•CIENCIA Y PERIODISMO

Little bang

Por primera vez en mucho tiempo, una buena noticia (una noticia positiva) se ubicó en la tapa de los diarios del mundo y ocupó un lugar central en todos los otros medios.

24-08-2026 | 11:18

Por primera vez en mucho tiempo, una buena noticia (una noticia positiva) se ubicó en la tapa delos diarios del mundo y ocupó un lugar central en todos los otros medios, desmintiendo el clásicodicho periodístico según el cual las buenas noticias son malas noticias y las malas son las buenas.En nuestro país, esto ocurrió con el flotamiento a que nos tiene acostumbrados el periodismoargentino, porque la preparación del LHC, el Gran Colisionador de Hadrones, llevó diez años en undiario, 16 en otro y veinte en un tercero; el número de científicos involucrados en todo el mundova de 2 mil a 10 mil según el diario que uno lea. El costo del proyecto oscila, de un diario aotro, entre 6 mil y 10 mil millones de dólares. Y, claro, la velocidad a la que las partículaschocan es más del 99,99% de la velocidad de la luz, y no el 0,99% como publicó un prestigiosodiario nacional. Sólo faltaría que a alguno de estos medios se le ocurra sortear televisores dealta definición entre quienes acierten con la respuesta correcta. Estas desprolijidades tal vez seexpliquen porque a nuestros medios informativos la ciencia les interesa poco o nada, y ante unacontecimiento al que la prensa mundial y las agencias internacionales de noticias le dedican unlugar central, están apenas preparados para comunicar algo así como: “bueno, le cuento: costócarísimo, trabajó muchísima gente y parece que es muy importante”. Están, eso sí, preparadospara hablar de “la Máquina de Dios”, cosa que hizo la casi totalidad de los medioslocales, aunque el diario Crítica denunció el 31 de marzo que la Argentina es el único país en elque se utiliza esa “distorsión” porque “no hay ninguna necesidad de apelar a loreligioso o a lo fantástico”. No he tenido tiempo de hacer un chequeo completo, pero el ABCde España también la usó en estos días.

Claro que no se trata de pretender que los medios dirigidos al público general expliquen, en lostérminos propios de lo que se suele llamar la física de partículas, en qué consiste elfuncionamiento del dispositivo, qué resultados se obtendrán, cuál será su alcance y en qué medidapodrán afectar las teorías sobre el origen del universo. Esta tarea sería una misión imposible, yademás no tendría mayor interés. Como Hernán Casciari escribió desde Barcelona para el diario LaNación del 4 de abril, ésta es “la colisión imposible de entender”. Se puede, encambio, transmitir una idea general de lo que está en juego, en términos de la evolución de lafísica contemporánea. Y contrariamente a lo que sugiere Casciari en su columna –que los queno entienden (entre los que me cuento) se dediquen a la literatura–, pienso que ésta no es laúnica alternativa posible, y menos aun para los periodistas. Porque la investigación de avanzada enlas ciencias duras tiene dimensiones económicas, sociales y políticas que interesan a todos losciudadanos y que son particularmente claras en este caso.

Una de las carencias que me parecen más graves en la práctica de la abrumadora mayoría delperiodismo informativo en la Argentina, es su incapacidad para contextualizar una noticia como ladel colisionador europeo, ubicándola, como corresponde, en relación con su historia y sus múltiplescondiciones y consecuencias. Dimensiones económicas: los costos de un proyecto de este tipo fueronen su momento objeto de múltiples polémicas, sobre todo cuando el Congreso de los Estados Unidosbloqueó el nuevo colisionador que querían construir los norteamericanos. Explicar las condicionesen que se tomaron las decisiones de inversión en el caso del LHC no es más difícil que explicar lasdecisiones en costos de salud o en el pago de la deuda con reservas del Banco Central. No seexplicó. Dimensiones sociales: las derivaciones de la investigación fundamental en física setraduce en aplicaciones tecnológicas que afectan y modifican la vida cotidiana. ¿No se podríanhaber dado algunos ejemplos? No se dieron. Dimensiones políticas, a nivel internacional: porejemplo, la fuerte competencia entre el LHC europeo y el acelerador del Laboratorio Nacional Fermien Illinois, que es más pequeño pero lleva años de funcionamiento y está a la cabeza en acumulaciónde datos. El tema de las políticas públicas relativas a la ciencia, ¿no es hoy fundamental paracualquier país, aunque no se trate de construir un acelerador de partículas? No se habló.

Un lector de la versión electrónica del New York Times propuso, a propósito de las quejas sobreel costo de los aceleradores de partículas, que se lo compare con el costo de la guerra de Irak. Yotro lector señaló, con un sentido común comparable, que si no fuera por la investigaciónfundamental en física de los últimos decenios, los que protestan no podrían estar enviando susmails. No estoy hablando del New York Times, sino de sus lectores. Y no tengo ninguna razón parapensar que el público lector argentino es más estúpido que el de los Estados Unidos.


*Profesor plenario de la Univ. de San Andrés.

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