•jornadas dificiles para la dirigencia

Los días del riesgo

La Presidenta hizo una acertada lectura política al desactivar el acto de Moyano y D’Elía. Si se hacía, podía someterla a un peligroso e insondable juego de presiones, que hoy le sería difícil soportar.

23-08-2026 | 21:05

Pregúntenle a Néstor”, fue la respuesta que dio un líder sindical cuando, en latarde del martes, se le preguntó sobre la marcha de apoyo al gobierno anunciada por Hugo Moyanopara el viernes 20 de noviembre. En efecto, fue Néstor Kirchner el que pergeñó la movida paracontrarrestar una supuesta acción de desestabilización contra el gobierno a la que no se le llevómucho el apunte. “Esto no se lo cree nadie”, confesó un conspicuo diputado oficialistadespués de haber escuchado la exposición parlamentaria del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.Gremialistas, intendentes del Conurbano bonaerense y gobernadores kirchneristas reaccionaron conuna mezcla de fastidio y preocupación ante esta convocatoria. “Ya tenemos suficiente lío contodo el tema de la asignación familiar por hijo como para agregarle la pesada tarea de tener quellevar gente a un acto sin sentido”, reconocía uno de esos intendentes aliviados cuando supola noticia de la suspensión. “En este clima de enfrentamiento gremial, hacer esa movilizaciónera muy peligroso. Recordemos lo hechos de violencia que ocurrieron aquella vez en que setrasladaron los restos del general Perón a San Vicente”, señalaba un dirigente gremial ya másdistendido tras conocer la noticia de la cancelación del acto. Cancelación que, por otra parte, fuetan sorpresiva e intempestiva como su anuncio. “No puedo creer lo que me estádiciendo”, fue la respuesta azorada de un colaborador de Luis D’Elía cuando, una horadespués de haber participado de la reunión entre éste y Hugo Moyano destinada a sumar fuerzas parala convocatoria oficialista, se enteró por radio de su suspensión. No estuvo solo en eso, ya que lomismo le sucedió a algunos ministros que venían haciendo declaraciones a favor de la marcha en elmismo momento en que la Presidenta decidía su cancelación.

Es que así son las cosas en el mundo K. Todo se decide y se hace en forma intempestiva. Laorganización de la marcha fue obra del ex presidente en funciones. La suspensión, en cambio, de laPresidenta. La crónica habla de que, luego del almorzar con su marido en la quinta de Olivos, laDra. Cristina Fernández de Kirchner tomó la determinación de ordenarle a Hugo Moyano lapostergación del acto. Esta fue una decisión que mostró, ciertamente, que la Presidenta hizo unabuena lectura de la realidad. La marcha exponía al gobierno a más riesgos que beneficios. Uno deesos riesgos, como dijimos, era el de la posibilidad de enfrentamientos a causa de la fuertecontienda sindical desatada en estos días; otro, era el de quedar demasiado atado a Hugo Moyano ensu embestida por sumar poder dentro del sindicalismo y de la estructura del partido Justicialista.El costo político que esto le acarrea al gobierno es cada vez más alto. Lo somete, además, a una desus más flagrantes contradicciones y lo obliga a un enfrentamiento creciente con la Central deTrabajadores Argentinos (CTA) con la que se identifican vastos sectores del progresismo. En estesentido, las declaraciones del secretario adjunto de la CGT Juan Belén, quien calificó a la CTA de“zurda loca manejada desde afuera” encendieron luces amarillas en las entrañas delpoder. Hubo un tercer motivo de preocupación en varios funcionarios del gobierno que se sintieronaliviados tras la decisión de la Presidenta de bajar el acto, hecho que dejó tanto a Moyano como aD’Elía totalmente descolocados; ese motivo fue muy bien resumido por alguien que habita undespacho en la Casa Rosada: “El temor era que tras la marcha de Moyano hubiera habido unaconvocatoria a una contramarcha. Eso ya lo vivimos durante el enfrentamiento con el campo por laresolución 125 y no olvidamos lo mal que nos fue.”

La situación de Hugo Moyano al frente de la CGT es difícil. El número de los que no lo quierenva en aumento. “Hugo tiene un doble discurso que se le hace cada vez más difícil de sostener.A los Kirchner les dice una cosa y a nosotros, otra”, confesaba en la lluviosa tarde delviernes un sindicalista miembro del consejo directivo de la Confederación General del Trabajo.

Alguien que conoce el pensamiento de Luis D’Elía se explayaba en el mediodía de ayer dandosu interpretación del episodio: “Lo más destacado de todo esto fue la foto de Luis con Moyanoque impactó a más de cuatro y que, además, fue un mensaje directo para Daniel Scioli. No olvide queMoyano aspira a ser gobernador de la provincia y necesita un compañero de fórmula.”

Hablando de D’Elía, en el medio de todo esto surgió su disputa verbal, en la que loacompañó el jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria Miguel Ángel Pichetto, contraMirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli.”Tenemos que parar esto ya. Más allá de loopinable de sus posiciones, al hablar de la inseguridad no han hecho más que referirse a unproblema que está en la agenda prioritaria de la ciudadanía y para la que el gobierno no tieneninguna estrategia seria y definida”, clamaba una voz dentro del oficialismo conciente de queel costo político de este enfrentamiento es enorme para el gobierno.

De todos modos este enfrentamiento no está terminado. La idea de enviarles a los tres lossabuesos de la AFIP ronda por alguna mente afiebrada del poder. Es el método del apriete –siempre repudiable- del que el matrimonio presidencial tanto disfruta.

Los más racionales aseguran que nada de ello ocurrirá. Habrá que esperar.

En la semana hubo un encuentro que no pasó inadvertido: fue la reunión de la Presidenta con laembajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez, de quien el gobierno no se había preocupado muchohasta aquí. Esto, en realidad, no es ninguna sorpresa. Las gentilezas con los representantesdiplomáticos no abundan en la administración de los Kirchner. El motivo del encuentro de la Dra.Fernández de Kirchner con la embajadora tiene que ver con la necesidad del gobierno argentino decontar con el guiño del gobierno del presidente Barack Obama para encarar la reapertura del canjede deuda, la negociación con el Club de París y la consecuente posibilidad de acceder a fuentes definanciamiento externo a tasas más bajas sin ser sometido al monitoreo por parte del FondoMonetario Internacional.

La interna dentro del justicialismo crece por horas. La pantomima de la reasunciónde la titularidad del Partido Justicialista, que nunca abandonó, por parte de Néstor Kirchner haactuado a manera de un catalizador. La renuncia de Carlos Reutemann a su vocalía dentro del ConsejoNacional del partido, es una muestra de ello. En silencio, el ex piloto de Fórmula 1 ha venidomanteniendo contactos con Felipe Solá, el senador por Salta Juan Carlos Romero y Mauricio Macri.“Quiere hacerlo con muy bajo perfil para no sufrir el castigo K. Su idea sigue siendo laPresidencia”, afirma una fuente muy cercana al senador santafesino a quien, entre otrascosas, le preocupa mucho el estado real de las arcas fiscales.

Son éstos malos días para Macri. Su gestión hizo agua el viernes por la tarde con la torrenciallluvia que azotó la Capital Federal. Las inundaciones que sufrieron varios barrios de la ciudad–-y no sólo la zona de Pacífico que se sabe deberá seguir penando hasta que se terminen lasobras del arroyo Maldonado– han puesto de manifiesto el pobre accionar de un gobiernomunicipal que ha decepcionado a muchos de quienes lo votaron.

También en silencio, quien viene trabajando sin prisa y sin pausa en el armado de un proyectodiferente es Alberto Fernández. El ex jefe de Gabinete está activo. En estos días tuvo dos charlasimportantes con dos gobernadores: una con el de Salta, Juan Manuel Urtubey; la otra, con el deChaco, Jorge Milton Capitanich. La idea del Dr. Fernández es la crear una corriente que estéigualmente alejada de Néstor Kirchner como de Eduardo Duhalde. Quienes saben de esto aseguran queel temor de Capitanich a ser considerado opositor y sufrir represalias por su actitud esmayúsculo.

Es impresionante observar el clima de miedo que genera el matrimonio presidencial dentro de susmismas filas.

A propósito de represalias, el que las sufrió fue Eduardo Hecker, quien debió renunciar a sucargo al frente de la Comisión Nacional de Valores (CNV) por presión directa del secretario deComercio Interior, Guillermo Moreno. Hecker es un hombre que supo trabajar con Aníbal Ibarra.Estuvo al frente del Banco Ciudad y de allí pasó a la CNV. Su gestión fue buena y contribuyó adesbaratar maniobras fraudulentas dentro del complejo submundo de la City porteña. Para evitarcualquier ruido, Amado Boudou salió a decir que la decisión de echarlo la había tomando él y que elmotivo para hacerlo fueron hechos sospechosos dentro de Papel Prensa que el ex funcionario habríatolerado. Nadie le creyó. Los testimonios de quienes escucharon los gritos que se produjeron en eldespacho de Hecker y que precedieron a su dimisión hablan de otra cosa. No por nada AlbertoFernández, que sabe lo que pasa dentro del gobierno al detalle, salió a decir con todas las letrasque la renuncia del ahora ex presidente de la CNV no fue “un acto voluntario” –ensu renuncia Hecker adujo motivos personales para abandonar el cargo– y, a renglón seguido, areiterar sus críticas contra el secretario de Comercio Interior.

Como se ve, pues, Guillermo Moreno siempre está y, como dijo alguien que supo ser ministro deCristina Fernández de Kirchner y lo sufrió: “Mientras el matrimonio Kirchner esté en elpoder, Moreno siempre estará.”

Producción periodística: Guido Baistrocchi

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