•ARGENTINA Y LA CONQUISTA DE LO IMPOSIBLE

Maradona, la ira de Dios

¿Que tendrá que ver esta pelí de alemanes locos con el papelón de la Selección, tema que había elegido para esta columna? Nada. O bastante, porque la mirada de Maradona toreando a la prensa después del desastre me recordó a ese último Aguirre, tan sumergido en su propio sueño imposible, mientras todo se derrumba.

Maradona, la ira de Dios
23-08-2026 | 11:59

Si yo, Aguirre, quiero que los pájaros caigan muertos de los árboles... los pájaroscaerán muertos de los árboles. La tierra que piso me ve y se estremece. ¡Yo soy la ira deDios!”

Monólogo final de Klaus Kinski en Aguirre, la ira de Dios (1972), dirigida por WernerHerzog.

La película se filmó en plena selva peruana y los indígenas que trabajaban como extras estabanseguros que ese desquiciado de pelo rubio que los insultaba en un idioma incomprensible seríafinalmente asesinado, por ellos o por el paciente hombre que dirigía todo. No sucedió de milagro.Vaya a saber cómo el actor Klaus Kinski salvó el pellejo y Werner Herzog terminó sin más problemassu Aguirre, la ira de Dios, la trágica travesía del conquistador Lope de Aguirre rumbo a El Dorado,mítica ciudad donde el oro “caía de los árboles”. En la última escena un Kinski sólo yquebrado clava sus profundos ojos azules en la cámara, se abraza al mástil de una balsa repleta demuertos y recita su alucinado monólogo final. “¡¿Quién más está conmigo?!”, gritadesafiante sobre la improvisada embarcación que flota sin rumbo, a merced del río embravecido.

Maldito inconsciente. ¿Que tendrá que ver esta pelí de alemanes locos con el papelón de laSelección, tema que había elegido para esta columna? Nada. O bastante, porque la mirada de Maradonatoreando a la prensa después del desastre me recordó a ese último Aguirre, tan sumergido en supropio sueño imposible, mientras todo se derrumba.

Alguna vez Sergio Palma me corrigió amablemente cuando lo llamé ex boxeador: “yo no soyningún ex, soy un boxeador... que está demasiado viejo para pelear”. Eso es Maradona: unfutbolista atrapado en un cuerpo maltratado y envejecido. Nunca ha sido otra cosa. La idea derescatarlo del Showbol –aquel patético Titanes en el ring futbolero– para entregarle laSelección fue un error para nada menor. Porque Maradona reina, no dirige. Se deja seguir.Pontifica. Multiplica súbditos, no discípulos. Y no lo digo ahora que es fácil. Lo escribo en estapágina desde que reemplazó a Basile. A ver, revisemos este viejo párrafo en pleno affaireRuggeri:

“A Maradona se lo ve sólo como siempre, rodeado de tanta sombra amigable. Con el único ygris antecedente de su insólita dupla con Fren en Racing y Mandiyú, hoy lo secundan Mancuso yLemme, dos entusiastas monaguillos en misa y no mucho más. Bilardo, siempre a mitad de camino entrela política, los medios, la AFA y su viejo oficio de entrenador está... pero no está. ¿Imaginan aalguien como Ruggeri aportando lo suyo en estas circunstancias? Mejor no. ¿Podrá alguien ayudarlo acrecer; a planificar, a poner y ponerse límites? Ojalá”.

O esto sobre Messi, cuando ganó la Champions: “No le será fácil ser profeta en su tierra ymucho más con un mito vivo dirigiéndolo desde el banco. Lo espera el impiadoso juicio de suscompatriotas que ya cuentan como propios sus logros internacionales, pero siguen mirándolo de reojopor lejano, inaccesible o misterioso. Le exigirán todo y más. Que sea el tipito de la Play quegambetea a todos y que nos reinstale en la cima del mundo, nuestro hogar, como antes lo hizo Diego,el Gardel sin Medellín, la última bandera. Una comparación más estúpida que cruel, pero inevitable.Estallará, así que lo diré ahora: Messi no es Maradona. Ni adentro de la cancha, gane lo que gane;ni mucho menos afuera. Por suerte y por desgracia no lo es”.

Dicho está. Messi es un gran jugador, todavía frágil y virginal, al que le resulta difícilfuncionar lejos de su casa, ese laboratorio catalán que lo hizo grande. Y Maradona, por virtud ydefecto, está a años luz de ser un DT. No porque no sepa. Eso es ridículo. ¿Cómo no va a saber defútbol quién lo jugó como nadie? Su imposibilidad, más que práctica –la fría estadística diceque como técnico dirigió 29 partidos y solo ganó 5–, es ontológica. Maradona es puraintencionalidad. Carece de método; no concibe al mundo más allá de su propia experiencia. Suuniverso se reduce a una cancha eternamente dividida en dos y su lógica responde a esa rotundalógica binaria: blanco/negro, nosotros/ellos, compañero/traidor, amigo/enemigo. Para funcionarnecesita del conflicto. Si no existe, lo inventa.

Ahora bien ¿acaso toda la culpa es de Maradona o Messi? ¿Y los demás? ¿No jugaron horribletodos? Respuesta: sí. Pero sin equipo nadie se salva, ni Verón, que es un capo. Hace faltaconducción. Estrategas como Mao, De Gaulle, Perón o Fidel; no héroes románticos como Guevara,aunque caigan más simpáticos. Menos videitos y más Von Clausewitz, muchachos.

Paganinis torturados ya tenemos: uno adentro, el otro afuera. Y buenos músicos también, ojo. Noserán los Beatles, pero tampoco los Auténticos Decadentes. Hay que hacerlos funcionar, eso es todo.Lo que nuestro irrenunciable Aguirre en su alocada carrera hacia El Dorado necesita a su lado es undirector. Un Von Karayan futbolero que entienda algo de partituras, armonía, tempos y cadencias,mientras él... los ilumina.

¿Clasificaremos? Sí, sufriendo trágica, heroica e innecesariamente, tal cual loindica el dogma maradoniano. Argentinidad pura y dura en plena acción, compatriotas. Una películaque ya vimos... y volveremos a ver.

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