La semana pasada, parece, toqué un tema delicado: Wendy Sulca y el folclor peruano. Recibímensajes muy dispares, que iban desde insultos irónicos (esperables) hasta interesantes notas sobrebiología (nutritivas). Aprovecho para explicar un poco mejor mi empática devoción hacia el“híbrido” como objeto estético.
Recuerdo (de la elemental Biología de segundo año) que las especies “híbridas” sonestériles, pese a gozar del sexo. Así les pasa a las mulas (que surgen de la cruza forzada de yeguay burro) o al burdégano o la burdégana (crías de caballo y burra). No se pueden reproducir. Noengendran descendencia. Uno podría pensar: esto es el fin, esto es triste, es apocalíptico. Perobien mirado, la reproducción está un poquito sobrevalorada. Sobre todo en arte. El híbridobiológico tiene la nobleza de ser el non plus ultra de la evolución, el último eslabón de lacadena, el extremo darwiniano donde todo acaba. La pobre mula no tendrá mulitas: ella es –ensí misma– su propia obra y no engendrará nada que la reemplace en forma ni en función. Dehecho, es tan improbable que la mula tenga descendencia, que la palabra “mulita” nodesigna una mula pequeña, sino otra cosa: una especie de armadillo pampeano.
De allí que yo prefiera el término “híbrido” (de connotación erróneamente negativa)para algunas obras a las que “mestizo” les queda chico. Las obras híbridas soninimitables y no dejan un después.
Aclarado esto, pueden seguir llegando las bravuconadas de quienes piensen que exagero al suponerque “híbrido” puede aplicarse tanto a cierta tendencia muy argentina, como a lamilagrosa Wendy Sulca, o a los films de Tarantino, o al Guernica de Picasso, o a la quintatemporada de Lost, o a la última obra de Wallace Shawn, que es una chanchada y no se entiendemucho.




