•asuntos internos

Los pasajeros del tren de la noche

24-08-2026 | 17:51

La década que se cierra será identificada, entre tantas otras cosas, como la que finalmente diocabida a las aproximaciones más interesantes del arte argentino con respecto al tema de ladictadura militar. Lejos del discurso oficial, de la cansina apología de la memoria, de losdiscursos maniqueos e incluso de la retórica que insiste con la teoría de los dos demonios, primeroAlbertina Carri con Los rubios (2003), y más tarde Nicolás Prividera con el desgarrador documentalM (2007), hicieron lo propio desde el cine. La literatura empieza a ser otro campo fértil para eltratamiento de las profundas heridas que abrió el terrorismo de Estado en el cuerpo social: ahíestá el gran libro de cuentos 76 (2008), de Félix Bruzzone, por poner sólo un ejemplo. Y tambiénestá el teatro. Que la dramaturgia argentina es una de las más vivas e interesantes de la escenainternacional es algo sabido por muchos. Y el reciente estreno de Cómo estar juntos, de Diego Manso(los viernes por la noche en El Camarín de las Musas), pone el rasero bien alto para los autoresque pretendan referirse, sin despreocuparse a su vez por los complejos mecanismos internos del arteen escena, a los horrores causados por los siete sangrientos años del último período dictatorial dela historia argentina.

Diego Manso (Buenos Aires, 1976) es escritor, dramaturgo y periodista. El llama a Cómo estarjuntos un “drama doméstico”, pero la alusión no debe leerse sin ironía. No sólo porquelo doméstico funciona aquí como metáfora de algo mucho más abarcador, sino porque, si bien su obraes un drama, el texto, las acciones y los personajes empujan al espectador, con cada intervención ysin respiro, a través de un variado y complejo arco de emociones, sin dejar que se acomode oestablezca en ninguna de ellas por más de un par de minutos. Del estremecimiento a la carcajada,como en una suerte de tren fantasma para esquizofrénicos. Ahí está La López, esa vecina entrometidaque documenta la vida de Angélica, amiga enferma regresada del exilio, como una antropólogainescrupulosa. Ahí está Nina, la niña autista, un adorable vegetal que sin embargo contiene en suinexpugnable interior y en su cara sin gestos más dulzura que cualquier otro ser humano. Ahí estánlos temibles Taglioretti, los nuevos ricos del barrio, católicos fervientes que hacen su agostoregenteando una casa de sepelios. Y ahí están los silencios, las omisiones, los secretos,dispuestos a salirse de su caja y estallar apenas uno de ellos, cualquiera, tense la cuerda un pocomás de lo aconsejable.

Hay una historia siniestra; están los papeles, interpretados por un elenco de lujo; y está lavirtuosidad del texto. Pero hay algo más, que tiene que ver con el uso del lenguaje: su tonalidad,sus matices, su explícito y barroco anacronismo. Todos hablan un castellano con toques castizos,con florituras, claramente antinaturalista. Es como si los personajes habitaran un universo propioe irreal, desacomodado, fuera de foco, o más bien como si estuvieran atrapados dentro de él. Ellenguaje, tan fundamental en Cómo estar juntos, es eso que les impide comunicarse, pero es tambiénla rémora creada por un pasado que no los abandona y del que no podrán escapar. Nunca, hasta quellege el momento de la verdad. Que puede significar tanto la libertad, como la muerte.

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