•coherencia y el uso de los fondos

La trampa 22

El oficialismo nos dijo que acumular reservas era una señal de independencia. Luego pretendió todo lo contrario. La regla 22 del ejército de los EE.UU. dice que se puede alegar locura para no ir a una misión.

La trampa 22
24-08-2026 | 04:13

A principios de la década del 70, Mike Nichols llevó al cine una sátira antibélica, que narra lahistoria de un piloto de guerra que se negaba a una misión de combate muy peligrosa, alegandolocura.
El título de la película aludía a una paradoja surgida en las regulaciones del ejércitoestadounidense, la regla 22, que argumentaba que “ningún piloto cuerdo tendría intenciones departicipar de peligrosas acciones de combate en el aire” y que se podía peticionar noparticipar en dichas acciones alegando locura, siempre que el médico de la tripulación loconfirmara. Pero si alguien pedía no participar alegando locura, era porque estaba losuficientemente cuerdo como para no querer morir en esas misiones. Y si estaba cuerdo no podíaalegar locura.
Con la discusión en torno al uso de las reservas y la independencia del Banco Central, losKirchner y sus cortesanos, y hasta parte de la oposición, han terminado cayendo en su propia“trampa 22”.

Durante años, el oficialismo y sus socios transitorios nos vendieron que acumular reservas en elBanco Central, era una señal de independencia política y económica de la Argentina. Que un paísdolarizado en sus ahorros, y sobre todo, “en sus cabezas”, si no quería depender demalos prestamistas de última instancia, como el FMI, o volver a endeudarse en el mercado externo ymantener, a su vez, tranquilidad cambiaria y estabilidad de precios para el crecimiento económico,necesitaba muchas reservas. Después se nos informó que habíamos salido del default definitivamente,y que los que no habían aceptado el canje de deuda unilateral “nunca más” podríancobrarle algo a la Argentina (tanto que en la contabilidad pública esa deuda pendiente, unos 20 milmillones de dólares, en ese momento, pasó a valer cero).
Más tarde, se nos dijo que, para ratificar esta independencia soberana, había que usar partede las reservas acumuladas para cancelarle por anticipado un crédito al FMI. “Que no habíaque hacer la cuenta económica de si convenía o no cancelar un crédito a tasas muy bajas y a plazos,cuando se podía usar ese dinero para cancelar otras deudas más costosas” y que era másimportante una “declaración política de independencia”, aprobada, casi por aclamación,en el Congreso, que cualquier cuenta económica. Se nos dijo, asimismo, que teníamos tan sólidossuperávits fiscales que la Argentina podía seguir sin problemas con su camino de“desendeudamiento”.
Pero hace un tiempito nomás, nos confirmaron que era imprescindible para el crecimientoargentino, salir del default, del que ya habíamos salido definitivamente hacía unos años–reabriendo el canje de deuda que nunca se iba a reabrir– para poder acceder luego almercado voluntario de crédito, del que nos habíamos retirado porque era malo para nosotros accedera ese mercado.

Casi inmediatamente, nos anunciaron que sería bueno, para esa operación de canje, dejar engarantía una parte de las reservas acumuladas, por si alguien dudaba de la voluntad de pago de laArgentina. Minutos después, argumentaron que ese dinero no era una garantía, sino que se iba a usarpara pagar efectivamente, de manera de poder redireccionar los fondos previstos para dicho pago enel presupuesto, para “sostener la demanda”, dado que ya no había superávit fiscalsuficiente. Que era una buena decisión económica porque se cancelaba deuda a intereses altos, conreservas que rendían muy poco (el argumento opuesto al utilizado en el pago al FMI) y que no hacíafalta recurrir a una ley del Congreso.
Y, para cerrar el círculo, dejando de lado todo el avasallamiento a las institucionesrepublicanas y las delirantes declaraciones de funcionarios y legisladores varios, se nos dice queel presidente del Banco Central es el peor funcionario que hayamos tenido nunca, aunque está enfunciones desde hace más de cinco años, nombrado por los K. Que acumular reservas para laestabilidad cambiaria y de precios es “la paz de los cementerios” y que hay que usarlaspara otra cosa. Y que esa “otra cosa” debería discutirla, oportunamente, el Congreso.
Lo único malo, en todo este “relato”, es que la película mencionada era eso, unaficción. Mientras que nosotros asistimos, en la realidad, a otro fin de ciclo del populismo, quepagarán caro los sectores de menores recursos y que requerirá una reconstrucción importante, de lamano de una nueva dirigencia calificada y responsable.

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