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Los lugares queridos

Alguien se olvida una heladerita en Times Square. Comienza el terror. Imagino la familia neoyorquina olvidadiza, viendo el noticiero y reconociendo la huérfana fiambrera, luego de haber tenido que cancelar (por motivos, digamos, fabulosos) un picnic de primavera en el Central Park, y temiendo haber dejado en la heladera 100 gramos de fiambrín con huellas dactilares que los incrimine.

24-08-2026 | 12:44

Alguien se olvida una heladerita en Times Square. Comienza el terror. Imagino la familianeoyorquina olvidadiza, viendo el noticiero y reconociendo la huérfana fiambrera, luego de habertenido que cancelar (por motivos, digamos, fabulosos) un picnic de primavera en el Central Park, ytemiendo haber dejado en la heladera 100 gramos de fiambrín con huellas dactilares que losincrimine. Yo que ellos, no iría a reclamar la heladerita, que de todos modos –después de unplan fallido de atentado en el mismo sitio– ya a nadie importa.
Pienso en Niños del limbo, la obra que tiene en cartel Andrea Garrote: unos agentes deldesorden y del terror organizado (unos empleados de una SIDE subnormal), persiguen a un ciudadanoque les debe un favor, lo arrinconan en un taller literario de Caballito (porque el terror norespeta fronteras) y lo obligan a perpetrar un atentado con el que distraer la atención pública;debe ser modesto pero visible; deben morir los menos posibles pero debe salir en todos los diarios;en fin: una útil distracción para maniobrar alguna cosa política. La bomba debe herir un lugarquerido, así que eligen el Planetario. ¿Quién puede tener algo contra el Planetario?
La ficción se adelantó una vez más a la fantasía. Garrote lo expone con burlonatransparencia: el mundo de la realidad es infinito, pero el mundo de la fantasía también lo es.¿Por qué entonces le damos al mundo de la realidad más importancia que al fantástico, cuando estáclaro que un infinito no puede ser más grande que otro infinito?
Fuere como fuere, el terrorismo que engendra el ocaso del capitalismo parece ampliarse desdelos símbolos de poder económico, religioso o político para poner el sucio ojo en otros símbolos. Elmero entretenimiento (Times Square), el lugar tal vez menos político o más frívolo del mundo es unnuevo blanco. La amenaza de volar en pedazos viendo el musical de ABBA –ya que no comprando ovendiendo acciones en las Torres Gemelas, ni dibujando un mapa en el Pentágono, ni orando a un diosfalso en un templo– es preocupante. ¿Qué lugar, qué inocencia ocupará el entretenimiento enlos años del terror público?

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