•el ECONOMISTA DE LA SEMANA

La verdadera crisis argentina

Hoy coexisten en la Argentina una dinámica de creciente debilidad fiscal con aceleración inflacionaria y expectativas de fin de ciclo político, y lo que parecería ser una receta segura para una crisis a la argentina no lo es tal. Básicamente, porque uno de los factores que caracterizaron tales crisis esta vez está ausente.

La verdadera crisis argentina
28-07-2026 | 13:12

Hoy coexisten en la Argentina una dinámica de creciente debilidad fiscal con aceleracióninflacionaria y expectativas de fin de ciclo político, y lo que parecería ser una receta segurapara una crisis a la argentina no lo es tal. Básicamente, porque uno de los factores quecaracterizaron tales crisis esta vez está ausente.
Ciertamente, en las crisis argentinas de los 70, 80 y 90, la mercadería escasa fueron losdólares. En las crisis anteriores, la corrida contra el peso era una corrida hacia el dólar. Yhabía que correr para no quedar último en la cola, porque era sabido que no había dólaressuficientes para todos.
Hoy la situación es distinta: hay dólares en stock y flujo. Hay un stock suficiente dereservas internacionales y hay un flujo inédito de divisas gracias a un balance externosuperavitariamente inédito también.
Hoy el stock de reservas internacionales en porcentaje del PBI es el doble de la mediahistórica de los últimos cincuenta años; y el superávit de la cuenta corriente es de más de dospuntos del PBI, cuando la media histórica es un déficit de más de medio punto del producto. Y esesuperávit de la cuenta corriente resulta por el momento más que suficiente para compensar la cuentacapital, dejando un resto positivo que se acumula como reservas del BCRA. Esta abundancia relativade divisas hace una diferencia enorme respecto del pasado donde convivían déficit fiscal y externo,inflación y debilidad política.
Al amparo de estas circunstancias excepcionales, que por cierto se han convertido en un hechoestilizado de toda Latinoamérica, resulta improbable que en el corto plazo se produzca una crisis ala argentina. Obvio, si las autoridades se empeñan en usar el stock de reservas (vale la pena notarque prácticamente toda la oposición está de acuerdo en usar las reservas, y que el debate de losúltimos seis meses no ha sido si usarlas o no, sino cómo, cuándo y quiénes) y si, al mismo tiempo,se empeñan en restringir el comercio exterior argentino (conflicto con China, Brasil y otros de pormedio), lo que hoy abunda más temprano que tarde dejará de hacerlo.

Asimismo, la sensación de que una crisis a la argentina no está en el horizonte cercano hapermitido instalar la idea de que hay un divorcio entre la política y la economía. Y eso no escierto. Gracias al boom verde de una cosecha que ha vuelto a niveles récord, y teniendo en cuentaque la cadena de valor agroexportadora representa el 36% del empleo total y cerca del 20% del PBI,podríamos estar hablando hoy de una tasa de crecimiento del PBI bien por encima de la de nuestrosvecinos y pares emergentes. Sin embargo, Argentina crecerá a una tasa similar a la del promedio dela región.
La “tranquilidad” que trae un horizonte despejado de la zozobra que generan lascrisis macroeconómicas puede crear la idea, equivocada por cierto, de que no se está nada mal. Másaún, tiempos de crisis en otros lugares del mundo pueden llevar a algunos a hablar del éxitoargentino y de la fórmula o ejemplo a seguir. Pero compararse con la Argentina de sus peoresmomentos o con los países que atraviesan serios problemas (resultado de una mala gestiónmacroeconómica) no es lo más apropiado ni resulta conducente.
Por detrás de esto, la Argentina atraviesa una crisis costosa pero menos visible que las queson acompañadas de protestas callejeras, corridas en los bancos, saqueos en los supermercados, ocaídas del gobierno. Argentina, incluso durante estos años de relativa estabilidad macro y buenastasas de crecimiento, muestra una alarmante declinación de su importancia relativa dentro delcontexto regional y de naciones emergentes.

Hace cincuenta años, el ingreso per cápita argentino era cincuenta veces el chino, treinta vecesel indio y casi cinco veces el coreano. En la actualidad esos múltiplos se han reducido a cinco y14 veces los dos primeros, mientras que el ingreso per cápita argentino apenas alcanza al 60% delcoreano. Para algunos puede resultar injusto comparar Argentina con países tan distintos y tanlejanos, pero si se observa lo sucedido con sus pares de la región, el comportamiento tambiénresulta preocupante: en 1960 el ingreso per cápita argentino era 3,6 veces el brasileño y 2,8 vecesel chileno, hoy esas cifras se han reducido a 2,2 y 1,6 veces.
Mientras la constante ha sido la pérdida de relevancia económica, durante esos cincuenta añosla Argentina ha tenido tipos de cambio fijos y variables, períodos de peso fuerte y otros de pesodébil, déficits y superávits fiscales, políticas monetarias sanas y otras irresponsablementeinflacionarias. Y si bien la volatilidad macroeconómica ha sido uno de los factores del fracasomostrado en materia de crecimiento, no ha sido la única y tal vez tampoco la más importante.
La falta de definiciones respecto de la inserción internacional (tanto política comoeconómica), el retroceso educativo y la lenta incorporación de capital al proceso productivo hanalejado y aún alejan a la Argentina del camino seguido por otros países de mayor progreso social ycrecimiento económico.
Resulta paradójico que en un año excepcional para el sector agroexportador Argentina corra elriesgo de perder el mercado chino. No es casual que las “represalias” chinas se hayantomado como respuesta de medidas tomadas de este lado del mundo (aranceles específicos, apertura deinvestigaciones por dumping, etc.) y no es casual que tales represalias se multipliquen siprosperan otras restricciones a las importaciones (no es posible, ni económica ni técnicamente,exportar sin importar).
Los países más exitosos a la hora de combatir la pobreza y progresar son los que más haninvertido en educación y los que han logrado crear las mejores condiciones para que la inversión deriesgo sume capital y tecnología al proceso productivo. No se puede pagar buenos salarios y sercompetitivos sin haber acumulado ambas cosas.
Para revertir su fracaso de largo plazo, Argentina no puede darse el lujo de dejar pasarcircunstancias externas excepcionalmente favorables, perdida en el laberinto de una estructura deincentivos que desalienta la inversión (en educación, en capital físico y en tecnología) en elmarco de una estrategia de inserción internacional totalmente ausente.

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