo acompaña, disciplina trabajadores y no pone en marcha su infinita capacidadde daño. Que la población todos los días suma dudas sobre las verdaderas condiciones de los líderesopositores.
Es cierto que Néstor y Cristina concentran el rechazo visceral de la inmensa mayoria de lasclases medias. Es verdad que en una polarización de segunda vuelta tiene muchas posibilidades deperder. Pero Kirchner sabe que no está muerto quien pelea y pelea con un fanatismo (convicción,dicen sus amigos) sin antecedentes. Por eso, hoy sigue llamando a los dueños de medios para quedespidan periodistas o apretando con la AFIP, los cyber-escrachadores y las escuchas telefónicas. Aesta hora exactamente sigue repartiendo información calificada y pautas publicitarias (con labirome en la mano en forma personal) para premiar obsecuentes y castigar indomables. Intimida aempresarios privados para que no auspicien espacios independientes. Por las dudas, pone a variosjueces en la mira. Sus amigos todavía compran medios y programas de televisión para fortalecer elholding paraoficial y perseguir con mentiras e injurias a opositores o periodistas no adictos.
Pienso, al revés de Fontevecchia, que nunca antes fue tan difícil ejercer el periodismo en laArgentina desde la recuperación democrática de 1983. Que nunca hubo tantos castigos desde el Estadoy que jamás el gremio de prensa tuvo divisiones tan profundas y cargadas de bronca como en estostiempos de cólera.





