•La muerte de Alfonsin modifica el mapa politico

¿Mañana se acordarán?

El Dr. Raúl Alfonsín ya descansa en paz. El impacto político de la imponente manifestación que se acercó a darle el último adiós y que acompañó sus restos hasta el Panteón de los Caídos en la Revolución del Parque de 1890, en Recoleta, ha sacudido tanto a la dirigencia política como así también a gran parte de la sociedad.

22-08-2026 | 08:26

El Dr. Raúl Alfonsín ya descansa en paz. El impacto político de la imponente manifestación quese acercó a darle el último adiós y que acompañó sus restos hasta el Panteón de los Caídos en laRevolución del Parque de 1890, en Recoleta, ha sacudido tanto a la dirigencia política como asítambién a gran parte de la sociedad. No es original decir que ha habido un mensaje claro dado poresa muchedumbre que, sorpresivamente para muchos, generó uno de los episodios de civismo másrelevantes y constructivos de este tiempo. El mensaje fue simple y directo: no a la intolerancia,sí al respeto al que piensa diferente; no a las antinomias, sí a la pluralidad; no a las peleaspersonales, sí al debate, con pasión, de las ideas.

Claro que tras esto se imponen varias preguntas:
¿El mensaje será comprendido?
¿La comprensión, si existe, cuánto durará?
¿La semana que viene, se acordarán los dirigentes del legado de Alfonsín del que todos hanhablado?
Fue un muy buen gesto de la Presidenta el abrir su alocución por la cadena nacional desdeLondres, destinada a memorar la gesta de Malvinas, con su recuerdo de homenaje a la figura del expresidente muerto. A Néstor Kirchner se lo vio emocionado cuando se acercó al féretro durante elvelatorio.
“Néstor estaba realmente conmovido y lo mismo me consta de la Presidenta. A muchos enel Gobierno nos sorprendió la cantidad de gente que hizo la cola para despedirse de Alfonsín y laque se desplazó hasta el cementerio”, confesaba un hombre que estuvo acompañando al Dr.Kirchner en el Congreso.
¿Modificará el matrimonio presidencial su actitud de intolerancia hacia quienes piensandistinto dentro y fuera del Gobierno?
La muerte de Alfonsín logró dos cosas casi imposibles después del 17 de julio del año pasado:una fue que la Presidenta le atendiera el teléfono a Julio Cobos y dialogara con él. Las fuentescoinciden en señalar que fue una conversación breve y con una actitud glaciar de parte de la Dra.Fernández de Kirchner, quien no logró entender el significado institucional del gesto delvicepresidente. Cobos podría haberse ahorrado el llamado ya que, estando a cargo del PoderEjecutivo, tenía toda la potestad para disponer la ejecución de los procedimientos legales yadministrativos de uso y costumbre en estos casos. Sin embargo, actuó con tino y no dudó en darleel protagonismo de preeminencia correspondiente a la jefa de Estado.
Fue una buena actitud de valoración de la investidura presidencial. Cobos, incluso, seofreció a hacer gestiones ante la familia del Dr. Alfonsín a fin de postergar el funeral y, de esamanera, hacer posible la concurrencia de la Dra. Fernández de Kirchner.

El otro imposible que “generó” la muerte del ex presidente fue el encuentro entreNéstor Kirchner y Julio Cobos, quienes se abrazaron y hasta compartieron algunas palabras.¿Comprenderán los Kirchner que, cuando dialogan con los que piensan diferente y hasta pueden sersus adversarios, nada pierden y, por el contario, mucho es lo que ganan?

El mensaje de la ciudadanía también fue dirigido a la oposición en la que tampoco faltan lasmuestras de intolerancia. Verlos caminar juntos a Cobos con otros dirigentes del radicalismo quehasta ayer lo repudiaban era una ilusión que Alfonsín no pudo ver en vida.
La vuelta de Cobos al radicalismo se da por descontada. ¿Cómo manejará esto elvicepresidente? ¿Pasará facturas? ¿Se sentirá, ahora, el dueño de la pelota? ¿Cómo abordará suparticular situación institucional en el marco de la campaña electoral?
Será ésta la primera vez en la historia argentina en que el presidente pertenece a un partidoy el vicepresidente está formalmente en la oposición.
¿Qué pasará con Elisa Carrió, quien siempre confesó su profundo afecto por el ex presidentedel que, sin embargo, se distanció en forma irreconciliable después del tsunami político de finesde 2001?
¿Qué pasará con Margarita Stolbizer y su también complicada relación con el alfonsinismo derancia estirpe en la provincia de Buenos Aires representado por Federico Storani, Leopoldo Moreau?¿Cuánto pesará y cuál será el rol, de aquí en adelante, de Ricardo Alfonsín, el único de losdescendientes del ex presidente que se dedicó a la política y a quien un integrante del Regimientode Granaderos a Caballo le entregó el bastón de mando que usó su padre?
¿Qué sucederá dentro del justicialismo disidente, atravesado también por peleas de nombres yfiguraciones?
¿Qué pasará con la ciudadanía, cuyo protagonismo fue clave para generar el fenómeno políticoque hoy está en el análisis de todos?
Y aquí vale la pena detenerse un momento.
La participación ciudadana, lamentablemente, ha venido declinando desde aquella alboradaaugural que, para la democracia argentina, marcó la elección del 30 de octubre de 1983.
En aquel momento, cuyo recuerdo agiganta ahora la nostalgia, hubo una magia que atravesó a lasociedad sin exclusión de ninguna bandería partidaria. Fue el despertar de una pesadilla. Esa magiageneró una idea irreal por la que muchos creyeron que con la sola pronunciación de la palabrademocracia los problemas quedarían solucionados automáticamente. Esa ilusión terminó, como no podíaser de otra manera, en desilusión. La consecuencia de ello fue una paulatina indiferencia que ganócada vez a más y más sectores de la sociedad.
Las ambiciones y falta de decencia de muchos malos dirigentes transmitieron la idea,erróneamente generalizada, de que todo en política es mugre y corrupción. Y es cierto que hay muchamugre y corrupción, como así también hay muchos dirigentes honestos cuyos actos no alcanzan paraborrar el daño producido por aquellos otros. La indiferencia de buena parte de la sociedad esproducto de ese daño. Es decir que a lo malo se le ha agregado un mal aún mayor ya que, sin laparticipación ciudadana, será imposible crear las condiciones para vencer a estos males.
El “no te metás” siempre tiene efectos nefastos, generando desde dictaduras hastalas condiciones óptimas para que cuanto corrupto ande por ahí pueda hacer de las suyas sin ningúninconveniente. En general, cuando se dejan lugares vacíos, ellos son ocupados no por los mejoressino por los peores. En nuestra democracia, buena parte de la ciudadanía, con su indiferencia, havenido dejando lugares vacíos.
Y esto no es una frase hecha sino una realidad.
Tomemos dos ejemplos simples: cuando los ciudadanos se niegan a asumir su responsabilidad alser convocados a ejercer la presidencia de una mesa en una elección, están dejando lugar para queaquellos que quieran implementar una maniobra de fraude lo hagan sin problema; cuando un ciudadanono ejerce su derecho a votar, está dejando que otros decidan por él.

El testamento de Alfonsín también incluye la necesidad de revalorizar a los partidos políticos.Este es otro aspecto crucial para el futuro institucional del país.
La crisis de 2001 arrasó con las estructuras partidarias, de las que la sociedad se manifestóhastiada. Ello quedó plasmado en el famoso “que se vayan todos”.
Es cierto que los partidos políticos tienen defectos que deben ser señalados y reprochados.
La solución a esto no es la destrucción de los partidos sino la corrección de sus defectos.No existe gobernabilidad democrática si no hay partidos fuertes. Por lo tanto, tampoco es factiblela gobernabilidad democrática si hay una atomización de los partidos. Este es uno de los males queaqueja hoy a la Argentina. Una alianza, una coalición o un frente, agrupaciones muchas veceseventuales, pueden ganar una elección. De ahí a poder gobernar existe una brecha enorme. Lahistoria de nuestro país abunda en ejemplos al respecto.
En las grandes democracias del mundo, los partidos son la columna vertebral de su andamiajepolítico institucional. En los Estados Unidos, los dos grandes partidos –el Demócrata y elRepublicano– se ven atravesados por batallas internas durísimas para seleccionar a suscandidatos; pero una vez que esto ha terminado, a través de decenas de votaciones, nadie osa romperla estructura. Aquí nada de esto ocurre. La crisis partidaria ha liquidado prácticamente elmecanismo de las internas. Salvo en la UCR, lo demás va por acuerdos de cúpulas que dejan a laciudadanía al margen de todo. Esto debe ser revertido. En ello, la responsabilidad dirigencial esmayúscula y la participación ciudadana, esencial.

En la presidencia de Alfonsín hubo muchos hechos contrastantes. En el haber están el juicio alas juntas militares, la solución pacífica del dramático diferendo limítrofe con Chile por lasislas del canal de Beagle, el plan de alfabetización premiado por la Unesco, el gesto de haberleofrecido la presidencia de la Suprema Corte de Justicia a su opositor, el Dr. Italo Luder, actitudque tuvo un solo antecedente en nuestra historia durante la presidencia de Bartolomé Mitre.
En el debe están las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, el desastroso final del planprimavera y la hiperinflación, que significaron la ruina de muchos. Y en el medio, ideas defactibilidad casi utópicas, como el traslado de la capital a Viedma, o hechos como el de sudestemplado discurso desde el púlpito para refutar al vicario castrense.
Es claro entonces que la figura de Alfonsín ha emergido escindida de su gestión, cuyoserrores, finalmente, reconoció.
Tal vez esto se explique por la comprensión que, en los últimos tiempos, una partesignificativa de la ciudadanía viene haciendo de la importancia de las instituciones, algo que fueun objetivo primordial en la vida política del difunto ex presidente. Sin instituciones sanas yfuertes no hay República. Ese es legado del Dr. Alfonsín para “nosotros, para nuestraposteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar suelo argentino”.


Producción periodística:
Guido Baistrocchi

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