El pantano legislativo indica, por el momento, que el Gobierno cree que la oposición no quiereque gobierne y, al mismo tiempo, que el Gobierno no quiere gobernar si esto significa compartirpoder con la oposición. En suma, una pérdida de tiempo substancial –pensar que el DNU de lasreservas data del l4 de diciembre– que produce sensaciones diversas. Por ejemplo, elconvencimiento general de que el Congreso no trabaja por el encierro en formalidades, causasjudiciales, trabas pícaras del cuerpo cuando, nunca como ahora, legisladores de las dos cámarasasisten con tanta asiduidad a su tarea. Inútilmente, tal vez, pero ya ni vuelven los fines desemana a sus provincias.
En este latoso ajetreo, la Administración Kirchner ha descubierto la eficacia de dominar elquórum –darlo, no darlo– y de ese modo no se atormenta con ser minoría en el Senado.Como esa debilidad no se expone y en ocasiones se vuelve mayoría, lo festeja con champagne owhisky; sólo debe conservar los señuelos sobre cuatro mujeres (Latorre, Bongiorno, Meabe y lapampeana Higonet) y algún otro varón con la misma pasión travestida del cuarteto. En la Argentina,el arte de quebrar voluntades, sea por tentaciones, dádivas, persuasiones, prebendas, presiones oejercicios violentos exhibe una notable historia en los últimos cuarenta años.
Del otro lado, tanto la oposición política como las expresiones voluntarias –¿ovoluntaristas?– de la Iglesia, los empresarios y hasta la Corte Suprema claman por eldiálogo, la concordia, el acuerdo, y hasta piden respeto. Casi ingenuos –por no utilizar otrorótulo más gráfico–, son inocentadas de quienes jamás han entendido la diferencia culturalque los separa del matrimonio, formado éste en el colegio peronista, con criterios militares comosustento. Siempre están en guerra, los escrúpulos poco importan.
Tampoco los de enfrente comprenden la naturaleza que domina al dúo, el que nunca aprendió a serbuen perdedor y se alimenta de un código genético semejante al de ciertos animales: el que albergael toro de Osborne o esa singular distinción que separa a unos pollos de otros, aplacados y dócilesunos, gallos de riña los otros, que nacieron sólo para pelearse con sus pares (también ciertasgallinas portan el mismo gen, la misma furia, pero sus combates no despiertan interés, sonaburridos por falta de destreza). Podría firmar Konrad Laurenz estos conceptos, no necesariamenteun misógino. Son temas para otra columna y de los cuales, mínimamente, algunos protagonistas de hoyno enrolados en el oficialismo debieran preocuparse para no salir tan groseramente distorsionadosen las fotografías. Ya son muchos años de conducción patagónica para ignorar esta evidencia.
Si ahora ocurre que la pareja oficial hasta mejora en las encuestas –¡viste, Cristina!, elpueblo no nos va a defraudar, seguramente le ha señalado Néstor para que ella vuelva a cargarenergía en el almuerzo de hoy frente a sus disciplinados parlamentarios– y el mes próximoempezará la lluvia de los dólares de la soja que, seguramente, minimizará la fuga de dólares (comose sabe, en estos años, la salida de dólares ha sido más alta que la acumulación de reservas). Porfalta de control, diría Guillermo Moreno, quien parece desconocer el concepto de confianza. Además,como ya habían anticipado los gurúes odiosos del Consenso de Washington, se vuelve firme larecuperación económica, el crecimiento del PBI, se vislumbra en ese rubro una perspectiva máspróspera. Con estos datos elementales para el discurso televisado de todos los días –pasionalhasta la afonía, encendido, aunque sin descuidar el cambio de vestuario–, no interesadiscutir otras cuestiones menores: inflación, por citar una. Congelada la oposición política y laeconomía en franca mejoría, un oficialista diría: se despeja la pista para completar el mandato y,en simultáneo, hay que insistir con la repetición del “proyecto” para 2011. Léase,candidaturas familiares. Si lo intentaban cuando el barco se perforaba, ¿por qué no continuar ahoraque la bomba de achique funciona?
Por otra parte, temas menores como la inflación parece que no afectan ni hacen perder el sueño anadie: hace más de cincuenta años que los argentinos ven la misma película, no se angustian con elfenómeno, más bien se resignan, aceptan como manada la reiteración estúpida de que el castigo secorresponde al hecho natural de crecer. Sólo permanece y se reitera el insensato debate sobre laculpa, una forma de escapar a la responsabilidad: puja distributiva, aprovechadores gruposconcentrados, demandas salariales arrebatadas, gasto fiscal, expansión monetaria, conjunción detodas las variables. Cada uno elige el sillón más cómodo. Esa impavidez general, ladespreocupación, hasta puede convertir al INDEC en una aceptable regla estadística y su auspicianteMoreno –en estos momentos de recuperación– reaparecer junto a la señora sin explicarlos fracasos ufanándose de que la opinión pública ha empezado a comprenderla. Cinco puntos en lasencuestas para arriba animan a cualquiera.
Mal asesorada frente a esta realidad o, quizás intrigante, lo cierto es que a Cristina leatribuyen una infidencia (“preparate, que en marzo tenemos elecciones”, dicen que ledijo al gobernador misionero Maurice Closs, proposición que nadie parece dispuesto a negar en elclima eufórico de Olivos). Y la oposición, otra vez entusiasta, se anotó en su propia fiebreelectoral a partir de ese globo de ensayo. ¿Para qué los Kirchner adelantarán los comicios si losnubarrones más oscuros parecen disiparse? La explicación no se escucha, más bien progresan lasfantasías: los sueños con la herencia de Daniel Scioli, César Gioja o Jorge Capitanich, en algúnsentido amables críticos que aspiran a probarse el traje, como Juan Manuel Urtubey y, del otroarco, los conocidos de siempre del peronismo postergado (Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez,Carlos Reutemann, Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves), más Mauricio Macri y no menos de cuatroradicales (Cobos, Sanz, Morales, Alfonsín). Por no hablar de Elisa Carrió. ¿Quién podría asegurarque esta muchachada no se conforma con un caramelo cuando, en verdad, los están apartando de latorta? ¿O acaso se puede pensar que los ansiosos por quedarse hasta 2020 van a correr riesgosacelerando su despido varios meses antes?
Sea como sea el futuro, lo cierto es que de tanto hostigarse los propios radicales parecenderrumbar al candidato más seductor de que disponían (Cobos), mientras del otro lado se vive lagraciosa situación del odio y la burla a De Narváez (Macri y Duhalde) si éste insiste con supretensión presidencial, pero de amarlo hasta el cielo si con ellos se postula como gobernador deBuenos Aires. Queda aún, en este caso, la interpretación constitucional sobre si este diputadonacido en Colombia puede aspirar al Ejecutivo. Para él, sirviéndose del Tratado de San José deCosta Rica, en igualdad con la Constitución Nacional, el artículo 23 de ese instituto lo habilita.Caso contrario, podría ofenderse hasta denunciar discriminación. Quienes lo desean gobernador, a suvez, sostienen que en ese mismo artículo también se le concede a la Constitución Nacional lapotestad de precisar exclusiones de acuerdo a la nacionalidad. De Narváez entiende que sunacionalidad, como está registrado, es argentina; no vale, en todo caso, el lugar de nacimiento(Colombia). También, claro, puede invocar otros antecedentes, como la igualdad de los ciudadanos dela Constitucion Nacional y el caso de un juez nacido en Holanda que fue habilitado para ejercer enel país. Biblioteca para todos los gustos, la actual de la Corte –dicen– observa comodíficil esa habilitación. Habrá que esperar. Como la performance de Duhalde, quien puede afirmarante extraños que su mayor propósito es desmontar al kirchnerismo del poder, no tanto su voluntadpor volverse a sentar en el sillón de Rivadavia. Aunque, claro –señala– ésta debe sermanifiesta y explícita para que ese convencimiento recoja y concentre adeptos para su causa. Hayalgunos que le creen, otros que disfrutan verlo en la constante lectura de encuestas: repasa yrepasa números, admite que se mantiene firme y caudalosa la opinión contraria a su figura, perotambién señala que el resto de los consultados han comenzado a variar su gusto y podrían aceptarlocomo candidato. Lo votarían con la nariz tapada. La misma realidad que también congratula al últimoascenso de los Kirchner en los sondeos. Para Ripley, quien debió ser argentino. Como Dios.




