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Maní con chocolate

¿Qué otras cosas puede vender la televisión, ahora que no se venden los goles? Películas y sexo. Las escalenas dimensiones del conjunto que se llamaría “cosas que hay que pagar para ver en la intimidad” –y que incluye los términos fútbol, cine y sexo (hecho por otros)– me lleva de manera obscena a asociar contemplación, identificación y voyeurismo.

23-08-2026 | 20:10

Qué otras cosas puede vender la televisión, ahora que no se venden los goles? Películas y sexo.Las escalenas dimensiones del conjunto que se llamaría “cosas que hay que pagar para ver enla intimidad” –y que incluye los términos fútbol, cine y sexo (hecho por otros)–me lleva de manera obscena a asociar contemplación, identificación y voyeurismo. La primeracoincidencia es evidente: las tres cosas –parece– siguen siendo facturables.

Pero ahora que para identificarse fanática y virtualmente con once tipos tras una pelota ya nohabrá que pagar casi nada, los vendedores salen a ofertar lógica y enfáticamente sus otros dosproductos. Y han empezado a llamar a casa a lo pavote para ofrecer cosas irresistibles. Yo decidídarle a la señorita que me llamó una chance de explicarse. No sé. Pensé que tal vez el pan de estachica temblorosa dependiera de su capacidad de venderme algo. Las chicas temblorosas y laschocolatineras de los cines me hacen saltar las lágrimas. Pensé en la solidaridad de 2001, cuandolos restaurantes progre preferían comprarle los grisines a Grissinopoli (la fábrica administradapor sus obreros). Así que hice de mi tiempo un moño y escuché la complicada oferta: mitad de preciopor cada cosa codificada que antes me hubiera costado el doble. Pero me daban a elegir entre unpaquete con ciertas películas (y cierto sexo) y otro con otras películas (y otro sexo). De goles yano se habló.

Sus intentos por describir esas “ciertas” películas (las del paquetón Movie City)frente a las otras (HBO) eran enternecedores, como los intentos de las chocolatineras por vendermaní con chocolate viejo, un asco sólo consumible en la impune oscuridad. Todas las películas sonmás o menos iguales y entran bien en las clasificaciones de géneros que ya están inventados másallá de Cablevisión. ¿Qué nuevo corte, qué nueva escisión derivada del deseo de venderte dosproductos en vez de uno solo pueden ofrecer los ingenieros del marketing? El tema me apasionó derepente. Las señoritas son obligadas a hacerte creer que unas películas son de “acción parael hombre” (supongo que esto incluye el subrubro motos, autos chocadores, asesinos con armasde caño largo, héroes de guerra), o “románticas con algo de erotismo”, o estrenos decasi anteayer, o sesudas películas culturosas europeas o fabulosas ligeras americanas. Todos rasgosaxiológicamente positivos. Así cuesta elegir. No ofrecían, por ejemplo, cosas fáciles de nocomprar, como la franja “emboles para el ama de casa deprimida”, ni “aventuras decollege californiano para adolescentes pajeros” ni “grandes fracasos de la pantallagrande americana que se verán directamente en VHS en nuestro país”. Yo iba a comprarle porcaridad (y por $ 13,50 finales mensuales) cualquiera de los dos paquetes. Pero no ambos. Porquehabía decidido ser solidario con la chica (la cara humana del capitalismo), pero no adherirmansamente a los mercenarios que se escudan detrás de esa vocecilla vacilante. Sin embargo, elasunto se tiznó del todo cuando ella y yo pasamos a la cuestión del sexo. Había también dosvariantes, y para ahorrar habría que conformarse con una sola: “alto erotismo” enPlayboy y “sexo explícito” en Venus. Yo podría haber ejercido mi derecho de hacermeinformar en esa voz vacilante las diferencias técnicas entre alto erotismo y sexo explícito. Perotenía muchas otras cosas que hacer, y rechacé todo sexo.

Corté y saqué cuentas: hacía tres meses que ni prendía la tele. Siempre me pasa lo mismo. A lahora de lo que allí se me ofrece, siempre tengo otras cosas que hacer.

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