Los tres fantasmas

En 1843 Charles Dickens publicó A Christmas Carol, su Canción de Navidad, también traducida a veces como Cuento de Navidad.

Los tres fantasmas
24-08-2026 | 01:25

En 1843 Charles Dickens publicó A Christmas Carol, su Canción de Navidad, también traducida a veces como Cuento deNavidad. Desde entonces, en un caso de notable influencia de la literatura en la vida práctica, laNavidad adquirió el carácter de una festividad más espiritual que religiosa, consagrada a recordarque la paz y el amor por los semejantes son posibles, al menos una vez por año. Esto es así, sobretodo en los países anglosajones, mientras que el resto del mundo aprendió que la Navidad es más (ymenos) que la fiesta de cumpleaños de un dios gracias al cine de Hollywood y sus historias en lascuales esa fecha es el centro de acontecimientos mágicos y conmovedores.

El cuento de Dickens es genial por muchas razones, pero uno de los rasgos más originales delrelato es el descubrimiento de que el pasado y el presente son tan misteriosos –y también tansiniestros– como el futuro. Recordemos brevemente la trama. En la noche de Navidad, el avaroScrooge recibe la visita de tres fantasmas. El primero le muestra navidades pasadas, cuando él noera aún el ser detestable y mezquino en el que se fue convirtiendo. El segundo le hace ver, comoquien prenuncia que el infierno son los otros, lo bien que la están pasando los demás en compañíade sus seres queridos, mientras, él está a solas con su resentimiento. El último le anticipa unamuerte sórdida en medio del desprecio unánime. En el último capítulo –el menos creíble, peronecesario para que el lector no muera de tristeza–, todo resulta un sueño y Scrooge decidereformarse. Lo que hace el cuento tan angustiante, lo que hace tan temible el futuro, no es quevamos a morir (Dickens se encarga de subrayarlo introduciendo en el relato la muerte pacífica de unchico enfermo) sino que el modo en que lo hagamos será un corolario de nuestra vida y que es tanhorrible contemplarnos en el espejo de la anticipación como en el de nuestra olvidada historia y enel de la mirada de nuestros contemporáneos. Los tres fantasmas de Dickens son sólo uno, el denuestra conciencia que intuye lo que no quiere saber, especialmente que todo pudo haber sidodiferente, pero ya es demasiado tarde.

El último cuento de Navidad del que tuve noticia transcurre en Nazaret y es una película: Eltiempo que queda de Elia Suleiman, que se exhibió en el Festival de Mar del Plata. Esta especie desaga familiar de un palestino de origen cristiano tiene más de un punto en común con A ChristmasCarol aunque hay en ella un elemento completamente ajeno a Dickens, que es la Historia y su efectosobre las biografías individuales. Pero también aquí los fantasmas del pasado y del presenteconstruyen un futuro tenebroso. Lo que Suleiman ve en su infancia –a pesar de la activamilitancia de su padre contra los ocupantes israelíes– es una convivencia posible entreadversarios que se desvanece a medida que envejece el extraordinario personaje de la tía, unaantiheroína conservadora, pacata y golosa, que ocupa lentamente el centro del relato comotestimonio casi impensable de una humanidad plena. Al mundo arcaico que la vieja representa,Suleiman le contrapone su variante moderna, representada por una escena de absurda cursileríafrente a un arbolito luminoso, en la que una mujer chino-americana canta en karaoke un tema deCéline Dion. Es como si una dificultosa forma de relación entre los seres humanos hubiera dadolugar a un simulacro globalizado cuya contrapartida es el muro, la opresión a los palestinos y elodio sin remedio. La visión de Suleiman no satisface ni a los ocupantes de su tierra ni a quienesexigen su expulsión incondicional. Pero desde lejos, su Navidad puede ser tan emotiva como la deDickens y, de paso, nos remite a nuestros propios fantasmas, a la pregunta sobre si lo que hicimoshasta aquí no nos llevó demasiado lejos en el camino hacia una discordia irreparable. Felicesfiestas.

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