Si algo hemos aprendido de la Shoá es que el genocidio comienza con la destrucción intelectualde un pueblo, abriendo el camino para su destrucción física eventual. Antes de alcanzar elaniquilamiento parcial del pueblo judío, los nazis debieron primero obliterarlo en el imaginariocolectivo. Antes de llevar a los judíos a las cámaras de gas, debieron persuadir a la opiniónpública de que los judíos eran subhumanos merecedores del exterminio contra ellos planeado. Primeroéstos fueron destruidos en los discursos pronunciados desde los palcos, en los panfletos divulgadosen las universidades, en las pancartas erigidas en las manifestaciones callejeras, en las leyesraciales; de modo que los judíos fueran completamente aniquilados idealmente como preludio a suobliteración material.
Al marcar esta semana un nuevo aniversario del Día Internacional del Holocausto, comprobamos conhorror que esta lección elemental no ha sido todavía aprendida. Durante las últimas semanas, en elcontexto del conflicto en Gaza, hemos asistido a la demonización colectiva de toda una nación. Elespectáculo fue surrealista. Mientras que en Brasil el Partido dos Trabalhadores calificó larepresalia israelí contra el Hamas de “práctica nazi”, en Italia el sindicatoFlaica-Uniti-Club pretendió resucitar las leyes raciales fascistas al instar a boicotear lastiendas comerciales pertenecientes a los judíos de Roma. Mientras que en Mar del Plata el titulardel Centro Islámico aseguró que “prontamente Israel, como el Estado nazi, desaparecerá y serásolamente un mal recuerdo del pueblo árabe”, en Holanda manifestantes gritaron: “Gaseena los judíos”. Mientras que un alto oficial vaticano equiparó a Gaza con “un gran campode concentración”, manifestantes corearon en la Florida contra los judíos: “Regresen alos hornos”. Es decir, a la vez que se pedía crudamente por un nuevo Holocausto contra losjudíos, se los acusaba a éstos de ser nazis. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial no hemospresenciado un llamado tan explícito a liquidar judíos en las capitales del mundo libre. Que seinvoque retórica nazi contra los judíos al protestar contra la política militar de Israel, país quea su vez es acusado de ser nazi al lidiar con los palestinos, es un escenario tan novel comoinquietante.
El antisemitismo, camuflado de antiisraelismo, reina soberano. No es que toda crítica al Estadojudío sea necesariamente judeófoba. Obviamente, Israel es un Estado perfectible y como tal pasiblede sanción. La crítica política a Israel es válida. Pero es igualmente innegable que, muchas veces,la condena al Estado de Israel efectivamente conlleva una dosis de prejuicio antisemita. Cuandoaños atrás el compositor Mikis Theodorakis –creador a la vez de la música del film Zorba elGriego y del Himno Nacional Palestino– dijo que los judíos “son la raíz de todo elmal” en su supuesta condena a las políticas de Israel, advertimos que una línea ha sidocruzada. La pancarta elevada en una reciente aglomeración en Australia que exigía que se“limpie la Tierra de sucios sionistas”, ¿exactamente qué política israelí estabaobjetando? ¿Cuál acción israelí específicamente estaban condenando aquellos que en Toulouselanzaron un automóvil en llamas contra la sinagoga local? Resulta curioso notar que la agrupaciónislamista Hamas –que abiertamente cometió crímenes de guerra al atacar a civiles israelíesprotegiéndose con civiles palestinos, y cuya carta constitutiva llama abiertamente a laobliteración de un Estado miembro de la ONU– en ningún momento fue comparada con los nazis oacusada de querer cometer un genocidio. La indignación mundial y la condena desproporcionada fueronreservadas a Israel.
Esperemos que esta nueva conmemoración de los trágicos hechos de la Shoá pueda dotarnos de laperspectiva y de la sabiduría necesarias que nos permitan comprender, en el sentido más profundoposible, que lo que empieza con retórica extrema termina en acciones atroces.
*Escritor y analista político.





