Lecturas de una frase

Mientras que la venta es una cifra, un número, la lectura es una experiencia, la huella de una marca.

Lecturas de una frase
24-08-2026 | 17:20

Cada vez subrayo menos. De hecho, nunca subrayé una novela o un texto de ficción, en cambio nopuedo leer un ensayo sin un lápiz negro en la mano. ¿Será un resto de alguna vida académica tanantigua que ya ni recuerdo? ¿Una muestra de excesivo respeto (o irrespeto, quién sabe) por lanovela? Imposible adivinarlo. Sé, en cambio, que sigo leyendo ensayos listo para un subrayado queya casi no llega. Recuerdo ahora algunos subrayados de fin de adolescencia: El dieciocho Brumariode Luis Bonaparte, de Marx, comprado hacia 1983 en la librería Premier: hay páginas que tienen mássubrayados que líneas en blanco. Por supuesto que este alejamiento del recalcado en lápiz no tienerelación alguna con la valoración que pueda suscitarme un libro. Por ejemplo, Zonas Ciegas.Populismos y experimentos culturales en Argentina, de Graciela Montaldo, recientemente publicadopor Fondo de Cultura Económica, me parece un texto muy agudo, lleno de pensamientos disruptivos y acontracorriente del modo en que muchas veces se pensó la modernidad argentina, e inclusointeresante aún en los momentos en que, en mi opinión, el resultado puede ser algo forzado (noestoy muy seguro de la productividad de Laclau aplicado al campo cultural). Y sin embargo, sólosubrayé dos frases. Una, bien al comienzo: “En el experimento como acto gratuito ofallido”. La otra, casi al final: “Por ejemplo, La novela luminosa (2005), de MarioLevrero (Uruguay, 1940-2004), que resultó muy leída en Argentina”. La primera frase,levemente programática, encierra en sí misma toda una teoría sobre la cultura argentina y da unaclave de lectura para el libro. La segunda, en cambio, es una afirmación algo enigmática, quepermite pensar más allá de ella, más allá del texto de Montaldo.

¿Qué significa que un libro “resultó muy leído”? No soy el editor de la edición enla Argentina de La novela luminosa, pero trabajé algunos años en la pequeña editorial que publicóen Buenos Aires El discurso vacío, novela inmediatamente anterior de Levrero (más breve, puedeleerse como una magistral preparación para las casi 600 páginas de la La novela luminosa). Laedición porteña de El discurso vacío contribuyó decisivamente al relanzamiento de la obra deLevrero, a modificar la valoración global de sus textos, y también a un reposicionamiento de lacrítica literaria, que se ocupó de sus libros como nunca antes; situación que derivó en que luego,como ya es conocido, el grueso de su obra pasara a la editorial multinacional RandomHouse/Mondadori, tanto en España como en América Latina. Todo esto viene a cuento de que conozcobien las cifras de ventas de El discurso vacío, que, siendo buenas para las expectativas modestasde una pequeña editorial independiente, no se parecen en nada a un boom de ventas. ¿Vendió muchomás La novela luminosa? Intuyo que no. En todo caso, no he visto en la librerías fajas que hablende una tercera o cuarta edición.

Y sin embargo, la frase de Montaldo me parece de una pertinencia impecable, de una agudezaextrema. Efectivamente, más allá de las ventas, La novela luminosa resultó muy leída en laArgentina. Y no sólo ese libro: también El discurso vacío, y muchos otros libros de muchos otrosautores. Ocurre que hay una tensión evidente entre venta y lectura. Mientras que la venta es unacifra, un número, la base material de una información económica; la lectura es una experiencia, lahuella de una marca, un modo radical de pensar el mundo. Tiene razón Montaldo: pocos libros hansido tan leídos en la Argentina reciente como los de Levrero. Los efectos de las ventas ya losconocemos: los libros se reeditan (o no), las editorial abren, cierran, cambian de dueño. Losefectos de lectura, en cambio, son profundos e impredecibles. Y los de Levrero, reciéncomienzan.

También en Perfil