Hay algo podrido en la Argentina, o algo perfumado, todo depende de la nariz con que se huela.El sentido del olfato está agudizado y parecemos sabuesos arrastrando el hocico desesperados pordescubrir alguna pista. ¿Cuál es la presa?, o, mejor dicho, ¿quién es el candidato?
Casi de soslayo, como quien no quiere la cosa, la interpretación de lo ocurrido el 28 de juniodel 2009, ha cambiado de signo. De positivo se ha convertido en neutro. El famoso no positivo esahora un “ni fu ni fa”. Me explico.
En una entrevista el diputado Prat Gay dijo que las fuerzas políticas en el congreso estánequilibradas. Agregó que las elecciones de aquel 28 de junio mostraron una gran paridad que terminapor fragmentar el espectro político. La dinámica legislativa, concluía, podía verse paralizada poresta balanza con un fiel vertical que no se inclina para ningún lado.
Stolbitzer por su lado le dice a sus compañeros de la oposición que es el kirchnerismo el quetiene la iniciativa política. Banco Central, Aerolíneas, pago de deuda, ley de medios, AFJP, etc,no han sido leyes en los que las fuerzas opositoras han mostrado ganancias políticas ni solidez decriterios.
En los sectores de la oposición hay un reconocimiento de la fuerza del kirchnerismo y de suprotagonismo político a la vez que la confesión de sus propias contradicciones. Quiero decir quelejos ha quedado el triunfalismo del año pasado y el diagnóstico de victoria que festejaban loseventuales ganadores.
Existe hasta una cierta admiración por la capacidad del kirchnerismo y en especial de NéstorKirchner por acelerar el carro y llevarse por delante todas las vallas que le impidan el paso. Sereconoce su capacidad de mando y su construcción de poder.
En el mismo periodismo se producen baches. Algo pasa en Dinamarca, digo en Argentina, cuando uncolumnista de este diario dice que hay periodistas que no dejan de victimizarse ante el poder ocuando un redactor de PERFIL señala que hay periodistas que escriben para no perder su públicoantikirchnerista.
Hay preguntas que se hacen que parecían olvidadas: ¿es posible pensar en un escenariokirchnerista después del 2011? A nadie de la oposición se le ocurría esta posibilidad hace unosmeses ¿Qué sucedió con las voces que decían que era una verdad unánime que Néstor Kirchner ya es elpasado ante una nueva Argentina que emergerá en dos años?
Una vez actualizado este panorama, la realidad política se me presenta del modo siguiente. Lascríticas al Gobierno se condensan en dos ejes principales: la inflación y el autoritarismo.
Respecto de éste último creo que la crítica no es del todo sincera. El deseo de jefatura es unamanifestación libidinal de toda la clase política argentina – y no sólo política– casisin excepciones. Cuando la hay, me refiero a la excepción, sólo es elogiada una vez que elpersonaje tolerante, plural, dialoguista, está muerto. Sirve para los homenajes. Pero en vida se loquiere caudillo. No nos caracterizamos por la parsimonia uruguaya, la corrección chilena y lasuavidad brasileña. Nuestro tono es el del mandón.
A pesar de los monumentos y de los días dedicados a la Memoria, hay muchos que olvidan o quierenolvidar la admiración que provocaba Menem aún en sus adversarios por el modo en que manejaba elpoder. Ni siquiera le hacía falta gritar. Los diez años en que casi nunca dejó de ganar eleccionesson una prueba al respecto.
La arbitrariedad, el autoritarismo y el llevarse a todo el mundo por delante, es un rasgocaracterial de todo argentino con un poco de poder, y una necesidad orgánica en un sistema desaboteo permanente de toda iniciativa que le reditúe ventajas a un adversario o enemigo. El poderdebe ser y manifestarse como unipersonal.
Respecto de la inflación y del supuestamente desmesurado gasto público, el gobierno cree que lopuede controlar. Para eso cuenta con nuevas divisas de una exportación en aumento y especula con laposibilidad de lograr créditos blandos una vez insertados en el mundo financiero internacional.Cree así equilibrar al menos hasta las próximas elecciones el aumento del gasto que significaactualizar los subsidios al transporte, a la línea aérea nacional, al futbol y los montos queexigen los gastos sociales comprometidos como la asignación por hijo.
El Gobierno resistirá a los embates que quieren reducirle su manejo discrecional de lacoparticipación, y tiene posibilidades de hacerlo ya que a peso de que le saquen del impuesto alcheque –si es que no lo suprime– es peso que se guardará y descontará de los préstamosque hace a las provincias para paliar su déficit.
Por supuesto que todo puede explotar e irse al mismísimo diablo. Siempre gana en la Argentina elpronosticador de desastres ajenos. Basta echar una mirada suscinta a nuestra historia reciente paradistribuir con justicia los desastres en cualquiera de las perspectivas de política económica quese han adoptado a lo largo del último medio siglo.
La lucha entre desarrollistas y monetaristas, como antes entre liberales y nacionalistas, oentre peronistas y gorilas, siempre han terminado con una derrota para ambos. Claro que con algunosbolsillos llenos y muchos bolsillos rotos.
Decir que la inflación no es mala parece una broma en un país en el que hubo un desastrehíperinflacionario en el ‘75, ‘80, el ‘89, el 2001, con un desbarajuste tal queempobreció a la mayoría del país, concentró en extremo la riqueza y nos regaló la dictadura del 76,las Malvinas del ‘82, la renuncia de Alfonsín bajo la sombra de Seineldín, y los cincopresidentes más el corralito de diciembre del 2001.
Pero aquellos que añoran los años de la estabilidad encuadrada por la moneda convertible, nodeberían olvidar que de modo paralelo a los precios inamovibles de las mercaderías los créditoseran un formidable negocio para comercios y bancos ya que a inflación cero se cobraba un crédito encuotas y un pasivo de tarjeta a una razón de 40% anual. La estabilidad se lograba sobre la base deuna deuda desmesurada no sólo externa sino interna.
Una inflación que oscila entre el 20 y el 30% coloca al país al borde del abismo, pero elgobierno cree que con viento a favor puede aproximarla a algo menos del 20. Si lo logra, podrásolidificar sus bases de apoyo que no son pocas. Enumeremos: la CGT, sectores de la CTA, losgremios de la educación, la corporación cultural, las organizaciones de los derechos humanos, laBanca y el mundo de las finanzas, sectores de la UIA que agradecen el dólar alto, lasorganizaciones sociales, algunos gobernadores y no pocos intendentes.
La oposición sueña con el ballotage y ya acepta que puede perder en la primera vuelta. Peroespecula con que el odio mayoritario al kirchnerismo será decisivo cuando se enfrenten el candidatooficial y el opositor seleccionado. De cumplirse este anhelo se podrá repetir algo parecido a laselecciones del 2003.
Si sucediera algo así, sería una confirmación de que la Argentina es redonda. Bastarían losanteojitos para apreciar su formato en 3D. Sólo en un país redondo la política da estas extrañasvueltas en donde todo progreso es un regreso.
*Filósofo www.tomasabraham.com.ar





