Qué difícil se ha puesto todo”, reconoció, a modo de desahogo, un legislador deloficialismo que viene padeciendo la nueva realidad que expresa el Congreso de la Nación, en el cualse dará, en los próximos días, una nueva batalla en la puja por el control del poder político entreel Gobierno y la oposición. Eso ocurrirá entre el miércoles y el jueves de la semana venidera,cuando se discuta y se vote la designación de las nuevas autoridades de las diferentes comisionesdel Senado. El tema, demasiado lejano de la siempre difícil cotidianeidad de la gente, es de enormetrascendencia para el devenir político del Gobierno. De concretarse lo que aventura la mayoría delos pronósticos, el kirchnerismo se encaminaría a la pérdida del control del Senado y, con ello,del Congreso en su totalidad. Para el matrimonio presidencial, la consecuencia de esta nuevarealidad es simple y brutal ya que, en adelante, deberá negociar acuerdos con sectores de laoposición ante cada nuevo proyecto de ley.
A este tema de la presidencia de las comisiones hay que agregarle un hecho que podría hacer lascosas aún más complejas para el Gobierno: la designación de las autoridades de la Cámara alta. Lahistoria es así: hasta ahora, la presidencia provisional del Senado le ha correspondido aloficialismo en la persona del senador José Pampuro, quien algún día, como tantos otros, contará lospadecimientos a los que lo han venido sometiendo los Kirchner. ¿Cuál es la importancia de estecargo? En tiempos menos turbulentos que los actuales, mínima. En el presente, muchísima. Elpresidente provisional del Senado es el que asume la presidencia del cuerpo cuando elvicepresidente no está, ya sea porque se halla de viaje, porque está a cargo del Poder Ejecutivo,porque renunció o falleció. Al hacerlo, en cualquiera de esos casos, asume todas las funciones delvice, una de la cuales es la de desempatar una votación en la Cámara, posibilidad que hoy día esmuy alta. Por lo tanto, si la presidencia provisional del Senado quedara en manos de la oposición,las esperanzas del Gobierno de alejar la pesadilla de desempates parlamentarios perdidososquedarían sepultadas.
Quienes fogonean esta posibilidad son los integrantes del peronismo disidente. A la cabeza estáel senador salteño, Juan Carlos Romero. Hasta ahora, en este intento lo acompaña la soledad: tantoel radicalismo como el socialismo ya han hecho saber que no apoyarán ninguna iniciativa de estetipo.
Por todo esto y mucho más, los días que corren son de actividad febril para Néstor Kirchner,quien ha venido gastando el teléfono para dar órdenes y ver qué se puede hacer para retener a losdíscolos. Para esa tarea, el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad esuna pieza clave. En el Senado, el oficialismo vive un aire de diáspora. Hacia el fin de la semana,un rumor muy fuerte hablaba de la posibilidad de una o dos deserciones más, las que aludían alegisladores provenientes de provincias del norte.
En pos de conseguir adhesiones para la aprobación del uso de las reservas del Banco Central, elministro del Interior, Florencio Randazzo, se ha pasado estos días hablando con los gobernadores.El escollo más difícil sigue siendo La Pampa. Allí, el gobernador, Oscar Jorge, defiende elproyecto sin cortapisas. El problema es que el senador Carlos Verna, no. Y el drama para elGobierno es que en La Pampa el hombre fuerte del justicialismo es Verna y no Jorge. De hecho, Jorgees un subordinado de Verna, quien, además, tiene una inquina personal contra Cristina Fernández deKirchner que viene de su época de senadora, por un episodio de un supuesto tráfico de influenciasque involucró al senador y del que la Presidenta se hizo eco cuando encabezaba la Comisión deAsuntos Constitucionales de la Cámara alta. Es un episodio que Verna ni ha olvidado ni, muchomenos, perdonado.
Pero hay otros gobernadores que poco a poco se van separando del kirchnerismo. Uno es el deSalta, Juan Carlos Urtubey. Sin embargo, el que tal vez más sorprendería es un mandatarioprovincial con el que compartirá el escenario el día de su reasunción de la presidencia del PartidoJusticialista. Se trata de Jorge Capitanich. Sus contactos con Alberto Fernández son una especie decatarsis en donde desgrana sus diferencias, pesares y temores hacia Néstor Kirchner.
Es por eso que la Presidenta finalmente aceptó una sugerencia de Julio De Vido, para reunirsecon empresarios la semana que entra. En ese encuentro, piensa hablarles de la necesidad de aumentarla producción como vía para contener la inflación. Les dirá que el objetivo del Fondo delBicentenario –al que jocosamente tanto oficialistas como opositores han bautizado con elnombre de “aloe vera”, debido a la variedad creciente de usos a los que se lo pretendedestinar– será el de atender las demandas de financiamiento que exigen la inversionesrequeridas para estimular la producción. La idea de la jefa de Estado es que esos mismosempresarios hagan lobby ante legisladores y gobernadores para logar su aprobación.
Ante el temor del fiasco legislativo, el Gobierno está buscando también algún atajo de tipojudicial que le permita hacerse de los 6.569 millones de dólares del Fondo del Bicentenario, antesdel comienzo de las sesiones ordinarias del Congreso. La apuesta se dirige a la Cámara en loContencioso Administrativo que debe resolver la apelación ante la Corte presentada por el Gobiernoante los sucesivos fallos adversos –tanto de la jueza María José Sarmiento como de laCámara– durante el mes de feria judicial. La aspiración del Ejecutivo es que junto con elotorgamiento del recurso extraordinario que conduzca el caso ante la Suprema Corte, se dicte unefecto suspensivo de los dos fallos adversos. “Legalmente esto podría ser posible, pero seríacuestionable luego de dos sentencias adversas tan contundentes que indican la prohibición de usaresa plata antes de un dictamen del Congreso” reconoce una fuente judicial que responde alkirchnerismo.
“Sin el Fondo del Bicentenario, los números no cierran” confiesa una voz delkirchnerismo. El agujero del déficit fiscal es grande; se trata de un verdadero agujero negro. Poreso es que Néstor Kirchner no le perdona a Amado Boudou la impericia con la que manejó el tema delFondo y de la salida de Martín Redrado. La estrella ascendente de la presidenta del Banco Central,Mercedes Marcó del Pont, es una muestra del retroceso del ministro de Economía en la Babel deOlivos, desde donde el ex presidente en funciones arropa su sueño de reelección, ensombrecido porla pesadilla de la realidad.
Producción periodística: Guido Baistrocchi.




