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Las cosas de Perón

La semana pasada, cuando Martín Kohan escribió acerca de la subasta de pertenencias de Perón, pensé en las otras cosas de Perón: su psoriasis, sus rarezas, sus humanas contradicciones.

Las cosas de Perón
24-08-2026 | 11:31

La semana pasada, cuando Martín Kohan escribió acerca de la subasta de pertenencias de Perón,pensé en las otras cosas de Perón: su psoriasis, sus rarezas, sus humanas contradicciones. Martínse preguntaba por qué razón llevaba dos fotitos suyas en su propia billetera. No hay misterio:millones de argentinos llevamos nuestras fotos junto a nuestro dinero, las estampillas y losrecibos de la tintorería, porque aunque en la vida social –gimnasios, clubs, empresas,empleadores, admiradores– nos reclaman una o dos fotos, los locales que las toman entregancuatro o seis y bien las cobran, obedeciendo al formato previsto por sus máquinas automáticas o altamaño estándar fijado por los proveedores del papel de copias.
“¿Y a éstas dónde las meto?”, se pregunta uno mirando las cuatro fotos sobrantesy sintiéndose medio estafado. “¿Por qué no se las meterá el señor Polaroid en su propioculo?”, vuelve uno a preguntarse mientras se resigna y las mete en la billetera.
Perón además de muchos autos, motos, motonetas, perritos e inversiones en Suiza, tenía otrascosas. Al cumplirse diez años de su muerte publiqué en Clarín una evocación de nuestro únicoencuentro en Olivos, allá por 1952 o 1953. Me impresionaron sus manos y su cara manchadas por lapsoriasis. La historia provocó revuelos y amenazas pero años después la integré a una olvidableantología de cuentos sin borrar lo de su enfermedad. Dios castiga: a él le cortaron las manos,mientras yo, que las tengo manchadas por el uso de anticoagulantes, debo causar la misma impresióncadavérica que me produjo el general hace cincuenta y ocho años.

También recuerdo otras cosas. Y más ahora, que han exhibido Por el camino del Malón de la Paz,documental de Romero y Berttendorff, con testimonios de coyas sobrevivientes de una aventurapropagandística de Perón y Farrell. Incentivados por el gobierno de 1946, dos mil coyas caminaronhasta la Capital y fueron recibidos por el general y figuras de su gobierno. Después fueronalojados en el hotel de inmigrantes, después encerrados allí y, finalmente, bombardeados con gaslacrimógeno y arreados al tren que los llevó de vuelta a sus pagos. Alguien tendría que recordar lahistoria del medio centenar de guatemaltecos que se asiló en la embajada argentina al cabo delgolpe norteamericano contra Arbenz en 1954. Al cabo de muchos trámites, fueron aceptados yasistidos en la Argentina pero, por tomarse en serio la doctrina de la Tercera PosiciónJusticialista, fueron a parar a la cárcel de Villa Devoto, junto a comunistas, fubistas, punguistasy cientos de mariquitas que allí purgaban sus crímenes de lesa masculinidad, que por entoncesestaban prohibidos.

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