Ahora van por los jueces. Esta es la verdadera razón que explica el súbito interés que elmatrimonio presidencial viene exhibiendo por la calidad de la Magistratura. En un todo acorde conla psicología de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, para quienes todo lo que les impide laconcentración de la suma del poder es destituyente, golpista y un largo etcétera de conductasaberrantes, esta es la consecuencia de los duros reveses judiciales que el Gobierno sufrió duranteel verano con el tristemente recordado decreto de necesidad y urgencia por el que se creó el Fondodel Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad. Ya se sabe cuáles son los“remedios” que los Kirchner han ordenado poner en práctica para frenar estos hechos:paralizar al Congreso y presionar y, si fuera posible, destituir a los jueces que producen fallosadversos al Gobierno. Durante su presidencia, Néstor Kirchner produjo un elogiable hecho de altasignificación política al poner en marcha la liquidación de aquella verdadera “Corte de losMilagros” instaurada en la década del 90 por el menemato con el objetivo de asegurar lanecesaria cuota de impunidad para aquel gobierno atravesado por la corrupción, de la cual no estáexento el actual. Pero esa movida no tuvo los efectos queridos por el Gobierno, que tambiénaspiraba a una Corte formada por personas prestigiosas que, por afinidad ideológica o devolución degentilezas, le fuera adicta. Por eso fue que, cuando el matrimonio presidencial cayó en la cuentade que la maniobra había salido mal, decidió no completar las vacantes de la entonces Corte denueve miembros con el objetivo de paralizar su acción. La prolongación de esa situación la tornóinsostenible, lo que forzó al Gobierno a aceptar la realidad y, por medio de la reducción delnúmero de miembros del alto tribunal, devolverle su funcionalidad. Como ya dijimos hace un tiempo,hoy la inquina de los Kirchner se centraliza en la figura del presidente de la Corte, RicardoLorenzetti.
La idea que ha puesto en circulación el Gobierno es la del control de calidad de los jueces. Es,sin dudas, un tema muy importante. El problema principal que atañe el desempeño de los jueces es suhonestidad. Pero ocurre que esto ya está contemplado en la organización vigente del sistemajudicial a través de la organización de sus distintos estamentos y, en última instancia, del juiciopolítico. Cuando hay un mal juez y la política no se interpone para protegerlo, el sistema loeyecta en forma contundente. El caso de Federico Faggionato Márquez es un ejemplo. El opuesto lorepresenta el juez federal Norberto Oyarbide, a quien el justicialismo protegió durante el juiciopolítico que le siguió y cuyo veredicto se apuró el 11 de septiembre de 2001, día en el que, tantoen la Argentina como en el mundo, la atención estaba excluyentemente concentrada en el drama de lasTorres Gemelas de Nueva York.
La historia de Alberto Balestrini es la de tantos otros dirigentes dentro del peronismo. Hombrede La Matanza, salió del anonimato cuando se sumó a las huestes de Eduardo Duhalde a fines de 1998,durante la feroz interna del justicialismo en la que le disputó y le ganó el distrito al barón deaquel momento, Alberto Pierri. Con la llegada de Néstor Kirchner al poder, Balestrini actuó segúnla lógica del PJ terminó de abandonarlo a Duhalde en las elecciones de 2005. Alberto Balestrini esuna figura de un enorme peso político dentro del kirchnerismo bonaerense. Su hábil muñeca políticaha sido clave para manejar a los intendentes peronistas del siempre difícil Conurbano. Suconocimiento de esa realidad ha sido también fundamental tanto para Daniel Scioli como para losKirchner. Esa importancia venía creciendo en la circunstancia actual de quejas y lealtadesdebilitadas que perturban a Néstor Kichner. La severa hemorragia que afectó los lóbulos frontal ytemporal de su hemisferio cerebral derecho puso en serio riesgo su vida, riesgo que aun,lamentablemente, no ha desaparecido. Este episodio concerniente a la salud del vicegobernador de laProvincia de Buenos Aires tiene consecuencias preocupantes para el kirchnerismo en ese distrito.“Es una pérdida muy pero muy importante para nosotros”, reconocía una fuente deloficialismo.
El sucesor de Balestrini como presidente provisional del Senado bonaerense es FranciscoScarabino, un hombre que fogoneó la reforma política que enfureció a Néstor Kirchner al extremo dehacerle ordenar su modificación. Scarabino no habrá de ser un kamikaze que boicoteará al expresidente en funciones. Pero es difícil que pueda igualar el juego político que hacía elvicegobernador.
El primer motivo para ello fue la increíble confesión que Carlos Reutemann le hizo a JoaquínMorales Solá sobre su decisión de no ser candidato. Quienes conocemos a Joaquín no tenemos ningunaduda de la veracidad de lo por él escrito. Y, por su parte, quienes conocen a Reutemann confirman,a través del minué de sus desvaídas desmentidas, el perfil psicológico complejo de un hombre casisiempre inescrutable. Esto lo pudo experimentar, hace un par de semanas, Francisco de Narváez en suencuentro a solas con el ex piloto de Fórmula 1.
El otro motivo de alegría para el kirchnerismo fueron los fracasados intentos de sesionar tantode la Cámara de Diputados como del Senado. El enojo de la ciudadanía frente a esta circunstancia hasido mayúsculo. Tras el fiasco en el Senado, Julio Cobos reunió al presidente del bloque del Frentepara la Victoria, Miguel Angel Pichetto, y al de la UCR, Gerardo Morales. Les pidió que, a fin deponer a la Cámara Alta a sesionar, se acordara debatir otros temas diferentes a los dos másríspidos: el DNU del pago de la deuda con fondos del Banco Central y la modificación del impuestoal cheque. La respuesta de Morales y de Pichetto fue no. Por eso sorprendió escuchar algunadeclaración del senador oficialista hablando de la voluntad de su bloque de buscar acuerdos con laoposición. La verdad, en cambio, es otra: lo que al Gobierno le interesa es que el Congresofuncione lo menos posible.
Lo de la Cámara de Diputados tuvo visos de ópera bufa. La excusa de varios legisladores de laoposición de que no llegaron a sus bancas porque no se hizo sonar la chicharra fue poco seria.Cierto es que hasta el 10 de diciembre pasado el oficialismo hizo alargar las esperasinterminablemente hasta imponer el quórum, pero, como lo admitió un representante de la oposición,“la chicharra no sonó, pero todos sabíamos de la sesión. Debemos reconocer que estuvimosmal”. Hasta ahora la oposición ha sido mucho ruido y pocas nueces. A esta lista de fracasoshay que agregar el fallido intento de la Iglesia de emitir un documento sobre la pobreza firmadopor representantes de la dirigencia empresarial y sindical. Internamente, esto dejó mal parado alobispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, quien tuvo una participación clave en generardiálogos intersectoriales en aquel dramático verano de 2002. “Se tiró a la pileta y no habíaagua”, explicó alguien que conoce lo que allí pasó. Es evidente que el obispo tuvo malainformación sobre las reales posibilidades de lograr esas firmas. Esta es la consecuencia de lafragmentación de la Argentina de hoy día, dominada por la altisonancia y el desacuerdo.
Producción periodística: Guido Baistrocchi.




