•ESTILO K

Los instrumentos de la reina

El Congreso puede quedar a las puertas de una nueva clausura, una clausura de hecho al quedar atrapado en un conflicto de poderes que paralice su actividad. Surge ello de la evaluación, en primer lugar, del golpe menos pensado consumado el 1º de marzo y también de antecedentes históricos.

24-08-2026 | 08:07

El Congreso puede quedar a las puertas de una nueva clausura, una clausura de hecho al quedaratrapado en un conflicto de poderes que paralice su actividad.
Surge ello de la evaluación, en primer lugar, del golpe menos pensado consumado el 1º demarzo y también de antecedentes históricos.
Ese golpe inesperado ante una Asamblea Legislativa provino de la jefa de Estado; lo amparó lanecesidad de pagos de deuda externa y justificó –o al menos se pretende– el hecho deque el Congreso se halle ahora en manos de la oposición, o casi.
Los antecedentes, en cambio, son señales que llegan desde hace un siglo.
Las responsabilidades comienzan por la jefa de Estado, pero comprenden también al Parlamentoy a la Justicia, el comando pleno de la República.
De improvisada palabra donde Perón siempre leyó, Cristina Kirchner dejó pasar ese lunes laúltima oportunidad de entrar de buen modo a la segunda parte de su gestión y al Bicentenario comocapítulo emblemático.
En vez de parecerse a Roque Sáenz Peña, a quien en 1910 el Congreso le dio la ley con la queel valiente conservador abrió el camino del pueblo a las urnas, optó más bien por su antecesor JoséFigueroa Alcorta que, dos años antes, había cerrado el Congreso con la Policía de Ramón J. Falcónpor una disputa de poder.
Lamentable equívoco de quien no supera su obsesión por los espejos de los medios–siempre interesados e imperfectos–, ni tampoco valora como corresponde el ámbito de laAsamblea Legislativa, que con su arte de la improvisación igualó con una tribuna de cualquier otrolugar. Ni Néstor Kirchner se atrevió a tanto.
Todo consumado para preocupación de muchos ciudadanos que no despellejan su gobierno y temenpor el futuro al que ella sí debió referirse y no lo hizo. De eso se trataba, no de meroscomentarios de prensa.
Hubiera sido beneficioso para todos que la Presidenta requiriera la necesidad de contar conla ley, en lugar de como hizo, incluso antes, de nuevos decretos que semejan los instrumentos delrey (en este caso, de la reina) en tiempos de la monarquía inglesa previa al poder parlamentario.
Un proyecto de ley del Poder Ejecutivo, con la clara identificación en sus anexos delosacreedores, enunciado por ella allí mismo, hubiera comenzado a quebrar un heterogéneo frenteopositor. Son demasiados los allí mezclados en un conglomerado sin destino, debido al modo en queel estilo K interpreta las formas de gobierno, que tanta importancia tienen, según exhibe el primerartículo de la Constitución.
Era la hora justa para cambiar. El proyecto iba a contar con los bloques –probablementecon todos–, que acompañaron al Gobierno en la reapertura del canje, tal como se demostró enla sesión del 4 de noviembre último. La Presidenta no podía ignorar que sobre 200 votos enDiputados, 167 lo habían hecho por el sí. Se opusieron los socialistas, Claudio Lozano y el sectorde Eduardo Macaluse, pero radicales, macristas, duhaldistas y cívicos –lo que hoy conforma elpeso de la oposición– lo hicieron a favor.
No hay diferencias que separen al PEN de los sectores representados en el Congreso quequieren pagar a quien sea y a toda costa, posición que se mantuvo inalterable desde el debate porla deuda externa en 1986 en la Cámara de Diputados, en tiempos del gobierno de Raúl Alfonsín.
Además, ella nunca promovió ni como diputada (1997/1991) ni como senadora después, enespecial a partir de 2003, la ley reclamada por la Justicia al Congreso en 2000 para poder castigaren el futuro a quienes, como Alfredo Martínez de Hoz, fueron sobreseídos en la causa Olmos porfalta de esa figura penal.
El Congreso, carente de liderazgos consolidados, con excepción, quizás, de Elisa Carrió, laanti K de la primera hora, probablemente preserve la calma que el Poder Ejecutivo no tiene.
Sería un error incurrir en lo contrario porque, en tal caso, darían justificación deexistencia a las fuerzas oficialistas en las Cámaras que, una vez más, han quedado desairadas porla Casa Rosada.
En ellas, está Néstor, el diputado callado, casi un símbolo de lo que se avecina.

*Editor de Congreso Abierto.

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