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La verdad que el Indec

24-08-2026 | 16:13

Estaba por comenzar a escribir esta nota y dudé entre dos frases: “En el ámbito local, lanoticia política relevante de esta última semana ha sido …” y “En el ámbitolocal, una noticia política relevante de esta última semana ha sido…”. ¿Diferenciainsignificante? De ninguna manera. Con “la”, esta columna tendría de entrada un tonoantikirchnerista y con “una” el inicio sería un poco más neutro. Porque la noticia encuestión es el voto del día miércoles en el Senado, a propósito del Indec, que el diario La Nacióncalificó de “victoria opositora” y Clarín, de “fuerte derrota delkirchnerismo”. Bueno, la importancia de los artículos (“la” o “una”,definidos o indefinidos) en el discurso sobre la política es una cuestión interesante, pero no seráel tema de esta columna.

Mañana, lunes, hará exactamente un año que publiqué un comentario, en este mismo diario, sobrela cuestión del Indec. En él recordaba una obra clásica de Alain Desrosières, La política de losgrandes números, donde el autor advertía que “el lenguaje (…) no es un puro sistema designos que refleja las cosas que existen fuera de él”. Justamente, a propósito del Indec, haestado flotando a lo largo del tiempo una idea implícita que las partes en conflicto parecencompartir: que hay estadísticas administrativas “verdaderas”, que reflejan“la” realidad social, y otras que son “falsas” o que la“deforman” intencionalmente (éste sería, para la oposición, el caso del Indec).

Las estadísticas que miden el PBI, los índices de riqueza y de pobreza, la evolución de lossalarios, de los precios, de las tasas de interés y muchas otras cosas, existen en la mayoría delos países. Se supone que estos “datos” sirven de base para la reflexión de economistasy políticos. Estas estadísticas son importantes por ser oficiales, no por ser“verdaderas”. Que son oficiales significa que son normas y una norma no es ni verdaderani falsa: se aplica o no se aplica. En el caso de los índices económicos, su construcción obedece acriterios conceptuales y metodológicos para la obtención de los datos, más o menos consensuados(hay muchas discusiones al respecto) por diversos organismos a nivel internacional. Que lasestadísticas oficiales de un país se construyan respetando o no esas convenciones acordadas porespecialistas (economistas, demógrafos, estadísticos, sociólogos) es una alternativa política. Alos datos les pasa lo mismo que a las normas cuya aplicación permite obtenerlos: no son niverdaderos ni falsos. Lo importante (no lo “verdadero”) es la interpretación que sehaga de ellos y las decisiones que un gobierno tome en consecuencia. Sé que la idea de que un datoestadístico no es verdadero ni falso, sino resultado de un procedimiento metodológico, puede chocara muchos lectores. Valga un ejemplo: si el organismo oficial de estadísticas, por una u otra razón,decide modificar el nivel de ingreso que define la línea de pobreza, esa decisión hará que, de undía para otro, aumenten o disminuyan los “pobres” en un país: está claro que no estamoshablando de “la” realidad.

Cómo se articulan el conocimiento y la política es un tema que viene del fondo de la historia,pasando por Platón. La modernidad inventó lo que hoy llamamos la ciencia (coloco en el mismopaquete a las ciencias duras, blandas y al dente, como suele decir un amigo mío) que es un complejode instituciones históricas que consiguió estabilizar los consensos acerca de las convencionesutilizadas para describir esa “realidad” que parece corresponder mejor al equipamientobiológico de la especie. ¿En qué sentido “mejor”? Asegurando más eficazmente latransformación tecnológica del planeta, que es su nicho, y liberándola de la anterior fuente deconsenso social, que fue por mucho tiempo la religión.

Mal que les pese a los economistas, la política es una lucha de intereses y valores, no deverdades o falsedades. La “manipulación” del Indec por el oficialismo es condenable ennombre de un proyecto político, no en nombre de la “verdad”. El país en el que viviránnuestros hijos será mejor o peor, más justo o más injusto, pero no más verdadero o más falso que elque tenemos hoy.


*Profesor plenario, Universidad de San Andrés.

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