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Literatura comprometida

En abril escribí sobre los compromisos entre autores y agentes literarios y alguien se sorprendió porque otro alguien, considerado entre los ochenta y cuatro mejores escritores por ahora vivos de la lengua española, incurriese en la sospecha, la infidencia y la delación, temas más pertinentes a la usina de denuncias contra la corrupción kirchnerista que a la literatura.

Literatura comprometida
24-08-2026 | 12:06

En abril escribí sobre los compromisos entre autores y agentes literarios y alguien sesorprendió porque otro alguien, considerado entre los ochenta y cuatro mejores escritores por ahoravivos de la lengua española, incurriese en la sospecha, la infidencia y la delación, temas máspertinentes a la usina de denuncias contra la corrupción kirchnerista que a la literatura. Incurropues: hace un tiempo, una investigación de Xavi Ayén publicada en La Vanguardia verificó que enEspaña, donde se juegan más de ocho millones de euros en premios literarios, el 82 por ciento delos ganadores fueron representados por un agente. Ya no hay criterios de pudor: el año pasado elmayor premio de una prestigiosa editorial catalana fue concedido a un argentino –cosa comúnen España–, que ya había publicado tres obras en el mismo sello y que hasta ese mismo añohabía oficiado como editor o director de colección de la empresa. Semanas después, la filialespañola de la mayor editorial del mundo, copatrocinante de un certamen de Andalucía, premió a otroargentino, y lo informó a la prensa en la misma cadena de e-mails en la que constaban susnegociaciones previas para editar el libro y las promesas de publicitarlo con un premiosignificativo. Es larga la historia de los libros contratados que meses después resultan premiadospor la misma editorial en su propio concurso convocado con reservas de anonimato. En el 2003, unaconferencia de prensa del editor más prestigioso de la península, anunció que el premio que llevasu apellido correspondió al seudónimo “Vocoder” como ignorando que, cuatro meses antes,y escudado tras el seudónimo “Fogwill”, un autor periférico había anunciadopúblicamente y ante un familiar del consagrado, que la aparición del esperado libro de su parientese demoraría hasta el fallo del jurado contratado para lanzarlo con un premio, pese a que el primercapítulo de la obra “anónima” hacía un año que estaba publicado en Internet. Se sabeque no hay mejor camouflage para la vileza y el fraude que una pantalla progre o de izquierda y,mejor aún, de víctima y revolucionario. Así fue el rol de un antiguo luchador anarquista,historiador, perseguido de la triple A, y columnista de Página/12, que posó como jurado limpio enel premio de Planeta Argentina 2006. Los del público lo oímos defender un libro que, evidentemente,no había leído, confundiendo la historia de un príncipe azteca con un... ¡testimonio del exilioargentino en México! Ahora, pasados cuatro años lo encontramos en la lista alfabética degerenciados por el superagente Schavelzon, donde el redactor del aborto azteca figura en séptimolugar, y el prócer revolucionario patagónico en el décimo cuarto.

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