•Genero y politica

Las damas del poder

Las damas del poder distan de necesitar la cláusula del cupo para que se las reconozca. Se imponen en las veredas respectivas. La pregonada “cuestión de género”, pierde –en tanto pretexto– la legitimidad.

22-08-2026 | 19:12

Las damas del poder distan de necesitar la cláusula del cupo para que se las reconozca. Seimponen en las veredas respectivas. La pregonada “cuestión de género”, pierde –entanto pretexto– la legitimidad.

En la vereda oficial, la Presidenta, señora Cristina Fernández. A pesar de la marcada acotaciónconyugal, del límite apreciablemente público, La Elegida ostenta los atributos de una fuertepersonalidad que la torna distante. Con la altivez que irrita, espanta o encanta. Nunca, a travésdel género, genera indiferencia.

En la vereda de la contestación, es otra dama la que contiene la expresividad más contundente.Encarnada por la arquitectura intelectual de la señora Carrió. La Lideresa –Carrió–convive con crecientes dificultades para destacarse en la triste campaña de referencia. Porque viveen permanente estado de campaña electoral. Modelo diseñado para Dick Morris. Por acumulación, laspresentaciones televisivas, cotidianamente estelares, a Carrió le disminuye la posibilidadpotencial del impacto. Especialmente porque ya no está “sola en la causa contra elkirchnerismo”. Debe compartir el escenario ante el sensible electorado de la capital,superpoblado de adictos al consumo político que conocen de memoria hasta sus pausas. O lasvacilaciones de la mirada errante que busca tácitas aprobaciones.

Trátase –Buenos Aires– de la entrenada metrópoli de los altibajos. Donde logróseducir el magnetismo ideado para académicos que propone la señora Gabriela Michetti. Una dama depoder que ofrece el componente explícito de la vulnerabilidad física, pero que pronto deriva enemblema de fortaleza. En paradigma de integridad. En densa calidad de discurso, Carrió,invariablemente, supera a Michetti.

Sin embargo, Michetti conmueve. Por la sobriedad de la inteligencia que debe ser rastreada entreel cúmulo prescindible de palabras que sobran. Y pasan –por el efecto de la conmoción–a un costado. Significa que la presencia de Michetti resulta más gravitante que las ambigüedadesdel discurso que emite.

El género –sin cuestión–, en la provincia de Buenos Aires presenta el dilema quenutre el análisis. Dos mujeres emergen, aquí como prisioneras inevitables de la simbología. Laseñora Nacha Guevara y la señora Claudia Rucci. Persiste una tercera, la señora MargaritaStolbizer, que celebra, a través de la frugalidad de su presencia, la militancia distrital. NachaGuevara irrumpe como la estrella de colección del kirchner-sciolismo. Claudia Rucci es, hasta hoy,la exclusiva revelación del calificado PRO-peronismo.

Ambas damas remiten al imaginario que las completa. Evita, o la presumible persistencia del amorpopular, en el caso de Nacha. José Ignacio, o la brutalidad del crimen ideológicamenteinsostenible, en el caso de Claudia. En el estricto sentido del término, el gasto lo hicieronKirchner y Scioli. Con la invención de Nacha como producto electoral. Pero quien se lleva losméritos consagratorios del resultado es el gremialista Venegas, al que llaman–grotescamente– El Momo. Por ser el impulsor del producto Claudia, que es natural y norequiere esmeros en detalles de terminación. Emerge Claudia como pilar del voluntarismopublicitario, que encabeza –con insuficiente inserción distrital– Francisco deNarváez.

Mientras a Nacha le cuesta, hasta el cierre del despacho, encontrar la justa tonalidad que puedaenriquecer la tesitura de su campaña, Claudia asume la propia simbología, puesta a punto, y con ladignidad del silencio. Sin detenerse en la sobreactuación trágica del parentesco. Salvo que se losaque a relucir el inoportunismo del momentáneo adversario. Claudia aporta credibilidad y emoción.Datos superiores para los estudiosos que toman aún con seriedad la superstición del fenómenoperonista. Y dispone de un discurso “gentista”, menos que elemental. Casi precario. Laluminosidad física de Nacha no alcanza, aún, a conmover los espejos. La simbología mantiene, enprospectiva, el riesgo inalterable de la decepción.


*Periodista y escritor. Extraído de jorgeasisdigital.com.ar

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