•la mirada DE ROBerto garcia

La vuelta del Negro

Si vuelve Michael Schumacher, ¿por qué no puede volver el Negro? Así explicaban algunos bonaerenses conspicuos, con cierto humor, la última determinación de Eduardo Duhalde para postularse a la Presidencia. Quedaba, claro, un interrogante: su repentina decisión –más allá de que amagara con esa eventualidad desde hace meses–, casi precipitada antes de concluir el año, ¿a qué causa obedeció?

24-08-2026 | 01:21

Si vuelve Michael Schumacher, ¿por qué no puede volver el Negro? Así explicaban algunosbonaerenses conspicuos, con cierto humor, la última determinación de Eduardo Duhalde parapostularse a la Presidencia. Quedaba, claro, un interrogante: su repentina decisión –más alláde que amagara con esa eventualidad desde hace meses–, casi precipitada antes de concluir elaño, ¿a qué causa obedeció? Si justo unos días antes, su propia esposa, Hilda o Chiche, se dedicó aatizar a Carlos Reutemann para que se lanzara por el justicialismo, presión declaratoria queprovocó una respuesta casi enojada del ex automovilista, quien replicó destemplado con un “siquiere un candidato, que se mande su marido”. Lenguaje infrecuente del santafesino, afirmadoen su dulce espera y en que nadie le va a controlar sus tiempos políticos. Si se quiere, en esejuego verbal, había un juego político repetido, unos acelerando, el otro frenando.
Ocurrió sin embargo que, pocas horas después de ese diálogo, el que amenazaba reiterarsedurante el verano, a Duhalde le acercaron una primicia, casi una privilegiada información que no sesabe si responde a la inteligencia: Reutemann –le aseguraron, le aportaron pruebas– nosólo se iba a presentar como aspirante a la Presidencia hacia abril o mayo, sino que además habíacerrado filas con Francisco de Narváez, quien aceptaría ir como su segundo en la fórmula,haciéndose cargo de la campaña electoral.

Dato económico que, en este caso, constituye una clave para el ex automovilista por dos razones:l) su tradicional apego al ahorro o al bolsillo contraído –algunos lo califican de otromodo– le evitaría empeños que él no está dispuesto a solventar, y 2) aliarse con De Narváez–el último ganador en el distrito bonaerense– le significa ingresar a la provincia poruna avenida de cuatro manos, asfaltada y sin pozos, no depender quizás de una transacción conDuhalde, tema que siempre a Reutemann le produjo urticaria y que, según cuentan, hasta le volteabala voluntad cuando tuvo a su merced la posibilidad de ocupar la Casa Rosada en el pasado.
Un baldazo de agua fría para Duhalde fue esa noticia que le susurraron al oído, tan de buenafuente que hasta en el propio kirchnerismo, al parecer, revoloteaba inquietante esa mismainformación.
No tardó ni dudó el bonaerense y, observando que su futuro se cerraba por el obvio ninguneo asu persona –especialmente en la provincia de la cual alguna vez fue dueño y espera volver aescriturar ante la debilidad del matrimonio presidencial–, salió casi improvisadamente antesde la Nochebuena con el anticipo de su candidatura, sin protocolos, marcos o escenografía, en unaconferencia de prensa que a la prensa le resultó sorpresiva.
No imaginaban la rueda convocada, menos el anuncio.

Anticipo en Los Caudillos
Si extrañó ese movimiento, más debió extrañar el sugestivo sueño –y no poronírico– del periodismo ante acontecimientos previsibles y ya verificados: un día antes de supronunciamiento, en el campo Los Caudillos de Hugo Toledo, este escribano amigo y ex funcionariodel Negro junto a representantes del “Momo” Venegas y de Luis Barrionuevo por el ladosindical, más otras agrupaciones políticas afines y ante más de 300 delegados o posibles punteros(todos con una cartilla de proyectos que el duhaldismo ha empezado a repartir en el distrito), nosólo se comió asado y habló el anfitrión: allí luego expuso Duhalde, más enjundioso que en susalocuciones frente al Movimiento Productivo, anunciando que no sólo iba por la titularidad delPartido Justicialista en la provincia sino también por la Presidencia de la Nación.
Alguna cámara propia captó el momento, pero sus imágenes nunca fueron distribuidas; no hubotitulares en los diarios, ningún especialista recogió el dato, tampoco apareció un espontáneocronista con la revelación de algún asistente: pasaron más de 24 horas de esa novedad y nadie de laprensa se enteró para registrar el episodio.
Más desidia que la Policía para encontrar los restos de la familia Pomar.
Hubo entonces que esperar a que el propio Duhalde se calzara el traje y él mismo seinvistiera de aspirante para conocimiento de la gente.
Tamaño vacío informativo se habrá producido debido a los efluvios del alcohol en las fiestasantes de Navidad que entretuvieron en la somnolencia a los distraídos de esta profesión o sucedió,como a veces ocurre, que en sumisa bandada, los cuerpos periodísticos ingirieran una carga inusualy masiva del adormecedor Valium.
Justo cuando partía De Narváez al sur hasta después de Reyes, confiando sus planes: “Noolvido la provincia pero sigo con intenciones de candidatearme como presidente”. Frase quetambién consentía, de paso, otra realidad: sus relaciones con Reutemann eran cálidas, promisorias.Hasta allí.
Tampoco se podía indagar a Reutemann, su cabeza parece impenetrable hasta para el más avezadocirujano, quizás ni el propio De Narváez, en su aproximación al santafesino, podía resolver elenigma que éste manifestaba y manifiesta sobre su futuro.
Duhalde, suspicaz, comenzó a desconfiar de la ambigüedad declarativa, de la informacióninsuficiente, tal vez distractiva: él se ha convencido de que el dúo Reutemann-De Narváez ya estáconsagrado y que si se llegara a convertir en una avalancha dentro del justicialismo, ésta no sólova contra el ex presidente Néstor Kirchner, también afectará a sus propios intereses territoriales(nadie ignora que las relaciones entre el Negro y el Colorado se conservan tensas desde la etapaprevia a las últimas elecciones legislativas).
Entonces, sin esperar, enarboló su emblema presidencial para motivar un veloz armadopolítico, prever deserciones, señalando “acá estoy yo para competir”.
O, en todo caso, si los hados luego no lo favorecen, para recordar: “No me dejenafuera”. Pues dispondrá de un paquete armado y, en todo caso, en la provincia, todavía tienealgo para decir.

¿Con Urtubey?
Viene, ya empezó, el turno de los análisis. ¿Tentará Duhalde a Juan Urtubey, gobernador deSalta, para que lo acompañe en la fórmula?
Ese es su deseo.
Si se confirma lo que él cree, el pacto Reutemann-De Narváez, ¿lidiará con ellos dentro delperonismo en la interna, fraccionando el núcleo opositor a los Kirchner y, tal vez, favoreciendo almatrimonio sureño al convertir en tres tercios importantes el núcleo partidario?
Serán las encuestas, seguramente, las que van a determinar las consistencias de susaspiraciones, también la de los otros, aunque él vive como un soponcio la posibilidad de queReutemann y De Narváez vayan juntos: nunca como ahora se había dispuesto para pelear por el primercargo (recordar que en su campaña presidencial afirmaba que él no soñaba con instalarse en Olivos,tanto que luego –cuando fue mandatario por emergencia– en los primeros tiempos nisiquiera ocupaba la residencia).
Sea porque hoy se siente más seguro de sus aptitudes, porque imagina menos complicado elacceso al gobierno por el declive de los santacruceños o debido a que se reserva el rol históricode desalojarlos luego de haberles alquilado la vivienda.

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