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¡Liberen a Mariotto!

El subsecretario de Medios es un peronista diferente. Dirigió una universidad, produjo cine, escribió teatro y ahora trabaja "por una ley en la que hablemos todos", la de Radifusión K. Lo curioso es que él no puede hablar sin permiso.

22-08-2026 | 20:39

Juan Gabriel Mariotto es un peronista diferente.

A ver: no viene del sindicalismo, ni es abogado ni tiene chapa de clásico puntero municipal,pese a que se muere de ganas de llegar a ser intendente de Lomas de Zamora y eso (sumado a ladisciplina verticalista exigida por Néstor Kirchner) lo somete ahora a la doble tarea de dirigir elComité Federal de Radiodifusión y encabezar la lista de candidatos “testimoniales” aconcejales de aquel distrito del Gran Buenos Aires.

Mariotto es licenciado en Comunicación Social y condujo la Universidad de Lomas. Es un peronistade origen académico. Como tal, pasó muchas horas leyendo a McLuhan, a Merton, a Lewin y a todos losteóricos de su materia, y trabó amistad con colegas argentinos de prestigio continental, comoGuillermo Mastrini o Damián Loretti, referentes del tema en la UBA.

Mariotto produjo cine en video. Escribió obras de teatro. Es muy pero muy tanguero. Le gusta lalectura, casi tanto como la militancia.

Desde que asumió su primer cargo en el Gobierno (en 2003 lo nombraron subsecretario de Medios dela Nación), Mariotto se esforzó por representar a un ala “profesionalista” opuesta a lalínea oficial encarnada en su jefe directo, el polémico Enrique “Pepe” Albistur, ycaracterizada por las presiones al periodismo, el uso arbitrario de la publicidad oficial y lacreación de una red de empresarios mediáticos amigos.

En esos mismos ámbitos universitarios, llegó a definir a la la gestión Albistur como “lapeor política de comunicación desde Raúl Alfonsín hasta acá”, mientras sus amigos-profesoresles explicaban a sus alumnos el doble juego de Kirchner en relación a los medios: alianzas pococlaras con empresarios periodísticos de “derecha” y las compañías telefónicas por unlado; y concesiones al Grupo Clarín, por el otro, como haber habilitado la fusiónMulticanal-Cablevisión.

Por eso, cuando se fue del Gobierno Alberto Férnández y pusieron a Mariotto al frente delComfer, en Clarín anotaron la movida como una primera declaración de guerra. No se equivocaron. Elmismo había coordinado, durante años, la preparación del proyecto de ley de Servicios Audiovisualesque, de aprobarse, reemplazaría a la vieja de Radiodifusión, acotaría el poder del mayormultimedios nacional y permitiría a las telefónicas que ingresen al negocio del cable.

Desde que se lanzó el proyecto, el 18 de marzo pasado, PERFIL viene proponiéndole a Mariotto queexplique, en una de las extensas entrevistas de Jorge Fontevecchia, el sentido y las proyeccionesde la propuesta, punto por punto. Desde el vamos, ancló su predisposición en que este diario, porno pertenecer a ninguno de los grandes grupos en disputa, “enfrenta el tema con la mayorhonestidad intelectual”. E incluso elogió varias de las coberturas al respecto, por su ni velde información y ecuanimidad.

Pero el reportaje nunca pudo hacerse, hasta ahora. Primero porque estaba recorriendo el paíspara participar en los innumerables foros de debate del proyecto. Después, porque, ya terminadosesos foros, sería mejor esperar sus conclusiones y la redacción del texto final. Nuestra últimacharla telefónica fue el miércoles pasado:

—Hola, Gabriel, nos gustaría que la nota de Jorge por el Día del Periodista fuera con vos.Nos parece que la discusión de la ley lo amerita.

—Uh, me encantaría. Pero tengo que consultar.

—Bueno, consultá y arreglamos. Eso no demorará mucho.

—Y..., veamos. Ya sabés cómo son las cosas, Edi. Entendeme que tengo que consultar. Si doyla nota sin consultar, me rajan.

Por lo visto, no fue autorizado. Y ese es el sentido de esta columna. Si Mariotto hubiera dichoque no quiere, o que no tiene tiempo o, incluso, que este diario no le gusta, este espacio hubierasido dedicado a otra cosa. Decenas de entrevistas quedan todo el tiempo en deseos, por innumerablesrazones, y no pasa nada.

Pero Mariotto, en privado, elogia a PERFIL por su independencia de criterio, más allá de lainfinidad de temas publicados con los que no está de acuerdo o resultan inconvenientes para elproyecto político al que adhiere. Y es él quien viene actuando como punta de lanza de un proyectoque, de concretarse, afectaría el esquema de medios a través del cual se informa la población. Deahí el interés por hacerle unas cuantas preguntas.

Los caballitos de batalla publicitarios de la ley son dos:

*“Una ley para que hablemos todos”.

*“Que no haya temas prohibidos”.

En este diario no los hay. Es el propio Gobierno el que insiste en cerrarles las puertas a losmedios que no controla, prohibiendo a Mariotto y a otros tantos funcionarios públicos que sesometan a algo tan indoloro como el hecho de responder un cuestionario. La prohibición incluye unaobligación: hasta Mariotto ha pasado a hablar sólo en esos medios a los que sigue criticando sotovoce por los cerrados intereses económicos que definen su línea editorial, extremadamenteoficialista.

¿Por qué creer que se viene una ley para todos, cuando hasta de ella se habla sólo con losadictos a Balcarce 50?

Dos deseos finales:

¡Feliz Día del Periodista!

¡Liberen a Mariotto!

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