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La venganza fue terrible

23-08-2026 | 05:49

Y casi un año de entrenamientos después, el Combinado Argentino de Dramaturgos (CAD), creado porRafael Spregelburd e integrado por escritores, cineastas, actores, editores y periodistas, sevolvió de una gira por Roma y Frankfurt, financiada por la Federación Alemana de Fútbol, con eltítulo que la Selección mayor (aquella de Maradona en Sudáfrica, ¿alguien se acuerda?) no pudoobtener: el de campeones del mundo. Aunque dicho así tal vez suene a exageración. Vamos de nuevo.Después de un año de entrenamientos en el Parque Sarmiento (cedido por el Gobierno de la Ciudad; ycon indumentaria suministrada por Nike, y el desprecio explícito de la Asociación del FútbolArgentino), y comandados por el ex goleador de Boca Juniors Alfredo Graciani, este circo ambulantede gente tan talentosa en su disciplina como principiante en materia futbolística viajó paraparticipar de una manera lateral en la Feria del Libro de Frankfurt, donde la Argentina fue el paísinvitado de honor. Es decir, para jugar un partido contra los anfitriones locales y últimoscampeones de Europa de la liga, los escritores y dramaturgos alemanes. Los mismos que hicieron quela defensa argentina pareciera la pasarela de un desfile de modas en el último Mundial, pero en suversión letrada. Y el CAD, integrado entre otros por Spregelburd, Bernardo Cappa, AgustínMendilaharzu, Lucas “Funes” Oliveira, Federico León y quien estas líneas escribe, fue,vio y venció. Fue apenas 1 a 0, el viernes 8 de octubre, en el Stadion am Brentanobad, conmástiles, banderas, tribunas e himnos nacionales incluidos. Dicho así, puede parecer fácil. Pero nolo fue.

Lo cierto es que al primer equipo oficial de escritores argentinos no le había ido nada bien enlos meses previos: perdía casi todos los partidos que jugaba, y recibió una goleada histórica porparte de Los Dogos, la Selección argentina de futbolistas homosexuales. Pero el martes 5 deoctubre, en Roma, se había medido con el equipo nacional italiano (en el que milita el novelistaAlessandro Baricco) en un duro encuentro que terminó en empate sin goles. Así que los ánimosestaban altos. Hasta la noche anterior al partido definitivo, cuando los alemanes entraron alrestaurante donde comían los argentinos, y rápidamente se vio que el promedio de altura y masacorporal era, cuando menos, el doble. Para peor, mientras los primeros comían ensalada y tomabanagua mineral, los segundos se entregaban eufóricos a los brazos de la hipercalórica gastronomíagermana, pedían una cerveza tras otra y se quejaban del precio de los cigarrillos, pese a quefumaban uno tras otro. El encuentro le hizo honor a lo que dicta la tradición: una final llena degritos, corridas, patadas y pedidos de tarjeta amarilla. Los alemanes jugando al centro y alpelotazo, y los argentinos resistiendo de contraataque. El gol llegó tras una jugada grupalexquisita, casi inverosímil, y de los pies de Oliveira, a los veinte minutos del segundo tiempo. Elresto fue aguantar.
Al día siguiente, en los pasillos de la feria de Frankfurt (donde se presentó el libro Restodel mundo, una antología con textos sobre fútbol de las dos selecciones, editado por EloísaCartonera), la noticia circulaba entre editores, escritores y agentes. Y hasta quedó documentada enel diario de la feria. El título decía: “La revancha de la copa del mundo fue para losargentinos”.
Desde Frankfurt.

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