Los misterios del fútbol

Los misterios del fútbol
24-08-2026 | 14:27

Hubo un tiempo en que el fútbol no era para todos. La mayoría de la población (en particular, lamitad femenina) no se interesaba en él. Eran épocas felices para los agnósticos de la pelota: no selos aturdía desde los medios ni el Obelisco se llenaba de gente en cada festejo de las victoriasnacionales (una costumbre que nace en el mundial del ‘78, cuando el fútbol empieza a ser lafiesta de todos). Pero también eran épocas felices para el hincha: no tenía que discutir conespectadores de ocasión ni los lunes lo esperaban en la oficina para cargarlo si su equipo perdía.El fútbol era una pasión popular, pero selectiva. Sólo el fascismo de la globalización, lainformación y la mediatización lo ha vuelto obligatorio.
En ese tiempo, nadie escribía sobre fútbol, salvo los cronistas deportivos, que no veíaninvadido su espacio por forasteros perdonavidas que los intimidan con su formación y su cultura.Los escritores no escribían sobre fútbol porque no correspondía y tenían mejores temas de los queocuparse. Roberto Arlt, que vio su primer partido a los veintinueve años, se describió en una desus Aguafuertes... como “un cronista que no entiende nada de football”.

Después, el fútbol se popularizó hacia arriba y hasta los palcos de Boca Juniors se convirtieronen refugios habituales para gente tan elevada socialmente como Mauricio Macri o Héctor Timerman. Yfatalmente, el fútbol empezó a interesarles a los escritores, como parte de un mundo intelectualreorientado hacia lo masivo. Pioneros en la Argentina fueron Fontanarrosa y Soriano, héroesliterarios de la izquierda nacional (es una lástima para esa tribu que a Cortázar, como aHemingway, les interesara más el boxeo). Pero la epidemia se extendió hacia todos los escritores,aun a los insospechables de populismo (aunque todos lo somos a esta altura).
El mejor cuento de fútbol que leí (un género que ya puede llenar una biblioteca) es Buba, deRoberto Bolaño. Lo acabo de releer y no sé si es tan bueno, pero tiene algo que lo distingue. Es lahistoria de un ex futbolista chileno que recuerda a un compañero de equipo nacido en Africa,apodado Buba y muerto en un accidente, con el que jugó en un equipo que bien podría ser elBarcelona. El día anterior a los partidos, el chileno practicaba con Buba y un compañero español unritual de magia negra que incluía sangre humana. Años después se pregunta si ese acto, que Bubaterminaba de ejecutar sin que los otros lo vieran, fue lo que les trajo en su momento éxito, fama yfortuna. La vida de Buba, su retraída personalidad y el ritual permanecían envueltos en elmisterio.

Una mujer, Sonia Budassi, escribió el último libro que leí sobre fútbol. En este caso no es unaficción, sino la crónica de un dificultoso acercamiento periodístico a Carlos Tevez, jugadorsurgido del corazón de la villa, el más oscuro y fascinante de los ídolos futbolísticos actuales–en todo caso, el más fascinante para quienes no viven en las villas–. Tevez es tanextrovertido ante las cámaras como secreto lejos de ellas, ya que se refugia detrás de una guardiapretoriana que lo vuelve casi inaccesible.
Buba y Apache... parten del mismo problema: develar el secreto de un mundo del que sólo seconoce la superficie. Buba y Carlitos poseen la clave de un origen ajeno al mundo ilustrado. Perola aldea africana o Fuerte Apache son también una metáfora del fútbol mismo visto desde afuera. EnBuba aparece otra mujer, una cantante brasileña que resuelve el misterio del futbolista en dospalabras: No había ninguna magia, dice, sino que Buba sufría mucho y estaba loco. Budassi simpatizacon el objeto de su obsesión y lo trata con cuidado. Pero llega a una conclusión parecida sindecirlo. No es que Tevez esté loco ni que sufra, pero tampoco hay nada que valga la pena en susecreto.

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