•ensayo

Las mil formas del perdón

La filósofa Diana Cohen Agrest aborda la fragilidad humana en su obra Ni bestias ni dioses (Debate). El suicidio, el perdón, la tiranía del tiempo, el aburrimiento, la pereza, la felicidad, el autoengaño, la envidia, el morbo, el miedo, la vergüenza, la vejez, la muerte y la inmortalidad son los temas abordados desde el psicoanálisis, la sociología, la antropología y la literatura en un fino entramado filosófico.

24-08-2026 | 18:40

Es posible el perdón? ¿Puede una madre perdonar al asesino de su hijo? ¿Puede la víctima de labarbarie perdonar a su verdugo? “Dios, perdona nuestros pecados”, es una oración queprecede al descanso nocturno. Pero Dios, todo lo puede. ¿Nosotros, seres humanos atravesados pornuestros propios límites, podemos hacerlo?
La escena, la figura y el lenguaje del perdón pertenecen a la herencia de las religionesmonoteístas. Recogiendo el legado socrático de que caemos en el error por desconocimiento, se hadicho incluso que quien peca lo hace por ignorancia. Este sentido es ilustrado por la interpelaciónde Jesús: “Dios, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), lo quesugiere que el desconocimiento fue considerado una condición que exime de culpabilidad y que vuelvea quien hace un daño, pasible de perdón.
El perdón es un fenómeno tan complejo que su análisis filosófico implica, antes que nada,deslindarlo de otros con los que suele confundirse fácilmente, recorriendo luego un itinerario cuyohilo conductor puede ser resumido en los interrogantes: ¿Con qué otras figuras se suele confundirel perdón? ¿Es posible el perdón colectivo? ¿Es posible perdonar por otro? ¿Puede darse un perdónpara sí mismo? ¿Se ha de perdonar siempre? ¿Se debe perdonar sólo ante el pedido de perdón? ¿Y quéperdonamos, a la persona o el daño? ¿Qué no es el perdón?
¿Cuáles son las figuras de seudoperdón que se suelen confundir con el perdón? Antes que nada,el perdón no es dejar de lado el mal sufrido y volver a la rutina cotidiana, haciendo un“borrón y cuenta nueva”, como si el agravio pudiera eliminarse por decreto o por unacto de buena voluntad. Lejos de ello, el perdón es un proceso penoso que se va viviendo a lo largode cierto tiempo y, como tal, no puede darse mecánica o irreflexivamente.
El perdón tampoco es hijo del tiempo, como cuando se dice que “el tiempo lo curatodo”. De ser así, la rabia, la indignación, el odio y el deseo de venganza se iríandebilitando hasta esfumarse. El perdón tampoco puede ser reducido a la desaparición de unsentimiento negativo (esa indignación, ese odio o ese deseo de venganza ante una ofensa). Porque,en ese caso, el tiempo del perdón se identificaría entonces con el tiempo del olvido y estaría amerced del efecto erosionador del correr de los días. Pero el perdón no es dejar que el tiempo curelas heridas.
De más está decir que modificar nuestras actitudes por interés suele confundirse con elolvido, pero no significa perdonar. Si bien para perdonar tenemos que haber superado parcialmenteesos sentimientos, el perdón no puede reducirse a un abandono del rencor sino que se trata de uncomplejo proceso existencial. En El resentimiento en la moral, Max Scheler describe elautoenvenenamiento del alma y la autointoxicación psíquica que se sienten desde que la ofensa tuvolugar y que tiñen la relación con el ofensor. Lo valioso, dice Scheler, no es eliminar estossentimientos sino doblegarlos para poder perdonar, “acto que presupone el impulso devenganza, y que no consiste en la falta de este impulso”. Porque quien no siente sed devenganza, ¿cómo puede “perdonar”?
El perdón tampoco es una disculpa intelectual donde se proclama que no hay nada que perdonar,que nunca hubo ofensa ni ofendido ni ofensor. No se trata de perdonar sino de que nunca se infligiódaño alguno. Esto no es un genuino perdón, a lo sumo es una estrategia política o una economíapsicoterapéutica.
Mucho menos el perdón puede depender del arrepentimiento de quien nos hizo un daño, como elmarido violento que, apesadumbrado, jura no volver a poner una mano encima. Aunque se suele mirarcon simpatía esta línea de pensamiento, no convence. El arrepentimiento no garantiza que no sereiterará el comportamiento incorrecto en un futuro, dado que se puede caer en la tentación defaltar a la promesa contraída. Es posible que quien “nos falló” vuelva a hacer lomismo, y una máxima prudencial podría ser “no esperes del mañana lo que no te dioayer”, como canta Serrat en Pueblo Blanco. Y puede haber otras formas de maltrato nocontempladas en esa promesa pero que son tan perjudiciales como las originales (quien, por ejemplo,se compromete a no volver a mentir, recurre a formas alternativas de ocultamiento o engaño).

¿Es posible el perdón colectivo? El perdón histórico o colectivo no es perdón, porque unadisculpa pública por crímenes colectivos suele ser un acto demasiado abstracto e impersonal,psicológicamente distante de las víctimas como para alcanzar un verdadero perdón.
El jefe de Estado puede conceder un indulto, una gracia excepcional por la cual perdona totalo parcialmente una pena o la conmuta por otra más benigna. El perdón tampoco es una amnistía, formaconstitucional del olvido legal de delitos que extingue la responsabilidad de sus autores. No es laclemencia del príncipe, que suele ser un acto político de compasión de alguien con poder que seabstiene de castigar una ofensa.
En Sobre la clemencia, Séneca aconseja que el príncipe no debe perdonar todo, dado que es“igualmente cruel perdonar a todos que no perdonar a nadie” (I.II), porque ese perdónimplica cometer una injusticia mayor hacia la víctima.

Perdonar, tanto si es llevado a cabo por un rey o por la comisión de un club de fútbol, implicapasar por alto lo hecho, tratando con indulgencia al infractor, en particular liberándolo de lasconsecuencias merecidas de sus acciones. En todas estas situaciones se emplea la palabra“perdón” a lo que no es sino la respuesta a una ofensa donde se produjo la violación deun orden normativo, en cuyo caso sólo una autoridad formalmente constituida tiene el poder decondonar esa transgresión de la norma.

El rey condona una ofensa contra la ley, y aunque puede perdonar, o no, ofensas contra su propiapersona, lo hace así en tanto y en cuanto las ofensas al monarca son ofensas contra el cuerpo de laley. De modo semejante, cuando la comisión de un club condona la deuda de un socio, condona lafalta a sus reglas societarias más que los perjuicios cometidos en contra de sus miembros. Ladiferencia crucial, por lo tanto, es que condonamos como funcionarios en roles sociales peroperdonamos en calidad de personas.

El perdón tampoco es la prescripción de un crimen. Cuando un crimen se declara imprescriptible,observa Paul Ricoeur en La memoria, la historia, el olvido, “la imprescriptibilidad significaque no hay razones para invocar el principio de prescripción”. Pero son los crímenes los quese declaran imprescriptibles, no los criminales. Y aunque se eliminan los plazos de persecuciónpública, el principio de imprescriptibilidad permitiría perseguir indefinidamente a los autores decrímenes aberrantes.

En L’ imprescriptible, publicado en 1971, Vladimir Jankélévitch concebía el perdón comouna suerte de trueque o intercambio con el arrepentimiento: donde no hubo arrepentimiento, no hubocastigo. Y donde no hubo castigo, no puede haber perdón. Desde el momento en que ya no se puedecastigar al criminal, uno se encuentra con lo irreparable, aquello para lo cual ya no hay expiaciónposible. Y de lo imposible de expiar, de lo irreparable, Jankélévitch deduce la noción de loimperdonable, de aquello que no tiene perdón. Y de allí concluía que es imposible perdonar loimperdonable. Lo imperdonable no se perdona.

Jacques Derrida objetó la asimilación de lo imprescriptible a lo imperdonable postulada porJankélévitch, declarando que “el concepto jurídico de lo imprescriptible no equivale paranada al concepto no jurídico de lo imperdonable [las cursivas me pertenecen]. Se puede mantener laimprescriptibilidad de un crimen, no poner ningún límite a la duración de una inculpación o de unaacusación posible ante la ley, perdonando al mismo tiempo al culpable. Inversamente, se puedeabsolver o suspender un juicio y, no obstante, rehusar el perdón”.

Aunque se ha tratado de promover el perdón entre grupos de personas, como lo demuestran lascomisiones gubernamentales implementadas para investigar la verdad de los hechos y buscar lareconciliación entre victimarios y víctimas de injusticias históricas, lo cierto es que esteseudoperdón puede dejar intactas las heridas y las actitudes reactivas de las víctimas, quienes amenudo deben convivir con los victimarios. Pero, sobre todo, tal como afirma Ricoeur, en unadimensión social, histórica, el perdón crea impunidad, y la impunidad es una injusticia. No hayreconciliación de los pueblos. El perdón se sostiene, fundamentalmente, en la dimensiónindividual.

¿Es posible perdonar en nombre de otro? Por cierto, es posible “perdonar” a unofensor por un daño del cual se es una víctima colateral; por ejemplo, los familiares de la víctimapueden “perdonar” al homicida. Pero el perdón como tal, en su forma más genuina, esprerrogativa de la víctima.

En su obra El girasol, Simon Wiesenthal narra un suceso de su internación en un campo deconcentración durante la Segunda Guerra Mundial. Trasladado a un hospital en Lviv, una enfermera sele acerca y le pide que lo acompañe a una habitación en la que yacía un joven oficial de las SSgravemente herido. Al confirmar que Wiesenthal era judío, el joven narra una acción en la que habíaparticipado.
El grupo militar había incendiado una casa donde habían previamente encerrado a trescientosjudíos. Mientras, arrojaban granadas y disparaban sin piedad a todo aquel que intentara huir de lacasa. “Sé que lo que le cuento es horrible –confesó el oficial–. Durante largasnoches en las que he esperado mi muerte, sentí la necesidad de hablar con un judío acerca de estahistoria y de pedirle perdón. No sabía si aún existían judíos.” El oficial calló. Wiesenthalrecuerda: “Recobré la compostura y, sin decir palabra, abandoné la habitación”. ¿Acasono es un acto de soberbia arrogarse el derecho a perdonar algo tan atroz de lo cual no había sidovíctima?

Al admitir un perdón “por delegación”, indirecto, el círculo de las víctimas podríairse ampliando. Si tomamos en cuenta las relaciones de filiación, los vínculos intergeneracionales,los vínculos comunitarios, ¿dónde establecer el límite de quiénes pueden conceder legítimamente elperdón? ¿Es posible perdonarse a sí mismo?

*Filósofa.

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