•INMIGRANTES E ILEGALIDAD

Las puertas de la ciudadela

La crisis internacional, lejos de desalentar a aquellos que buscan en el exterior pasturas más verdes y tiernas que las que encuentran en sus propios países, no ha logrado disminuir el flujo creciente de los desesperados, de los que cuando llegan a destino son confinados en centros de recepción primaria y si logran obviar los centros de identificación y expulsión, y pasar al territorio, deben enfrentarse con la dificultad de conseguir trabajo y con la creciente hostilidad de los naturales, permanentemente abastecida por las autoridades públicas.

Las puertas de la ciudadela
22-08-2026 | 03:41

En la escuela “...nos decían que estábamos allí para vigilar las puertas de laciudadela”, repite Salvatore Piracci, comandante de control de frontera marítima yconfinamiento de inmigrantes, en la novela Eldorado, de Laurent Gaudé. “Son ustedes lamuralla de Europa. Eso es lo que nos decían. Esto es una guerra, señores. No se equivoquen. No haycañonazos ni bombardeos, pero es una guerra y ustedes están en la línea de fuego. No deben dejarsevencer. Hay que resistir. Cada vez son más, y la fortaleza que llamamos Europa los necesita.”En línea con la exhortación, en febrero de 2009 Roberto Maroni –ministro del Interior deItalia– declaró que era preciso ser “desagradables” con los inmigrantesilegales.

La crisis internacional, lejos de desalentar a aquellos que buscan en el exterior pasturas másverdes y tiernas que las que encuentran en sus propios países, no ha logrado disminuir el flujocreciente de los desesperados, de los que cuando llegan a destino son confinados en centros derecepción primaria y si logran obviar los centros de identificación y expulsión, y pasar alterritorio, deben enfrentarse con la dificultad de conseguir trabajo y con la creciente hostilidadde los naturales, permanentemente abastecida por las autoridades públicas. De acuerdo con la AltaComisión sobre Refugiados de Naciones Unidas, 22 mil refugiados llegaron a las costas italianas en2007, y 36 mil en 2008. La Organización Internacional para la Migración, con sede en Ginebra,estima en 200 millones el stock de personas que viven en países diferentes de aquellos en los quehan nacido. Durante 2008, Gianfranco Rotondi –ministro de Actuación del Territorio delgobierno Berlusconi– disparó que Italia aplicaría “un puño de hierro” contra losinmigrantes sin papeles, haciendo –claro está– sentimentales excepciones con todosaquellos que fueran necesarios para el país, como si en lugar de personas se tratara dedestornilladores o llaves inglesas. Se refería a las cuidadoras de ancianos y a los trabajadoresdel servicio doméstico, tareas asumidas mayoritariamente por inmigrantes, dado que los locales nocompiten por esos trabajos.

La “puerta de la ciudadela” a la que alude el personaje de la novela de Gaudé,Salvatore Piracci, es la isla de Lampedusa, el punto más meridional de Italia y la mayor delarchipiélago de las Pelagias en el Mediterráneo, ubicada a 205 kilómetros de Sicilia y a 113 deTúnez, perteneciente a Italia en el plano político pero a Africa en el geográfico, ya que el lechomarino que se extiende entre ellas no excede los 120 metros de profundidad. “No queremos serel Alcatraz de Europa”, declaró a El País de Madrid Virginio Ferrari, un ex pescador de 75años, sentado en una terraza bajo el sol de enero de 2009. Llevamos 20 años viéndolos llegar, ysiempre fuimos un modelo de hospitalidad, añade. Pasaban unos días en el Centro de Primera Acogiday luego se marchaban a la Península. “Ahora, Maroni quiere dejarlos detenidos y devolverlos asus países. Nos convertirá en una cárcel, en un lugar donde se pisotean los derechos humanos.Estamos dispuestos a morir para que no lo haga”. Los 5 mil vecinos de la isla temen que losmás de 40 mil turistas dejen de hablar de las bellas calas, del buceo y de las tortugas para mirarhacia la cárcel de los clandestinos. Durante el mismo mes de enero, 1.300 internos abrieron lasrejas del Centro y junto con los lugareños entonaron su alarmante (para Rotondi) himno de guerra:“¡Libertad!, ¡Libertad!”. Berlusconi comentó que la salida en masa no era sino elcumplimiento del hábito de ir a tomar una cerveza. El párroco de la isla, Stefano Nastasi, convidóde inmediato a Berlusconi a viajar a Lampedusa para “tomarse una cerveza con losinmigrantes” y conocer su verdadera situación, y al papa Benedicto XVI a “decir un parde cosas sobre inmigración”. Virginio Ferrari, diestro en remolinos y alharacas marítimas,contó que no hubo un solo incidente. Les dimos de comer, añadió. “¿Miedo? ¿Cómo vamos a tenermiedo si están muertos de cansancio?”

La ex vicealcaldesa de Lampedusa y hoy senadora por la Liga Norte –expresión política dedonde salen las voces más hostiles respecto de la inmigración– volvió a casa para reivindicara Maroni, siendo que hace algunos años encabezó la protesta contra el Centro de Primera Acogida.“Traidora” y “vendida” fueron los epítetos más gratos que le dedicaron suspaisanos. Como suele suceder en la política y con los políticos, “ahora las cosas sondistintas”. Explica que “...yo no he traicionado a nadie. Aquella vez rechacé el centroporque no bloqueaba la inmigración de los traficantes de hombres. Ahora lo defiendo porque Maronime ha prometido que lo hará. Mis paisanos entenderán en unos días que el Estado es más fuerte queellos. Maroni nos salvará a nosotros y salvará a las víctimas de los traficantes”. Con elargumento de espantar a los traficantes de hombres, la xenofobia trafica con la dignidad de loshombres.

La Ibtimes Company informa que a comienzos de febrero de 2009, un inmigrante indio fue golpeadoy prendido fuego en Nettuno, cerca de Roma. En enero dos hombres no identificados arrojaron ácidoal rostro de un trabajador búlgaro en Atenas. Todavía permanecen en la memoria los incidentes queestallaron en Sudáfrica en 2008 alimentados por la xenofobia y la escasez de trabajo, cuando loslocales mataron a pasto a inmigrantes de Zimbabue y Mozambique, sucesos que fueron cubiertos poresta columna. Así como el aumento de las penas no disminuye el delito, la obsesión intrínseca en lacondición humana por vivir mejor no es disuadida por mayores riesgos. Ni la limitación de losderechos y las libertades de los inmigrantes, ni el uso de la detención para administrar sereshumanos que dejaron sus países, ni su catalogación como criminales, ni la intensificación decontroles policíacos en las aguas territoriales serán eficaces para moderar el arrojo de los que notienen futuro.

Hoy son los somalíes, los eritreos, los sudaneses, los tunecinos, los marroquíes y losliberianos, como antes fueron los albaneses y los kurdos, y como mañana serán... Los que se van aEuropa para ganar dinero y ayudar a los familiares que se quedan. Los que dejan el aroma intenso delas higueras y los jazmines y los duraznos. Los que viajan en camiones, los codos contra lascostillas de los otros, los alientos desconfiándose en el aire. Los que esperan a los“pasadores” (traficantes) en inmundos departamentos de algún puerto del norte deAfrica. Los que son engañados. Aquellos que no tienen ni barco ni travesía después de haber pagadotodo. Los que son abandonados en alta mar a la deriva. Los que son bajados a frágiles botes akilómetros del primer puerto europeo. Los que atesoran la desesperación, la adversidad y el miedopor única riqueza. Los que son encerrados en centros de recepción primaria o en campos deidentificación y expulsión. Los que pasan como lagartos y sufren el desprecio por haber osadocambiar de continente.

Todo para acabar entendiendo que, a fin de cuentas, los seres humanos vamos en procesión unánimee infinita, como hermanos precarios, hacia aquel sitio del que todos venimos.


*Ex canciller.

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