En esta reflexión bicentenaria, el periodismo puede mejorar su grado de autoconocimiento. Unavance importante sería distinguir qué es lo nuevo y qué no lo es. Las riñas de periodistas, porejemplo, son un clásico de la historia. Ya la oficial Gazeta de Buenos Ayres, primer papelperiódico de la era republicana, mantuvo un tiempo dos ediciones semanales dirigidas por directoresdiferentes y enfrentados. La que aparecía los martes era saavedrista y la dirigía el clérigoVicente Pazos Silva, mientras que la de los viernes estaba dirigida por Bernardo de Monteagudo yera pro Castelli.
La pelea terminó cuando ambos –al fin empleados públicos– recibieron lasiguiente carta oficial “para evitar el extravío de la opinión pública”: “Elgobierno ha determinado con fecha de hoy suspender la edición de los periódicos semanales quecorrían a cargo de ustedes. A su consecuencia deberán ustedes cesar en el percibo de los goces quepor aquel motivo disfrutaban (ustedes pueden) continuar ilustrando al público con sus periódicos,como lo han hecho hasta aquí, a su cuenta, usando de las facultades y derechos concedidos a todociudadano”.
Durante todo el siglo XIX, si las guerras civiles no eran en el campo de batalla continuabanen los diarios. Los duelos y los juicios de imprenta eran hitos.Los periodistas eran generales yvolvían a ser periodistas.
Muchos de los próceres que hoy son bronce vivieron embarrados en los periódicos. Una de lasmás fenomenales riñas de periodistas fue nada menos que entre Juan Bautista Alberdi y DomingoFaustino Sarmiento. Tras la caída de Rosas, discutieron sobre qué periodismo convenía a laorganización nacional. Alberdi escribió las Cartas quillotanas y Sarmiento le respondió con Lasciento y una. Sarmiento disparaba: “¿Qué es la prensa periódica de la Confederación? Lo queordena la partida de presupuesto que la paga”. Y Alberdi le respondía: “¿Podrán ser(Benjamín) Franklin en el gobierno los que son (Facundo) Quiroga en la prensa?”.
El tucumano defendía un periodismo más colaboracionista con el gobierno fundacional de JustoJosé de Urquiza, mientras que el sanjuanino bregaba por un clásico periodismo de cuarto poder, unadiscusión que se volvió reiterativa. Durante el siglo XX, tuvimos un periodismo de seguridadnacional en las dictaduras y luego un periodismo de seguridad democrática. Hubo ciclos deperiodismo de cuarto poder, incluso hasta un periodismo de seguridad cambiaria, que pretendióevitar explosiones económicas y sociales. Editar, finalmente, siempre ha sido una forma de hacerpolítica.
Es evidente también que el periodismo no irrumpió como poder fáctico en la era de losmultimedios. Desde que se instala el concepto de la soberanía popular, son imprescindibles losmedios de comunicación para expresarla. Y cuando se eligieron los representantes del pueblo, debíahaber formas públicas para cuestionarlos.
Alberdi se refiere a “la prensa constituyente” en su libro Las bases y, añosdespués, Dalmacio Vélez Sarsfield habla de los medios como “una ampliación del sistemarepresentativo”. El periodismo es una institución de última instancia para defenderse de lasotras instituciones, públicas o privadas, incluso para defenderse del propio periodismo. No haydemocracia sin periodismo.
El retroceso. Como en la época de Urquiza, hoy el debate periodístico es sobre losKirchner. Pero ése no debería ser un tema de debate periodístico. La función profesional no escombatir o promover gobiernos. Y menos poner palos en la rueda para frenar el progreso social.
Si hubiera que definir qué debería ser el periodismo en las sociedades democráticas actuales,se podría decir que consiste en convertirse en una fábrica de matices. Se trata de dar a cada unolo suyo, en el sentido tradicional de la justicia, en el campo de la representación social. Sievita las generalizaciones, los prejuicios y las falacias, el periodismo hace periodismo. Si no,hace política. En la medida en que la fábrica funcione circularán los matices por las venas de lasociedad siendo éstos el mayor antídoto contra los procesos polarizadores y dicotómicos que lapolítica intenta difundir. El Gobierno siempre polarizará contra sus enemigos y la oposición contrael Gobierno. No difamo la política. Se trata solamente de describir dos juegos de reglas distintos.Los periodistas, en la medida en que son profesionales, intentan describir con precisión y opinarcon fundamentos. Los políticos necesitan acumular poder para ganar conflictos y para ellos, losmatices suelen ser un obstáculo para su batalla política. La democracia necesita la coexistenciaconflictiva de esas dos lógicas como una bicicleta necesita las dos ruedas. Si la lógica de lapolítica domina al periodismo, la democracia pierde una dimensión clave de su arquitecturainstitucional. El periodismo deja de ser la fábrica de matices necesaria para desmontar los relatoshomogeneizantes y se convierte en un engranaje de la aceleración de los conflictos.
Los medios atacados desde el poder han sido innumerables. desde El Independiente del Sur,acusado de promover el asesinato de San Martín y de Pueyrredón, La Prensa, expropiado y cedida a laCGT durante el primer peronismo, hasta los diarios Crítica, de Natalio Botana y La Opinión, deJacobo Timerman, ambos castigados por dictaduras que contribuyeron a construir. La historia estambién un cementerio de medios de comunicación silenciados por políticos poderosos.
Criticar a los medios y a los periodistas es un derecho de todos en una sociedad abierta,pero existe una distancia humana considerable entre la crítica y el agravio sistemático que se hacea algunos medios y periodistas. Además, la crítica acompañada de acciones (como restriccionespublicitarias, bloqueos informativos o acosos en la calle por parte de grupos afines) ya no es elderecho de un gobierno, sino el abuso de su poder.
Todos los gobiernos del mundo se quejan de los periodistas. Pero algunos, además, losagravian. En Argentina, esto es nuevo durante esta etapa democrática. El insulto, la mofa, elagravio a los medios y a los periodistas habían quedado en el desván de la historia. Pero fueronresucitados por el estilo K de gestionar conflictos. Se instala una retórica que se asemeja a loque Julián Marías llamó “la voluntad de no convivir”. Hasta hace poco, el paradigma erabuscar el consenso; ahora, el paradigma es promover el conflicto y suprimir al otro como posiblereferente en la construcción democrática común. Es la guerra, no por las armas, sino por eldiscurso. Es la convivencia del discurso belicista de los 70 con las reglas de juego pacíficas pos1983. Con respecto al periodismo, se pasa de la legítima crítica a los periodistas al bullyingcontra ellos. Es verdad también que muchos periodistas se han dedicado estos años a hacer bullyingcontra los políticos.
No es lo mismo el programa La hojilla de la televisión estatal venezolana, donde elconductor se mofa y agravia de principio a fin a todo el periodismo que no es chavista, que elprograma Seis, siete, 8:00, donde sólo lo hacen de a ratos. Pero no es gracioso denigrar y humillarperiodistas por los medios en que trabajan o por sus opiniones. Tampoco suelen incorporar elderecho a réplica. Con programas así, y en el horario central, Canal 7 no es la televisión detodos. El rol de defensor del Gobierno no es una misión de periodistas, sino de la Secretaría dePrensa.
Varios medios y periodistas atacados cayeron en la trampa. Si el periodista responde comopolítico, perdió ya la batalla. La influencia del periodista es mayor cuando no sale delperiodismo; cuando ingresa a la batalla política, su credibilidad se embarra. Fuera de las reglasprofesionales, los periodistas se convierten en superhéroes decadentes cuyos poderes se disipan.Hay muchos profesionales que antes de la era K eran analistas y hoy son editorialistas que yaaburren opinando sobre los laberintos psicológicos del matrimonio presidencial o de los líderesopositores. Eso no es buen periodismo, sino acción política pura y dura y, además, poco efectiva.Jorge Luis Borges recomendaba dejar pasar los agravios, y responder sólo los argumentos: un buenconsejo para los periodistas, aunque a él le costaba mucho hacerse caso.
*Profesor de periodismo y democracia de la Universidad Austral.







