No bien entró al edificio del Congreso, se dirigió al recinto sin siquiera pasar por lasoficinas de su bloque. Ya en su banca, pidió un vaso de leche. “¿Me lo trajiste normal otiene cianuro?”, fue la pregunta que, con una sonrisa tensa, la senadora Adriana Bortolozzile hizo al mozo que le alcanzó el recado. La legisladora formoseña era consciente de que con suconducta había producido un hecho bisagra en la guerra del quórum que se ha desatado en la Cámaraalta. El azoro de todos sus compañeros de bancada, en especial el del titular del bloque, MiguelAngel Pichetto, fue mayúsculo. El enojo también. Para Pichetto, todo se hizo más áspero cuandodebió atender la filípica de Néstor Kirchner, quien le habló a través del teléfono inalámbricoconocido por todos como el “teléfono rojo”.
El problema que representa la senadora Bortolozzi es de final abierto puesto que ella ha dichoque piensa sentarse en su banca todos los miércoles para asegurar que el Senado funcione. Esteepisodio desencajó al Gobierno, en el medio de una semana en la que hubo hechos que fueronpositivos: la ansiada y desesperadamente buscada reunión de la Presidenta con Barack Obama, paracuya gestión lo que más ayudó, paradójicamente, fue la decisión del presidente del Brasil, LuizInácio Lula da Silva, de buscar un acercamiento a Irán que disgusta y preocupa al gobierno de losEstados Unidos; el encuentro, con pedido de disculpas incluido, con el presidente de China, HuJintao; la visita al país de Dimitri Medvedev, la primera de un presidente ruso; y el anuncio de lareapertura del canje de deuda con los bonistas. La salida del default es algo que, más allá de loscuestionamientos muy válidos sobre la legitimidad de la deuda que plantean sectores de laizquierda, se hacía imprescindible a fin de reinsertar a la Argentina en el mundo. La forma en quese implementa una medida de esta trascendencia es tan importante como la medida en sí. Y ahí, elGobierno ha actuado de la peor manera, sin consenso, sin la participación del Congreso, con pocatransparencia y llevándose por delante la autonomía del Banco Central. “Es que los Kirchnerson así: incorregibles”, reconocía con resignación una voz del corazón del oficialismo.
La “guerra del Senado” habrá de extenderse hasta el final del mandato de CristinaFernández de Kirchner. Es una especie de vale todo al que no le escapa, ni siquiera, una partesignificativa de la oposición. Las voces sensatas, que las hay en ambos lados, hoy se pierden enese volcán de pasiones que domina la escena política. “Después de haberlo denostado a más nopoder, los favores que nos viene haciendo Carlos Menem nos obligan a tratarlo con mano de seda; escontradictorio pero es así ”, expresaba una voz del Gobierno.
En la sesión del miércoles pasado, Menem se la pasó haciendo favores al oficialismo: el primero–que también benefició a Julio Cobos al evitarle el tener que desempatar– fue suabstención en el voto relativo a la designación de Mercedes Marcó del Pont como presidenta delBanco Central; al actuar así, el senador por La Rioja permitió que esa designación quedaraconfirmada; el segundo fue su ausencia a la hora de tratar y votar la modificación de la Ley delCheque.Hay que recordar que Menem debe enfrentar causas legales muy pesadas. Esto lo hace muyvulnerable, y el Gobierno lo sabe y aprovecha. La votación sobre este asunto, que se produjo en lamadrugada del miércoles, ha generado una controversia por el que se fuerzan al límite lassituaciones de interpretación de la Constitución Nacional.
Una primera lectura de los incisos segundo y tercero del artículo 75 de nuestra Carta Magnapermitiría inferir que, para lograr una modificación del impuesto al cheque hacen falta 37 votos y,en la madrugada del jueves, hubo 35. Cosas como éstas son propias de los K. El principal error devarios sectores de la oposición es el de enfrentar los males del kirchnerismo con conductasiguales. Más allá de todo, la discusión habrá de tornarse abstracta porque, llegado el caso de quela modificación de la Ley del Impuesto al Cheque fuera aprobada por la Cámara de Diputados–lo que al día de hoy está en duda–, la Presidenta la vetará.
Esta nueva cumbre borrascosa de la política ha puesto otra vez en el centro de la escena a JulioCobos. Las críticas que sobre él vierte el oficialismo son cada vez más duras; a ellas se les haagregado ahora la amenaza de un juicio político. “No saben el favor que nos harían si seatreviesen a avanzar con esta iniciativa”, retrucan desde las cercanías del vicepresidente.Tienen motivos: para la destitución de Cobos hacen falta los votos afirmativos de los dos terciosde los integrantes de ambas cámaras.
En el intento permanente por parte del Gobierno para eliminar cualquier atisbo de control sobresus actos, ahora el objetivo es la Justicia, en especial, la Corte Suprema y, dentro de ella, eljuez Carlos Fayt. El día que, en la puerta de su casa, el Dr. Fayt calificó de“tonterías” unas expresiones de la Presidenta, la Dra. Fernández de Kirchner le hizo lacruz. “El proyecto de jubilación de los jueces de más de 75 años no es malo. Es una discusiónque hay que dar”, reconoce una voz cercana a la Corte, que agrega: “Este es el peormomento para hacerlo porque lo que al Gobierno le interesa es sacarse de encima a Fayt, a quien, siel proyecto prosperara, lo acompañaría el Dr. Enrique Petracchi”. Petracchi cumplirá 75 añosen noviembre próximo.
La preocupación que al Gobierno le produce la independencia de la Corte es creciente a la luz delos siguientes casos sobre los que el alto tribunal deberá expedirse próximamente: la Ley deMedios, los hijos de la Sra. Ernestina Herrera de Noble, decretos de necesidad y urgencia y ventade Telecom.
La multitudinaria manifestación del jueves pasado para apoyar la Ley de Medios fue un indicioclaro de la decisión del matrimonio presidencial de presionar a la Corte Suprema. En ese sentido,las palabras de Hebe de Bonafini, hablando de la “decrepitud” de la Corte, no fueron undato menor. La descalificación hacia los jueces conlleva varios significados: primero, una claracontradicción –una más– de este gobierno al que, si hay un logro indiscutible que se lereconoce, es el haber reemplazado la Corte “de los milagros” del menemismo por otra, laactual, pretigiosa y prestigiada por su independencia; segundo, una evidente voluntad de presionara los integrantes del tribunal y, finalmente, una actitud de intolerancia que habita en variossectores de la vida política argentina y a la que el matrimonio presidencial ha hecho y siguehaciendo un aporte fenomenal.
Producción periodística: Guido Baistrocchi, con la contribución de Santiago Serra.




