No hay duda de que tenemos miedo. La inseguridad nos muerde y se desliza artera y dura contratodos nuestros proyectos y nuestras intenciones. Tenemos miedo, de acuerdo, y el miedo es malconsejero. Cuando vas a un curso de defensa personal, lo primero que te dice el instructor es:“En una emergencia, respire hondo, permita que la sangre llegue al cerebro y así puedapensar. Si se le corta el aliento, el cerebro funciona mal”. Nunca he oído un consejo mássensato. Aquí va un ejemplo del no poder (o no saber) pensar.
Un prestigioso matutino de Rosario hizo una encuesta entre la población de esta ciudad: ¿Leparece que debería volver a implementarse el servicio militar obligatorio? Sí – No.
El Sí cosechó 59%; el No 41%.
El razonamiento de ese 59% es el siguiente: la colimba les va a dar a los muchachos un lugar enel cual no se van a drogar, no se van a emborrachar, no van a andar vagando por las calles en buscade algo que robar, se van a educar, van a conocer la disciplina, adiós inseguridad, vamos a podersalir sin miedo, estacionar sin miedo, entrar a nuestras casas de noche sin miedo. Es más o menoslo que dice alguna rubia descerebrada por televisión pero bueno, la televisión está para eso, paraque las rubias o las morochas plastificadas digan pavadas y peor, para canturrear peligrosascanciones de cuna que adormecen e impiden pensar.
Digo yo, ¿la gente que forma ese 59% acepta sin reflexionar? Sospecho que sí, que la reflexiónno es algo que entra dentro de sus costumbres o de su cotidianeidad. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo nodarle vueltas en la cabeza a una “idea” que acaba de presentarse, sola o a través deunos labios llenos de colágeno? La justificación que se me ocurre es el deseo: deseo de que lascosas cambien, de que efectivamente podamos salir a la vereda a charlar con la vecina sinimportarnos que se haga oscuro y que pase gente desconocida por nuestra calle. Maravilloso. Pero eldeseo, poderoso, es capaz de tender un espeso velo sobre el menor conato de reflexión y ahí sí quesonamos.
Porque lo que la colimba le puede dar durante unos meses a un grupo de muchachos es, no me diganque no lo sabemos, una “educación” militar, y lo que necesitamos es que a todos y atodas se les dé una educación civil que forme ciudadanas y ciudadanos conscientes de sus deberes ysus derechos; gente que valore la paz, el respeto por el otro y por las instituciones, lasolidaridad, el conocimiento, la cultura del trabajo, el estudio y el esfuerzo. Una educación queponga en su lugar todo aquello que la mayoría de la gente quiere: formación, progreso en lopersonal, oportunidades laborales iguales para todos. ¿Qué quiere la gente, acá y en todas partes?El ama de casa de Londres y yo y mi vecina y la enfermera de Ruanda y la estudiante de Barcelona yla portera de la escuela de Boulder y el abogado de Toulouse y la periodista de Berlín, todas ytodos queremos lo mismo: un techo sobre nuestras cabezas, el dinero suficiente para pagar lascuentas, comer, ir al cine el sábado, pasar las vacaciones junto al mar, darse algún gusto;queremos educación y buena atención médica y juegos a granel para nuestros hijos y nuestros nietos.Queremos seguridad, sí, claro, pero ¿la vamos a conseguir si abrimos de nuevo los cuarteles paraalojar a un grupo de muchachos durante unos meses? ¿Qué van a encontrar ahí esos chicos? Losabemos, puede ser que no queramos recordarlo, pero van a conseguir la violenta cultura del castigoy la humillación. Van a encontrar obediencia a los golpes, el desprecio, la degradación, lasórdenes absurdas destinadas sólo al sufrimiento del que está más abajo y al que se puede escupir,golpear y castigar por nada, la necesidad de chuparle las medias al sargento para poder pasarla unpoco mejor. Van a encontrar la desnaturalización de las relaciones interpersonales, la doblez y, enel mejor de los casos la seguridad de que el uniforme los hace intocables y mejores que nadie. Y nome vengan a contar el cuento del patriotismo y de que los de espada y botas nos cuidan el país,porque recordamos las “hazañas” de ciertos oficiales mientras los soldaditos morían enel hielo de las Malvinas y acabamos de pasar por el 24 de marzo para andar engañándonos coneso.
La seguridad se obtiene por otros caminos: por los de la educación para todos, los de laasistencia y protección, los de los planes para asistir a quienes los necesitan, un proyecto depaís que incluya a hombres, mujeres y chicos de toda extracción social. Nunca, jamás fomentando laviolencia.





