•movidas subterraneas en tiempos de dialogo formal

Lo esencial es invisible

La ola polar define a esta primavera dialoguista y mediática donde hay más ruidos que nueces. Y esos fuertes crujidos que se escuchan surgen de los volantazos de muchas actitudes y de las fracturas de alianzas por conveniencia que duraron hasta las elecciones.

Lo esencial es invisible
23-08-2026 | 04:16

La ola polar define a esta primavera dialoguista y mediática donde hay más ruidos que nueces. Yesos fuertes crujidos que se escuchan surgen de los volantazos de muchas actitudes y de lasfracturas de alianzas por conveniencia que duraron hasta las elecciones. De todos modos, eso ocurreen la superficie. Ya lo escribió Antoine de Saint-Exupéry: lo esencial es invisible a los ojos. Lorealmente importante ocurre en forma subterránea. Lejos de las cámaras y los micrófonos. Sería unaexageración creer que se trata del subsuelo sublevado de la Patria, pero hay un diálogo paralelo,secreto y pragmático entre las principales figuras políticas que es donde se está cocinando elfuturo político próximo.


Los acuerdos entre Eduardo Duhalde y Daniel Scioli, por ejemplo, tienen más anclaje con larealidad que los que lleva adelante Florencio Randazzo y sirven para distender el clima crispadoque había instalado Néstor Kirchner. Las charlas entre Felipe Solá, Juan Schiaretti y los emisariosde Carlos Reutemann engrosan un bloque parlamentario entre peronistas no kirchneristas que va a daralgunas sorpresas respecto de su número. El rol componedor de Jorge Capitanich, Juan Manuel Urtubeyy José Luis Gioja no aparece en las gacetillas oficiales. Hay un yacimiento profundo denegociaciones que se hacen sin el Gobierno, pero no contra el Gobierno. Cualquiera se puedeimaginar en qué parte de su cuerpo le dan a Néstor Kirchner estos movimientos autónomos de los queapenas se entera. Está seguro de que la movida es contra él y no sólo sin él. Y la verdad es quealgo de razón tiene. Es la lectura que hace el peronismo del mensaje de las urnas.
Hay dos incógnitas pero no tanto frente a esta nueva realidad. ¿Qué harán Kirchner, el granperdedor, y Reutemann, el gran ganador? Lo de siempre. Revanchismo de parte del patagónico ysilencio de parte del santafesino. Un hombre de trato diario con Duhalde confesó que el mejorcandidato por ahora es el Lole, pero que sus actitudes siguen siendo indescifrables. “Pidediálogo pero se queda mudo”, dicen con resignación.


El peronismo está en ebullición. En estado de asamblea permanente. Se toman decisiones enminutos, como lo prueba la presencia cordial y optimista del senador José Pampuro al lado de DanielScioli, Hugo Biolcati y Mario Llambías en la Rural. Los acontecimientos tienen una dinámica propiaque obliga a Kirchner a hacer lo que menos le gusta: correr detrás de la agenda que marcan otros. Alas pruebas nos remitimos: Pampuro concurrió a la Rural por invitación de Scioli y sin consultar aNéstor K, a quien no ve desde hace un mes. El denominador común más extendido de estos múltiplesencuentros de todos con todos y largas conversaciones telefónicas es asegurar la gobernabilidad delas provincias, defenderse de los inminentes castigos de Néstor que quiere cerrar los grifos de losfondos frescos, mantener lo más lejos posible al mariscal de la derrota sin fustigarlo públicamentey tejer una red de protección para que Cristina culmine su mandato sin sobresaltos y de la mejormanera posible.


Así se explica todo lo que Scioli está haciendo y Kirchner no hace. Herejías impensables hacetreinta días. Para los ojos patagónicos, Scioli se pasó al bando del enemigo. Extraña coincidenciaen el diagnóstico con el jefe de los ruralistas bonaerenses, Abel Guerrieri, que festejó eufórico:“Scioli se sumó a nuestro equipo”.
Scioli le dijo a Duhalde que él considera que ésta es la manera de expresar su lealtad y suresponsabilidad institucional y –al mismo tiempo– quedarse en la puerta del cementerioen donde casi se entierra con Kirchner. Para Néstor, en cambio, Scioli pasó a ser el último de lostraidores de la larga lista que el ex presidente fue fabricando con su incansable voluntad defracaso.
Los traidores conforman la mayor producción del kirchnerismo. Son el producto de su obsesivavisión conspirativa de la historia. Todos lo quieren perjudicar. Nadie lo quiere ayudar. Primerofueron los periodistas. Salió a comprar medios y periodistas, y algo consiguió. Pero no pudo contodos. “Esto en Santa Cruz no pasaba”, habrá pensado masticando su bronca: “¿O miplata no vale?”. Los siguientes traidores fueron los del campo. “Oligarcas, golpistasinsaciables, piqueteros de la abundancia”, que le llenaron la calle de gente y la urna devotos. Después apareció Cobos. “Saludos a Vandor”, le pintaron los muchachos casi comouna amenaza de muerte. Kirchner le hizo y le dijo de todo y lo convirtió en el argentino con mayorimagen positiva y en el primer precandidato a presidente para 2011. Alberto Fernández desertó porel mismo camino. “Trabaja para Clarín. Finalmente es un tibio que fue tesorero de Duhalde ycompañero de lista de Elena Cruz y Cavallo”, se habrá justificado Néstor en su intimidad. Lefaltaría agregar: “Ahora conspira con Scioli y Duhalde. Hace bien Cristina en no atenderle elteléfono hace un año”. Pero la cosecha de traidores nunca se acaba. Miguel Bonasso, quelevantó la tapa de la olla de la Barrick Gold. Sergio Acevedo, que no quiso comprar terrenosregalados en El Calafate y encima miró con lupa los precios de las obras públicas que construíaJulio De Vido. Y ahora Daniel Peralta, al que Néstor quiere asfixiar. Si en algún lugar huborealidades más que actitudes destituyentes fue en Santa Cruz. Nadie que no sea Kirchner la pudogobernar. Néstor ya se deglutió dos gobernadores y va por el tercero. Para qué hablar de SergioMassita y Pablo Bruera. “A esos no los quiero ni ver”, suele decir. Sueña con hacertronar el escarmiento de la mano de dos combatientes revolucionarios: Luis D’Elía y MarioIshii.
Siempre las culpas están afuera y son ajenas. Nunca hay un espejo o una módica autocrítica.Todos son responsables de la caída del imperio patagónico, hegemónico y hereditario. Menos elcaudillo en retirada.


Hay una chicana, convertida en lugar común de la política, que muestra a dos altosfuncionarios inaugurando varias cárceles modernas y confortables. Cuando un periodista les preguntasi no es mejor inaugurar escuelas, uno de ellos contesta: “Es que por la escuela yapasamos”. Dicen que el miedo no es zonzo. Por eso el Gobierno se atrinchera en el Consejo dela Magistratura y se niega rotundamente a hacer hasta el mínimo cambio en su actual composición. Laexperiencia les dice que las investigaciones por corrupción de los funcionarios se potencian cuandoéstos dejan el poder –como Ricardo Jaime– o cuando pierden parte de su poder, comoNéstor Kirchner.
El mismísimo ministro de Justicia, Julio Alak, fue obligado por el jefe de la jefa de Estadoa dar marcha a atrás con sus declaraciones que, en medio del solcito dialoguista, mostraban ciertapredisposición a revisar el tema. Alak pasó por el reto bautismal, esa especie de tarjeta amarillaque Kirchner les saca a los ministros apenas empieza el partido, para que sepan quién manda y secuiden de cometer una nueva infracción. Los deja siempre al borde de la expulsión. El mensaje fueclaro: de la reforma electoral se puede hablar todo lo que quieran, pero el Consejo de laMagistratura se mira y no se toca. ¿Por qué tanta intransigencia en un tema que para el común delos ciudadanos suena formal y lejano?
Porque, junto con la chequera, es la piedra angular del kirchnerismo. Tener el poder de vetopara designar o destituir a los jueces es lo que les da impunidad. Metafóricamente, es como si losKirchner pusieran una pistola sobre la cabeza de los jueces. Por eso es tan importante recuperar elequilibrio que manda la Constitución Nacional dentro del Consejo de la Magistratura. Para lograr deuna vez por todas tener un Poder Judicial independiente y prestigioso que sea garantía del Estadode Derecho. El juez, en una democracia republicana, debe sentirse “inmune y no impune”,como dijo el presidente de la Asociación de Magistrados de la Justicia Nacional, RicardoRecondo.


Todavía hay mucho temor y espanto en la Justicia. Temor, porque todos los días conocen nuevoscasos de fuertes presiones sobre los jueces; y espanto, porque se enteran cotidianamente deconsejeros que alteran decisiones en los concursos para designar jueces con niveles dearbitrariedad pocas veces vistos. Roberto Lavagna definió la relación del Gobierno con losempresarios como “capitalismo de amigos”. Por ese camino se podría construir un juegode palabras bautizando lo que ocurre hoy como “justicia de amigos”. O recordandoaquellas viejas prácticas autoritarias que ordenaban “a los enemigos, ni justicia”.
Ricardo Recondo, ex funcionario de Justicia del gobierno de Raúl Alfonsín, tuvo la espada deDamocles sobre su cabeza durante seis meses. Fue a propósito de una denuncia por un tema menor queera claramente improcedente. Pero por decisión de los kirchneristas del Consejo demoraron el casopara hacerle sentir el rigor. Finalmente no tuvieron más remedio que desestimar la denuncia porunanimidad y porque a la vista de todos era una operación demasiado burda. Le contaron que CarlosKunkel, el comisario político del organismo, comentó en una reunión: “Este lenguaraz va asaber quiénes somos nosotros”.


Los legisladores de la oposición se han comprometido a reformar la ley para quitarle alGobierno el poder de veto que tiene. Pero antes conviene estar atentos. Porque hay dos pedidos deinconstitucionalidad de esta norma, que en 2006 fue impulsada por Cristina Kirchner. El caso másconocido es la presentación que hicieron en forma conjunta Ricardo Monner Sans y el Colegio Públicode Abogados de la Capital Federal, que preside Jorge Rizzo, y que aguarda resolución desde hace dosaños en la Corte Suprema. Una altísima fuente de la Casa Rosada le confió a PERFIL que elpresidente del máximo tribunal, Ricardo Lorenzetti, en un encuentro que tuvo con Carlos Zannini, yale informó que tienen los votos necesarios para decretar la inconstitucionalidad de la ley. Si estose confirma, sería una primicia de impacto y una señal muy fuerte de que los miembros de la Cortequieren ayudar a recuperar la credibilidad de la Justicia. Pero otras fuentes de Tribunalespusieron en duda esa posibilidad. Más bien creen que “es casi imposible que la Corte se metaen un tema tan delicado” y esperan que esto lo resuelva el Parlamento.
Para el Gobierno hay una mala noticia que todavía no trascendió. El segundo caso es lademanda que entabló contra el Estado el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, quepreside Enrique del Carril. La jueza Claudia Rodríguez Vidal ordenó que se corriera traslado alPoder Ejecutivo y a las Cámaras de Diputados y Senadores, algo que se cumplió el día 2 de julio. Lointeresante es que los legisladores tienen sesenta días hábiles para contestar y aún no se sabequién se encargará de redactar ese texto denominado técnicamente “conteste de demanda”y cuál será su contenido. Tal vez esto acelere el debate parlamentario y unifique a la oposiciónpara que plantee la modificación del Consejo de la Magistratura más temprano que tarde, sin esperarhasta el 10 de diciembre.


Esa presentación dice que “la nueva composición es absolutamente desequilibrada a favorde los órganos políticos y, dentro de ellos, de los representantes del partido gobernante”.Allí también se cita una declaración del diputado nacional electo Ricardo Gil Lavedra, quien, en eldiario La Nación del 24 de diciembre de 2005, en medio del debate de la actual ley, dijo:“Pareciera que cada gobierno justicialista, antes el de Menem y ahora el de Kirchner,necesita avanzar sobre la Justicia, avasallarla”.
Finalmente, una mirada sobre el sainete pimpinelístico de los buenos muchachos de la CGT.
¿Me mentiste? ¿Me engañaste? ¿No sabrá Hugo Moyano que amar es nunca tener que pedir perdón?¿Qué cadena se le salió? Se dijeron de todo. Se acusaron de todo, menos de corruptos. Ninguno ledijo al otro: “Vos sos un representante millonario de trabajadores pobres”.
Es que la madre y la caja son sagradas. Hicieron “La Plaza del sí” para BernardoNeustadt y Carlos Menem, acusó Moyano. Y tiene razón. Ustedes son violentos, agresivos,extorsionadores, contestó Oscar Lescano. Y también tiene razón. Si hay fractura a corto plazo, sepueden sugerir nombres como aquellos de la CGT Brasil de Saúl Ubaldini y la CGT Azopardo de JorgeTriaca, que se definían por su domicilio. Ahora podrían fundar la CGT Calafate y la CGT Corleone,dos ciudades que también sintetizan pertenencias e identidades. Un histórico gremialista de los quehace equilibrio siempre confió un diálogo antológico:
—¿Qué querés? Si Moyano se lleva ocho de cada diez negocios –acusó uno de losGordos.
—Sí, pero en la época de Menem, ustedes de cada diez negocios se llevaban once.
Lo que no puede despertar ninguna sonrisa por el horror que representa es la más cruel de lasverdades con las que se tiraron. “Ustedes entregaban trabajadores”, acusó Moyano. Y estenebrosamente cierto, aunque a él también lo salpican acusaciones similares en Mar del Plata. Losmás livianos entregaron muchos delegados combativos a las patronales y los más fascistas, a lasmazmorras de la dictadura. Cristina, De Vido y Carlos Tomada en persona y Néstor por teléfonolograron con su esfuerzo evitar la fractura cegetista. A esta altura Moyano es socio, cómplice, yalternativamente rehén y carcelero de los Kirchner.
Pero ocurren cosas raras: el Gobierno que se dice el más progresista de la historia todavíani siquiera cumplió con una de sus promesas fundacionales que hizo delante de Lula. La de darle lapersonería a la CTA de Víctor De Gennaro, Pablo Micheli o Hugo Yasky, que nuclea a los dirigentesmás honestos. La mayoría de ellos lo único que entregó fue esfuerzo en la lucha por una mayorjusticia social y por la memoria, la verdad y la condena a los responsables de los crímenes de lesahumanidad.

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