•gobierno Vs. clarin

Magnetto, empresario ultra K

La presidenta Cristina Fernández, al informar a la sociedad que el hombre fuerte de Clarín, Héctor Magnetto, compartió al menos diez cenas en Olivos durante la gestión de Néstor Kirchner, quiso probar que no por ir a la residencia presidencial se era afín al Gobierno o favorecido por éste.

24-08-2026 | 07:28

La presidenta Cristina Fernández, al informar a la sociedad que el hombre fuerte de Clarín,Héctor Magnetto, compartió al menos diez cenas en Olivos durante la gestión de Néstor Kirchner,quiso probar que no por ir a la residencia presidencial se era afín al Gobierno o favorecido poréste. Pero, en rigor, sus dichos muestran lo contrario: Magnetto iba a Olivos y recogía los frutosde una relación de mutua complacencia.

Los beneficios que Clarín obtuvo son profusos: ley de bienes culturales que bloqueó posibleconvocatoria de acreedores externos en 2003; renovación de licencias audiovisuales en 2004;prórroga automática de licencias en mayo de 2005; controvertida fusión de Cablevisión y Multicanalen diciembre de 2007; disposición presidencial de acompañar mansamente el negocio de Papel Prensa,urdido en dictadura y que aún hoy discrimina en el precio de papel a diarios y cooperativas delinterior del país; condonación de deudas previsionales y fiscales, etc.

Estos inmensos favores, muchos de ellos con uso del erario público, ilustran contundentementeque cenar con Kirchner no fue inocuo: Clarín pagó esa deferencia con la docilidad editorial de susmedios y de sus principales periodistas en el plazo 2003-2008, cuando ocurrió una brusca ruptura enla relación, ya durante el gobierno de Cristina Fernández. Desde 2008, el oficialismo comenzó aactuar contra algunos de los intereses del grupo, en algunos casos representando el interés social(como en la Ley de Medios Audiovisuales) y en otros, olvidándose de la sociedad y exhibiendo susaristas más torpes y sobreactuadas, como en el publicitado operativo de cientos de inspectores dela AFIP a la sede del grupo. Clarín, por su parte, respondió con un arsenal mediático inédito en elperiodismo argentino desde la época de Illia, que incluye el grosero cambio de camiseta de susprincipales periodistas, ayer nomás indulgentes con los K y hoy, agrios opositores. Ambos, elGobierno y Clarín, cambiaron de religión.

Así que la ironía de la Presidenta, acerca de si Magnetto podría considerarse “ultraK”, debe responderse por la afirmativa. Kirchner fue un hombre pro Clarín y Clarín fue ungrupo pro kirchnerista durante cinco largos años. Negocios son negocios, y para Clarín ellosignificó primero sortear la crisis posdevaluación en condiciones privilegiadas, y para el gobiernode Kirchner, navegar con el soplo favorable de las tapas complacientes del principal grupo demedios.

En enero de 2010, Néstor Kirchner dio una entrevista a Horacio Verbitsky en Página/12 en dondeel ex mandatario quiso explicar la ruptura con Clarín a raíz de la voracidad corporativa del grupoque lo habría presionado para quedarse con Telecom. La explicación es tan verosímil comoinsatisfactoria: si Kirchner como presidente accedió a todas las demandas corporativas de Clarín,si amigablemente departía con Magnetto en la residencia presidencial, ¿qué había de distinto enTelecom? ¿Por qué no seguir cultivando esa interesada relación cediéndole, también, Telecom?

A cuentagotas, la sociedad va contando con algunos elementos indispensables para conocer laíntima relación entre política, negocios y noticias que troquela el presente de la Argentina y quepotencia la lógica binaria de las discusiones políticas, económicas y sociales del país.

*Prof. e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes–Conicet.

También en Perfil