Un símbolo de los tiempos argentinos: Pinky le tomó juramento como diputado a Néstor Kirchner.Lógico: ella debe ser la mejor locutora del recinto (además de la decana de la Cámara) y él,apenado, se resignó al trámite a pesar del desprecio que siempre les enrostró a quienes se colaronen la política por una vía indirecta, del espectáculo o la farándula, como Macri, De Narváez,Reutemann o Palito Ortega. Pero no fue lo único que resignó el ex presidente en medio de laspromesas patrióticas, en esa tarde que para su disgusto vino –como decían las parteras–en decúbito dorsal. Preparatoria de otros acontecimientos esa humillación, para colmo pública en eldía de su debut parlamentario, frente a las cámaras y con generoso rating. Para todos, como dice elcanal estatal.
Por lo tanto, ni fiestas pacíficas, ni verano bucólico, menos vacaciones sosegadas en el cuadrovenidero de un país que se deseaba más distendido. Nervioso, tenso, agresivo, ya anticipa elweather channel de la política. Desde que reinan los patagónicos y, salvo el traspié de la 125,nunca perdieron con tanto estruendo, inicio quizás de otras seguidillas frustrantes; justo en lasemana, también, en que por primera vez del ciclo K un peronista propio, sindicalista (uno de losgenerales de la CGT), Juan José Zanola, empezó a pasar sus días y noches entre rejas. Orden de unmagistrado controversial, Norberto Oyarbide, quien curiosamente registra una concentración laboralextraordinaria –en las últimas horas le endosaron a su copiosa lista de causas, la delicadade Skanska y hasta el sospechoso trasvasamiento partidario del gobernador Colombi–,convertido en una suerte de Santa Claus de la época para repartir obsequios imprevistos endeterminados arbolitos de Navidad. Más de uno agradecería que el juez y su trineo no pasaran por sucasa.
Se suma a estas novedades, la insuficiencia de una caja que hasta puede reclamar, dicen, através de un decreto de necesidad y urgencia, la obligación (o la voluntad, vaya uno a saber) deque los bancos le trasladen al Estado, como préstamo, parte de sus depósitos. Ligero, inquietante,el estrangulamiento fiscal, tanto como una inflación que imagina correcciones fuertes hacia arriba.Aun así, nadie imagina que la economía hoy por hoy conmoverá el sosiego gubernamental. Alcontrario, sí, de otras incidencias que provocan episodios y elementos políticos: la reunión de laUIA que también albergó a la Mesa de Enlace agropecuaria (dos corporaciones, junto a la mediática,que el kirchnerismo estima a la cabeza de las conspiraciones), ignorada y maldecida por el Gobiernopor incluir esa masa crítica a objetores como Roberto Lavagna y Eduardo Duhalde –acusó deextorsionador a Néstor Kirchner–, dos de las cabezas que más lo perturban. Allí, tambien, seescuchó una voz que irrita a la Administración: Ricardo Lorenzetti, titular de la Corte Suprema,quien se despachó con observaciones que apuntaban a un solo y obvio destinatario. El resto de losministros –por omisión, sin duda– parecieron apoyar esas palabras. En silencio,mientras, reaparecían Julio Cobos y la esposa de Duhalde en una cumbre sobre seguridad, tambienambos bajo sospecha. Como algunos sectores mayoritarios de la Iglesia Católica, cada vez másenardecida con la intolerancia oficial o una conjunción de ciertos medios periodísticos–entre los que se incluye el monopolio Clarín– que alguna preocupación reconocen por undesvío imprevisto de la batalla: por primera lucubran que ciertas investigaciones sobre esasempresas podrían culminar en sede judicial, con consecuencias jamás imaginadas.
Los destituyentes
Con estos datos, seguramente, en las próximas horas se activará una presunción oficial, elsiguiente mensaje: la cúspide del Gobierno es acechada por una interminable marejada contraria quedificulta su navegación, produce una ebria sensación –cuando no paranoia– de que laPresidenta es perseguida por un oscuro propósito destituyente, ambigüedad literaria que amanecióhace un año y que hoy se viste más cabalmente con la palabra golpista, término que el cenáculooficial utiliza en sus reuniones más abiertamente que el otro. Con seguridad, esta semana –envista del acto del sector del agro en el Rosedal, el próximo viernes, a neutralizar por otro K enla Plaza de los Dos Congresos–, ese criterio de denuncia desestabilizador se habrá demultiplicar, amplificar, bajo un eslogan perentorio: Debemos desnudar el golpe. No seríaatrabiliario salir de casa, desde ahora, todos los días, con impermeable y paraguas.
Respuesta previsible –se supone– al mazazo en Diputados que el jefe oficialista senegaba a admitir, aun cuando disponía de información suficiente desde hace más de treinta días ycuyo lanzamiento cualquier mortal informado veía venir. Cierta contumacia en la negación, a veces,lo trastorna a Kirchner. En contra, inclusive, de sus propios colaboradores que, por ejemplo,habían negociado una rendición silenciosa, discreta; pero él rechazó cualquier entendimiento,imaginándose –como en la l25– que su sola intransigencia determinaría un cambio,impediría el quórum propio de los otros. Por supuesto, no ocurrió. Más: la oposición se inflamaimaginando que podrá rever algunas medidas pasadas, hizo un listado insolente para la naturalezapatagónica (más cuando trataron de atribuirse la comisión que puede impulsar un juiciopolítico).
Y el kirchnerismo en Diputados debió bajar obligado a las votaciones contra su deseo, demorandosu jefe y el sector la participación hasta planificar bien el ingreso personal con el entusiasmo delas barras, vitoreando, como si saliera del túnel de una cancha de fútbol, protegido además ¡en elrecinto! por guardaespaldas de la casa (medio impresentables, aunque seguramente eficaces, los quelo acompañaron desde la calle). Demasiada escenografía victoriosa cuando se iba a someter a unaderrota legislativa a la hora de integrar las comisiones, disimulando en la pantalla el triunfo deladversario. Aunque antes de ese desenlace, hubiera intentado ardides inútiles para sacar ventaja.Por ejemplo, ofrecerle a la oposición el 52% de la mayoría en todas las comisiones y reservarse, acambio, el 48%. Picardía de kermés colegial: nadie ignora la facilidad de persuasión que elkirchnerismo dispone para desintegrar un porcentaje tan exangüe. De ahí que los distintos bloquesopositores optaran por apartarse de los porcentajes, establecer la supremacía en números concretospor cada comisión y finalizar el debate. Luego, ya en el recinto, con antecedentes varios yrecurriendo a cierta tradición, el oficialismo trató de invalidar la sesión por falla reglamentariapara la cual se había prestado acordar sin prejuicio anterior. Tampoco alcanzó. Como los vanosdiscursos rabiosos, encendidos cuando Kirchner era uno más en la sala, menos iracundos cuando sefue a Olivos rumiando su ira. ¿Podrá pensar en su viaje que la calle, la radicalización de ciertossectores marginales, por más que los movilice –como dijo inapropiadamente hace pocosdías–, no alterarán el curso parlamentario de lo que se viene?
Vienen por nosotros
Se cargó de fe el matrimonio cuando logró, como último acto legislativo del Senado antes delWaterloo en Diputados, la mal llamada reforma electoral que los Kirchner anuncian como abierta ydemocrática para todos, aunque más de uno desconfía de esa promesa. Tema para otro día. Noobservaban en su optimismo, quizás, otras evidencias que rodean su superficie. Por ejemplo, lasdeclaraciones de Cristiano Rattazzi que acusó al Gobierno por confiscatorio –y de paso,tambien observó la permisividad opositora con los fondos de los jubilados en las AFJP– entreotras preciosuras, imputaciones que nadie salió a replicar, ni del Gobierno ni del sector privado.Una insignificancia, si se quiere. Pero, en el influenciable universo empresario, lo del titular deFiat merece otra mirada: ¿acaso, hace seis meses, cuando también pronunció críticas sobre algunamedida del Gobierno, no debió soportar una andanada oficial y, lo más desagradable para su persona,una ofensiva interna dentro de la UIA que reclamaba la expulsión de la entidad por el atrevimientode sus palabras? Hubo intervenciones amistosas que aliviaron la crisis, se optó por unas“vacaciones obligadas”, finalmente, la vorágine de las noticias sepultó el caso. Enesta ocasión, a nadie en la cúpula empresaria se le ocurrió sancionarlo, más bien parecieronsolidarios con sus expresiones. Algo pasó entre una fecha y otra, alguien debe pensarlo.
Del mismo modo que Hugo Moyano –mucho más Zanola, naturalmente– también sepreguntaba entre Roma y Madrid, acompañando a la señora Cristina, la razón por la cualrepentinamente el juez Oyarbide había modificado la carátula del caso del sindicato bancario y, depronto, en un fin de semana, el sempiterno cacique gremial apareció inscripto en una asociaciónilícita que lo depositó en presidio (como a su esposa, a otros funcionarios sindicales y hasta a unex colaborador del Gobierno, Scioli). ¿Cómo se puede pensar que un dirigente gremial con vastaexperiencia –aunque la frase puede resultar discriminatoria– involucre a su propiaesposa en un ilícito de esas características, de adulteración de medicamentos? No cabe en la cabezade Moyano, menos en la de su segunda y joven esposa (como la de Zanola), tambien titular de la ObraSocial de Camioneros, al parecer una de las cincuenta organizaciones imputadas en el mismo delito.Por no hablar de otras trescientas, si se estira el plazo de la investigación.
Vienen por nosotros, reclamaban otros dirigentes apremiados. Una de cal, otra de arena, lereflexionaba alguno de su confianza, advirtiendo que esa virtud no es característica justamente delos Kirchner. Aunque eso no lo admite Moyano o, por lo menos, le cuesta aceptarlo. Para demostrardocilidad –y luego de escuchar ciertos argumentos– el propio Moyano se trepó a uno delos palcos de Diputados para vivar a Néstor. Por supuesto, es hombre de creencias y se haconvencido de que en Argentina la justicia es independiente, más el magistrado Oyarbide, y que elepisodio Zanola se limitará a la Bancaria (una pregunta: ¿si un osado delincuente adulteramedicamentos, esa figura también le alcanza a la organización como parece en este caso?). Y, conalguna solidez, explica –le debe haber explicado a Néstor– que las obras socialescompran los medicamentos en droguerías que a su vez, los adquieren en laboratorios que no losfraccionan y en ocasiones, no los tocan, que éstos son revisados y controlados por el Estado, aligual que son auditadas las obras sociales, por lo tanto no entiende el tipo de acusación que seles atribuye (más allá de otras anomalías, como carpetas o expedientes truchos, engorde depadrones, reparto de subsidios). Inclusive que él mismo, en más de un desayuno reservado, le aclaróestos conceptos a la señora Graciela Ocaña cuando era ministra –cargo que perdió por laineficiencia en la lucha por el dengue, no porque cuestionaba al sindicalismo–, quien no sesabe si entendió o vio otras realidades, que tropezó con la gestión de un cercano de la nuevapolítica como ella, Héctor Cappaccioli, y que portaba una larga lista de irregularidades quesiempre le endilgó a su antecesor, el hoy embajador en Chile, Ginés González García.
Esos vericuetos judiciales o investigativos, sin embargo, se oscurecen frente al flash políticode la detención de Zanola y su mujer, un pez gordo del peronismo y del sindicalismo. Con historiaoficial, kirchnerista, por otra parte. Más el peso cierto de que los gremialistas hoy sonsospechados de suministrar medicamentos falsos como ejercicio de profesión. Por no mencionar queesos ilícitos también complican al propio Gobierno por los fondos obtenidos para la campañapresidencial de Cristina. Moyano no puede responderse a sí mismo, menos en su propia casa, nihablar del resto de los dirigentes sindicales. Perdió oxígeno, le echa culpas a otros y Néstor lepromete más de lo que hace, modelo del que forja un proyecto a partir de la venganza y no derecuperar el poder. Con esas iniciativas, a Dale Carnegie le hubiera costado mucho hacer un libropara ganar amigos.




