•DESMESURA ARGENTINA

Las promesas incumplidas de la democracia

Llevamos ya un cuarto de siglo de vida democrática ininterrumpida. Este hecho tiene de por sí una enorme significación. Ante todo porque logramos dejar atrás la dictadura militar más sangrienta y destructiva conocida en el país.

23-08-2026 | 07:26

Llevamos ya un cuarto de siglo de vida democrática ininterrumpida. Este hecho tiene de por síuna enorme significación. Ante todo porque logramos dejar atrás la dictadura militar más sangrientay destructiva conocida en el país, y cumplir la expectativa general de que ella fuera la última.Además, porque también dejamos atrás un largo ciclo de la política argentina, llevado al extremodurante la década de los setenta, en que el poder se adquiría y ejercía por muchos otros mediosantes que a través de la regla de la mayoría y el respeto del pluralismo.

El 30 de octubre de 1983, por tanto, no sólo concluyó un régimen militar, sino toda una etapa dela historia política del país, que había involucrado activamente a muy diversos actores, incluidoslos propios partidos políticos, en comportamientos excluyentes, facciosos, y frecuentementeviolentos. Claro que las cosas no cambian nunca de la noche a la mañana. Y lo cierto es que, ennombre de la democracia y de sus valores, frecuentemente se incurrió desde entonces en los viciosde antaño. El proyecto refundacional de Alfonsín puede juzgarse a la luz de este problema: en pocaspalabras, para prosperar él necesitaba que el peronismo terminara de descomponerse, por lo que todolo que se hiciera con ese fin sería considerado “democrático”. Lo más curioso es quevariaciones de este sueño, que ha ido cambiando de manos y de coloraciones, se mantienen vivashasta nuestros días, y han sido promovidas incluso bajo gobiernos del propio peronismo.

Y es que éste, a su vez, si bien comenzó la etapa democrática con el pie izquierdo, perdiendopor primera vez en su historia una elección presidencial, y por un tiempo pareció que efectivamenteno podría sobrevivir bajo sus reglas, descubrió luego que le resultaba mucho más sencillo de loesperado utilizarlas en su provecho y no le convenía para nada intentar reflotar sus preferenciasmás tradicionales en lo que respecta al ordenamiento institucional.

La democracia argentina ha logrado desde 1983, a través de esta fórmula, sobrevivir a profundascrisis, manteniendo en pie la regla electoral para el acceso al poder. No ha tenido la mismaeficacia, sin embargo, para cumplir otros objetivos que entonces se autoimpuso. Por caso, el defrenar y en lo posible revertir las tendencias a la desigualación social que ya a comienzos de losaños ochenta se percibían como alarmantes. O también, la de asociar el gobierno del mayor número albuen gobierno: por más que la democracia ha logrado perdurar, no ha demostrado poderperfeccionarse.

Es bueno recordar que la democracia no es sólo un método para que se exprese el pueblo, el mayornúmero. Como muchas veces se ha señalado, es además un mecanismo para que él se eduquepolíticamente; es decir para que gobiernen no sólo los más, sino la capacidad y la virtud, o paradecirlo con más precisión: darle tendencialmente mayor cabida a las virtudes sobre los vicios y ala eficacia sobre la torpeza. El abismo autodestructivo en el que se despeñan cada tanto losgobiernos argentinos, y al que se las arreglan para arrastrar a porciones de la ciudadanía y losgrupos de interés, nos revela un rasgo por demás preocupante de nuestra vida política, una ciertadesmesura que viene del fondo de los tiempos.

Algunas de las razones de esta desmesura estaban claramente a la vista ya en 1983: el carácterfaccioso y al mismo tiempo muy fragmentado y débil de las representaciones sectoriales; ladisposición de amplios sectores a enamorarse de líderes espontáneos, reveladora del escaso apegopor los mecanismos de mediación y las soluciones transaccionales; el hecho de que muchos espaciosinstitucionales que debieran ser competitivos y abiertos a la auscultación pública, no lo son, y alrevés, espacios que deberían preservarse de la competencia y de la visibilidad pública, en cambio,están sometidos a la lógica de la plaza y la aclamación. La reforma de estos y otros asuntos seríaun buen punto de partida para retomar las promesas incumplidas de la democracia.


*Historiador, su último libro es Argentina en el fin de siglo, Editorial Paidós.

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