Literatura y tribunales

En las últimas semanas hubo un tema que no tuvo mucha repercusión, quizá porque fue leído como demasiado francés, como un asunto interno, cuando en realidad toca nudos de la cultura global –en caso de que algo así exista–, es decir, nexos de la economía internacional, del capitalismo mundial y, por qué no, de la propia la literatura (¿pero entonces la literatura tiene que ver con el capitalismo? ¡Quelle horreur!).

Literatura y tribunales
23-08-2026 | 16:01

En las últimas semanas hubo un tema que no tuvo mucha repercusión, quizá porque fue leído comodemasiado francés, como un asunto interno, cuando en realidad toca nudos de la cultura global–en caso de que algo así exista–, es decir, nexos de la economía internacional, delcapitalismo mundial y, por qué no, de la propia la literatura (¿pero entonces la literatura tieneque ver con el capitalismo? ¡Quelle horreur!). Según informa Le Monde, el jueves 24 de septiembre,en la Tercera Cámara del Tribunal de Gran Instancia de París, el grupo multimedia La Martinière(propietario, entre otras, de la gran editorial Seuil) llevó a juicio al buscador norteamericanoGoogle. “Hasta ahora”, continúa Le Monde, “ningún editor se había animado aacusar judicialmente al gigante californiano”. Con los apoyos del muy local SindicatoNacional de la Edición (que nuclea a 530 editores) y de la aún más local Sociedad de Gente deLetras, Seuil pide 15 millones de euros, y la suspensión inmediata de la digitalización de librosque, sin autorización, lleva adelante Google. Yann Colin, abogado de Seuil, acusa: “Elsistema de Google es ilegal, es peligroso y es perjudicial para los editores”, ante lo cualAlexandra Neri, abogada de Google, responde: “Lo que hace Google es absolutamente legal.Jamás negamos que Seuil controlaba los derechos de las obras en papel, pero nunca probaron quetenían los derechos para las versiones digitales de esos textos”. El veredicto se espera parael 18 de diciembre.
Entre tanto, la literatura, o mejor dicho, los autores, ¿qué opinan? El debate parece darseentre editores y gigantes de Internet, ¿tienen los autores algo para declarar? ¿Y los lectores? Enmi opinión, que no soy autor, ni tampoco editor, y apenas algo gigante (mido 1,87 cm, lo suficientecomo para que en el blog de mi amigo DGT me traten de “oso”), todo me resulta levementeabsurdo. No. Está mal expresado, retiro lo dicho. No es levemente, ni tampoco absurdo: esinsuficiente. Todo me resulta insuficiente. Los grandes debates económicos-culturales no seresuelven nunca por vía del derecho administrativo. No alcanza con la instancia de los tribunales ylos expertos abogados. Al contrario, ese régimen finalmente tiende a obstaculizar, a obturarcualquier pensamiento radical sobre el tema. En la Argentina hay también una gran jurisprudenciasobre un caso literario-policial: el affaire entre Gustavo Nielsen y Ricardo Piglia/Planeta, por elpremio otorgado por esta última editorial a ese anteúltimo escritor. La Justicia –en variasinstancias y apelaciones– falló siempre a favor de Nielsen, seguramente con razón. Lavalentía de Nielsen fue notable (como diría Le Monde, “nadie se atreve a acusar a ungigante”) pero al instalarse el tema –en el campo intelectual y editorial– sólocomo un asunto judicial, se perdió la oportunidad para encarar una reflexión profunda y consecuentesobre la relación entre literatura y mercado, entre prestigio cultural e interés económico, sobrelos modos de consagración literaria y los diversos caminos alternativos de circulación de lostextos. La Justicia falló, una pequeña cena de desagravio ocurrió, y el tema se terminó.
Otro tanto ocurre con el caso Seuil/Google. En el fondo, me es indiferente quién gane. Latensión entre la imprenta y la pantalla de computadora debe leerse como el choque entre dosformaciones del capitalismo, uno moderno, el otro posmoderno (por llamarlo de alguna forma). Y sialgún interés tiene el juicio, es quizás el de hacer luz sobre los modos en que Google organiza lacultura. Nunca en la historia un medio ocupó un lugar tan central en la vida cotidiana, apareciendocomo supuestamente “neutro” o “a-valorativo” (simplemente como un“organizador”, un “buscador” de informaciones preexistentes). Discutir afondo a Google ya sería un éxito inesperado del juicio. Aunque no creo que a Seuil le interesendemasiado estas cuestiones.

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