•momentos

Las buenas nuevas

Vuelven todos: lo escribo reprimiendo el impulso de proferir aquel “que se vayan todos” que no era un eslogan político ni un deseo político, sino la expresión de la muerte del deseo de poder, y de su reemplazo por el deseo de poder mirar tele con la certeza de que se escucharán buenas noticias sobre la marcha de las cosas.

Las buenas nuevas
22-08-2026 | 20:26

Vuelven todos: lo escribo reprimiendo el impulso de proferir aquel “que se vayantodos” que no era un eslogan político ni un deseo político, sino la expresión de la muertedel deseo de poder, y de su reemplazo por el deseo de poder mirar tele con la certeza de que seescucharán buenas noticias sobre la marcha de las cosas.
El deseo de poder apunta a la dominación o la muerte del otro. Es lo mismo: dominar esamputar parte de la voluntad del otro. Los sociólogos pasamos años leyendo las “formas dedominación” que intentó tipificar Weber, pero proyectándola sobre nuestras concienciasformateadas por los programas elementales de Instrucción Cívica y el mito de que vivimos enciudades o naciones organizadas donde las reglas son transparentes y el comportamiento de los otroses previsible. Pero la organización es un estado virtual y en el mejor de los casos una aspiracióncolectiva que sólo circunstancialmente se materializa, y al precio de acentuar su ficción.


El deseo de comer o de semidormir recibiendo buenas noticias sobre la marcha de las cosaspocas veces se satisface. Recuerdo momentos: los días de mayo del 82, cuando no menos de ocho decada diez argentinos se encolumnaron con la voluntad de los generales de recuperar Malvinas, los dela primavera del 83, cuando la mayoría de votantes radicales, oscaralendistas y peronistas seabrazaron en la celebración del retorno a la democracia (“con democracia se come, se estudia,se cura”, decía el Estado; “para un peronista no hay nada mejor que un jovenradical”, afirmaba Dante Gullo al salir de la prisión) y la primavera kirchnerista, cuando, amedida que se fueron apagando las fogatas de la asambleas barriales y los saqueos, empresarios ysindicalistas, y, tras ellos uno a uno todos los políticos, se fueron acercando a la entoncespareja Kirchner-Lavagna para entrar en la foto de la vuelta al orden. Galtieri, convocando a lasmasas para desafiar “al principito” que no se atrevería a venir, dejaba atrás seis añosde gobiernos arbitrarios centrados en el combate contra un enemigo interno que pudo confundirse contodo el pueblo. Alfonsín garantizando el final del poder militar, las mafias sindicales y larefundación (a comer/estudiar/a curarse…) de la democracia de la que ahora figura como padre.Kirchner apaciguando a las masas, repartiendo los pingües resultados del default de Rodríguez Saá,y mostrando un crecimiento visible en el día a día, de noticiero en noticiero.
Fuera de esos “grandes momentos”: nada. Ni siquiera malas noticias: sólo el goceperverso de estimularse colectivamente la repugnancia, el odio y la autoconmiseración.

También en Perfil