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Lecturas de verano

Acabo de ver un afiche en la calle de una de las editoriales más grandes del mercado que dice “Elegí qué libro vas a leer en este verano”, y debajo una serie de títulos recomendados, en su mayoría de autoayuda, divulgación histórica y un nuevo (o no tan nuevo) género que aceita los mecanismos de las cajas registradoras de la industria editorial.

24-08-2026 | 00:39

Acabo de ver un afiche en la calle de una de las editoriales más grandes del mercado que dice“Elegí qué libro vas a leer en este verano”, y debajo una serie de títulosrecomendados, en su mayoría de autoayuda, divulgación histórica y un nuevo (o no tan nuevo) géneroque aceita los mecanismos de las cajas registradoras de la industria editorial: el de losmediáticos que descubren que publicando un libro con reflexiones pueriles, panfletos incendiarios eindignaciones varias por el estado de las cosas recibirán un abultado cheque con sus liquidacionesde derechos de autor, una vez cada seis meses. Un amigo escritor con el que camino también ve elcartel y sugiere otra frase, de una ambigüedad más adecuada: “Elegí con qué libro te vas acastigar este verano”. Después llego a la redacción, abro los mails y encuentro un mensajesimilar, de otro de los sellos transnacionales que más facturan en nuestro país. La frase no varíademasiado (“Los mejores libros para este verano”) pero el contenido tampoco: muchaficción pasteurizada, mucho premio literario, mucha intrascendencia.

El metamensaje es claro: se supone que la gente no quiere complicarse la vida en el verano, porlo que pasa de leer cosas engorrosas, pesadas, repletas de datos (y aquí no se entiende por qué laseditoriales recomiendan entonces libros de investigación periodística o ensayos políticos), como sidejaran por diez o quince días los cerebros en remojo en la mesa de luz, mientras parten raudos yorondos en plan vacacional libre de materia gris. Lo más interesante del asunto es que de estamanera aflora una paradoja inevitable: si durante el año la gente no lee libros porque no tienetiempo, y es por eso que, para desenchufarse, enchufa de lunes a viernes la televisión (y los finesde semana son para descansar), y si durante las vacaciones elige algún título liviano, más paraequilibrar dentro del bolso el peso del mate, las cartas de truco y la esterilla que por un interésgenuino, ¿cuándo lee? Buena pregunta.

Lo cierto es que no se sabe cuándo lee la mayoría de la gente (tiendo a pensar que cuando puede)pero sí cuándo compra libros, y eso es a fin de año, para las fiestas. Y ésa es la explicación paralas campañas de promoción de verano de las editoriales. Pero listas y eslóganes como “losmejores libros para leer en la playa” son simplificaciones cuando no extrañas, por lo menos,graciosas. Suponiendo que la mayoría de las personas decidan sufrir sus vacaciones en la playa (loque no es seguro) y que discurran su tiempo libre pasando las páginas de un libro, no es lo mismolo que vaya a leer la portera de mi edificio, que mi tío abogado o mi compañero del fútbol de losjueves.

¿Entonces, qué nos queda? No las sugerencias de las editoriales (actores interesados en elasunto), sino las de las personas cuyos gustos podemos respetar. Pregunten por ahí. Yo, por miparte, entre las estrictas novedades recomendaría Patriotas. Héroes y hechos penosos de la políticaargentina, de Juan José Becerra, o la reedición de La vuelta al día en 80 mundos de Julio Cortázar,o los Cuentos completos de Juan Carlos Onetti, o los Malos tragos de Anthony Bourdain. Al fin y alcabo, la diferencia entre comprar o regalar un buen libro o la misma bazofia de siempre es la depasar apenas unos segundos más frente a los estantes de nuestra librería amiga.

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