•POLITICA VS. SOCIEDAD

Leyes para el retroceso del país

Mientras el mundo nos sigue pasando por encima, en la Argentina continuamos enredados en pujas, discusiones, confrontaciones y gambetas de potrero.

Leyes para el retroceso del país
23-08-2026 | 17:02

Mientras el mundo nos sigue pasando por encima, en la Argentina continuamos enredados en pujas,discusiones, confrontaciones y gambetas de potrero. Lo cierto es que desde hace sesenta añosvenimos declinando como Nación, perdemos posiciones en el rango de las naciones del mundo en todadimensión concebible. Desde los ámbitos políticos no se habla de eso ni se proponen respuestasconducentes. La casa se agrieta, las goteras la permean, las napas infiltran los suelos, mientrasnosotros seguimos discutiendo donde colocar un jarrón en el living o nos distraemos rompiendo losjarrones que aún nos quedan. Nuestros Congresos, desde hace décadas, votan leyes tras leyes que ala postre resultan irrelevantes ante las realidades que pretenden legislar; a lo sumo, obstaculizana quienes se dedican a producir o a crear. Ninguna ley ha impedido que hoy haya en nuestra sociedadmás personas debajo de la línea de pobreza que décadas atrás. Ninguna ley ha impedido elcrecimiento alarmante de la desnutrición infantil. Ninguna ley ha evitado la impresionantedeclinación de nuestro sistema educacional, que fue un modelo al menos en el mundo de hablahispana. Ninguna ley impide que se practiquen cada día numerosos abortos en condiciones sanitariasinaceptables. Ninguna ley evita que un número cada vez mayor de jóvenes se droguen cuánto y cómoquieren. Ninguna ley impide que personas que cumplen sentencia de prisión salgan de la cárcel,roben, maten y vuelvan tan campantes, ni que jóvenes desaforados roben y maten a mansalva y no lespase absolutamente nada por la inacción, o la complicidad, de jueces y policías. Ninguna ley haevitado que las empresas de capitales argentinos sean compradas por capitales extranjeros. Ningunaley, ni ninguna medida de protección a la industria y de estímulo a economías regionales, hanimpedido que seamos uno de los países con menor crecimiento del producto generado en lasmanufacturas sobre el producto total, en el último medio siglo en el mundo entero. Ninguna leydiseñada para perjudicar al agro ha conseguido su propósito de evitar que el sector agropecuariosiga siendo el puntal inconmovible de la producción y del bienestar de la sociedad argentina.

La Ley de Medios de prensa votada en el Senado el viernes 9 de octubre posiblemente tampocogenerará ninguna realidad mejor, lo que no quiere decir que no haya cosas por mejorar, en ese planocomo en tantos otros. Dicho más apropiadamente: está todo por mejorar en la Argentina, pero no escon leyes como esta, sancionada de la manera en que esta ha sido sancionada, que se mejorarán lascosas. La realidad de los medios de comunicación, como todas las realidades que sufrimos a diario,no pasa por la materia que tratan las leyes; está en otro plano, en otra napa de la realidad. LaLey podrá, eventualmente –si lo logra– molestar a algunos actores que hoy son titularesde algunos medios, pero la realidad se mueve por otro andarivel. Esta Ley, como tantas otras, es elproducto de voluntades y equilibrios políticos, generados y definidos en situaciones y porjugadores políticos que están literalmente en otro mundo, ajenos a lo que sucede en el mundo realque los rodea.

La comunicación masiva se está transformando y está tomando formas nuevas a través deestructuras, infraestructuras y superestructuras sobre las cuales esta Ley –y posiblementeninguna ley– dice nada ni puede actuar. Este fenómeno no es nuevo; lo que sorprende es quelos legisladores no tomen nota de eso. Hace unos sesenta años Perón quiso controlar los medios deprensa para acallar voces opositoras; pero no pudo impedir que una gran parte de la poblaciónescuchase Radio Colonia, y tampoco pudo impedir que la opinión pública se pusiese en su contradespués de años de haber estado a su favor. Los europeos cambiaron las regulaciones sobre laradiodifusión y la televisión cuando se hizo evidente que ningún gobierno podía impedir que señalesemitidas fuera de su territorio atravesasen las fronteras. Los soviéticos prohibieron el uso delfax en los hogares y eso, lejos de consolidar al régimen, aceleró su desgaste final. El régimenchino necesita negociar con Google porque ni sus leyes ni su policía pueden controlar lapenetración de Internet en su sociedad –y está por verse cuánto se consigue por esavía–.

Es dramático que mientras la sociedad hace lo que puede para ser parte del mundo al quepertenece, la política en la Argentina siga con el reloj siempre atrasado, autocomplaciéndose en lailusión de que cumple alguna función relevante simplemente porque consigue poner trabas en losprocesos productivos y creativos de los habitantes.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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