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Los nuevos desafíos de Kirchner

24-08-2026 | 14:58

El mes pasado, la Cámara de Diputados ratificó por unanimidad la adhesión de Argentina a laUnión de Naciones Sudamericanas (Unasur). Hubo una discusión acerca de si era compatible que NéstorKirchner ocupase la Secretaría General y, al mismo tiempo, su banca de diputado, lo que fuepresentado por los medios como una controversia política. Pero en realidad, se trató de algo bienmenor, habida cuenta de lo sucedido: los representantes del pueblo apoyaron sin discrepancias unproyecto de integración que es esencialmente diferente de todas las iniciativas preexistentes.
De acuerdo con el texto y espíritu de las Declaraciones de Cuzco, Brasilia y Cochabamba, y desu Tratado Constitutivo de 2008, Unasur es una iniciativa desarrollista. Es diferente del viejoproyecto interamericano de paz y cooperación, encarnado hoy en la Organización de EstadosAmericanos (OEA). Como también lo es del Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o elsistema Aladi, todos ellos procesos de preferencias arancelarias, concebidos hace más de un siglopara impulsar el comercio regional como respuesta a la globalización en sus distintas fases.
Unasur, en cambio, plantea un modelo de desarrollo hacia adentro para enfrentar los problemasestructurales de la región. Busca profundizar, con una nueva definición de unidad política(“Sudamérica” en lugar de “Latinoamérica”) las agendas de cooperaciónpolítica y de seguridad ya existentes. Pero su eje distintivo es el impulso a la integraciónproductiva a partir de inversiones coordinadas en infraestructura. En ese sentido, el antecedenteprincipal de Unasur no es el acuerdo comercial entre el Mercosur y la CAN, sino la Iniciativa parala Integración Regional Sudamericana (Iirsa), foro que cumple diez años, que busca coordinarproyectos transnacionales de inversión en transporte, comunicaciones y energía. En su agenda2005-2010, los doce gobiernos sudamericanos que integran la Iirsa identificaron 31 proyectosprioritarios –28 de ellos en transporte–, de los cuales hay once ya en ejecución.

Detrás de la Iirsa, retorna un diagnóstico geoeconómico sobre el patrón de desarrolloinequitativo en Sudamérica. Históricamente, el continente se fue modernizando sobre sus puertos ycostas, relegando sus áreas centrales como la selva amazónica o el altiplano argentino-boliviano.Esta dicotomía costa-interior es la clave centro-periferia profunda de nuestra pobreza ydesintegración.
Más que una agenda políticamente autónoma, la de Unasur es una agenda propia; la autonomía esuna precondición de ella. Y con libreto abierto. La relativa ausencia de intervención externa esuna gran oportunidad plagada de incertidumbres, con las que deberá lidiar la gestión de Kirchner alfrente del organismo.
No todos apuestan al futuro de la Iirsa. Se la ve como muy ambiciosa y financieramenteinviable. Por eso mismo, la conducción política de Unasur debe comprometerse con ella, y liderarla.La institucionalización y la armonía regulatoria son importantes, pero corren detrás del nacimientode cada una de las obras proyectadas. En cada obra que se ejecute, se juega el éxito de una empresadesarrollista y el peronista Kirchner sabe de esto.
Es cierto que en Brasilia hay quienes ven a la Iirsa –y a la Unasur en general–como un instrumento de la política exterior brasileña hacia la región. No está mal que así sea,porque eso significa que Brasil compromete sus intereses con un proyecto que beneficia a la región.La crítica no es nueva: cuando el BID proponía infraestructura, nunca faltaba quien decía que eraen beneficio de las multinacionales. Lo importante es que las iniciativas de transporte que abrancorredores de exportación, y las energéticas que mejoren la productividad, además de beneficiar alas empresas también contribuyan al desarrollo social de sus áreas de influencia. Por eso, se debegenerar una gobernanza que vincule a gobiernos, privados y sociedad civil para garantizar losresultados sociales de la integración.

*Politólogo y director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Univeridad deBelgrano.

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