Es tan profundo el aburrimiento que me provoca la opinología...
Fogwill me regaló Frauenliebe und -leben (y otros lieder de Schumann) en la versión deBernarda Fink, que suena mientras escribo esta columna sobre el estado de excepción y lostribunales especiales a propósito de la cantidad de sentencias que casualmente ha tenido que emitirla jueza Oyarbide.
Fogwill me pregunta si escuché bien An meinem Herzen, an meinem Brust (en mi corazón, en mipecho) y si no me parece, como a él, “el canto de un puto feliz”.
Le contesto que no, que mucho más de puto feliz me parece Du Ring an meinem Finger (tú,anillo en mi dedo). El que él cita es puro éxtasis femenino.
Recomienzo mi columna, esta vez sobre el vomitivo lugar común (tan instalado) de que“está bueno que la gente haya vuelto a discutir sobre política”.
Como conozco bien el caso de un joven que le ha negado el saludo al novio de su hermana conla excusa de que éste votó por Macri, y el caso de una abuela que envenena las sobremesasfamiliares de sus nietos con la repetición de las cosas que escucha en los abominables programas deTV que sigue, dudo del pretendido “retorno de la política” bajo la forma del fanatismoy la adherencia a fragmentos cristalizados de discurso (sean cuales fueren).
Fogwill vuelve a escribirme, pero esta vez para reenviarme unas observaciones a una reseña deuna novedad editorial reciente, donde él considera que se ha confundido cálculo con belleza.
Debería dedicarme a comentar Schumann o Turandot, pienso.

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