•noches

Los cataclismos

Uno se va sugestionando. Si en el diluvio universal nos toca atravesar Palermo Venecia con bomberos devenidos gondoleros en gomón y vemos pasar autos flotando, gente nadando crol en lo que era una avenida y, además, vemos las imágenes de la destrucción de Haití, y ahora las imágenes de la destrucción en Chile, entonces es fácil sentir que se viene el Apocalipsis.

Los cataclismos
24-08-2026 | 08:05

Uno se va sugestionando. Si en el diluvio universal nos toca atravesar Palermo Venecia conbomberos devenidos gondoleros en gomón y vemos pasar autos flotando, gente nadando crol en lo queera una avenida y, además, vemos las imágenes de la destrucción de Haití, y ahora las imágenes dela destrucción en Chile, entonces es fácil sentir que se viene el Apocalipsis. Según los mayas, en2012 se acaba el mundo. Hollywood viene machacando con el tema hace rato, ya no hay efectosespeciales de la destrucción de Nueva York que puedan sorprendernos. De hecho, Nueva York debe serla ciudad más veces destruida en el imaginario popular. Vimos muchas veces la Estatua de laLibertad cayendo o tumbada o sumergida en el hielo. El atentado contra las Torres Gemelas fue comoun déjà vu. En una de sus aguafuertes, Arlt describe la fascinación de la gente que se paraba asacarse fotos frente a la demolición de las manzanas, cuando estaban abriendo las avenidasdiagonales en el centro porteño. Y está también esa foto de Spencer Platt que ganó el premio WorldPress a la mejor foto del año donde se ve a unos veinteañeros libaneses en un convertible rojosacando fotos con su celular mientras atraviesan un barrio convertido en escombros por las bombas.Ahí está la destrucción como espectáculo, queremos ver la violencia de esa transformación, nosfascina, siempre y cuando le haya sucedido a otro.

Sin embargo, las imágenes de Chile las siento cercanas y dolorosas, casi no las quiero mirar. Meimpresionan demasiado. Me heló la sangre el terror hablado (gritado) en castellano, en los videosde la gente que estaba filmando otras cosas en el momento del terremoto. Y esas calles me resultanfamiliares, aunque no las conozca, los edificios cortados por la mitad como una torta, las casillasde madera hechas astillas, los saqueos, los militares en la calle. Mis amigos chilenos medescribieron el terror que les dio el temblor de tierra, un miedo muy profundo y total, como elmiedo a ser devorado por una fiera o como si de pronto sucediera un fenómeno poltergeist, donde seempieza a sacudir toda la casa. Y me contaron de las reacciones dispares de cada uno: el quecorrió, el que se echó al suelo, el que insultaba a no se sabe quién. Ahora quedaron las fotossurrealistas: un militar empuñando su carabina mientras custodia un negocio y en segundo plano, unbarco pesquero varado en medio de la ciudad.
Hace rato se está diciendo que el futuro ya llegó; se habla de la futuridad del presente enestos tiempos atemporales, de manera que también podríamos concluir que el fin del mundo ya estásucediendo y va a seguir sucediendo. No creo que sea como en el Apocalipsis, el libro más lisérgicode la Biblia, con caballos de colores y prostitutas que cabalgan dragones de siete cabezas, sinocomo una catástrofe silenciosa que tanto le puede tocar a uno como al que está del otro lado delvidrio y que te deja, como dice Fabián Casas, empujando un carrito de supermercado con tus pocaspertenencias en medio de la noche.

También en Perfil