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Más sobre el quién, que sobre el qué

Suficientes hechos han llamado la atención de los medios internacionales sobre la elección en Chile. Desde la posible victoria de un candidato de derecha por primera vez desde el fin de la dictadura de Pinochet hasta la sorpresiva aparición de un candidato de 36 años, hijo de un guerrillero asesinado por la dictadura, que pocos meses atrás era diputado por el partido socialista, el mismo de la presidenta Michelle Bachelet, las historias interesantes abundan.

Más sobre el quién, que sobre el qué
23-08-2026 | 20:54

Suficientes hechos han llamado la atención de los medios internacionales sobre la elección enChile. Desde la posible victoria de un candidato de derecha por primera vez desde el fin de ladictadura de Pinochet hasta la sorpresiva aparición de un candidato de 36 años, hijo de unguerrillero asesinado por la dictadura, que pocos meses atrás era diputado por el partidosocialista, el mismo de la presidenta Michelle Bachelet, las historias interesantes abundan. Laenorme popularidad de la presidenta saliente –impresionante después que logró recuperarse dedos grandes tropiezos en sus primeros años: las protestas estudiantiles de 2006 y la reforma delsistema de transportes de la capital, Transantiago, en 2007– y la aparente incapacidad delcandidato oficial, el ex presidente Eduardo Frei, para aprovechar esa ventaja han llenado páginasde análisis y especulaciones.
Pero pocos han dicho que el resultado de la elección presidencial tendrá mucho más que vercon el nombre de quién gobernará Chile por los próximos cuatro años que con la dirección que tomaráel país. Hay muchas dudas sobre quién ganará la elección. Por primera vez desde el retorno de lademocracia, el candidato de la gobernante Concertación no lidera las encuestas. Peor aún, existeuna real posibilidad de que el ex joven ex socialista Marco Enríquez-Ominami obtenga el segundolugar y enfrente en segunda vuelta al moderado empresario derechista Sebastián Piñera. Pero ya seaque Piñera termine con 20 años de gobiernos de la Concertación o que, sorpresivamenteEnríquez-Ominami se convierta en el improbable candidato de la continuidad oficialista si derrota aFrei en primera vuelta, las prioridades en el modelo de desarrollo económico de Chile no cambiaránsustancialmente.
Desde que la Concertación llegó al poder en 1990, Chile ha privilegiado una economía socialde mercado. Impuesta por Pinochet, la economía de mercado está firmemente instalada en laConstitución –también de Pinochet– de 1980 y en el sistema institucional chileno queprivilegia la separación de poderes y restringe la voluntad popular a través de mecanismoscontramayoritarios autónomos, como el Banco Central y el Tribunal Constitucional. Si bien una buenaparte de los llamados enclaves autoritarios que dejó Pinochet en su Constitución han sidoeliminados, persisten otros mecanismos que hacen difícil alterar el statu quo en el modeloeconómico. Desde un sistema electoral poco competitivo (en el 95% de los distritos, la Concertacióny la oposición, Alianza por Chile, se reparten los dos escaños a la Cámara y al Senado) hasta unsistema de inscripción que excluye a 4 millones de jóvenes que cumplieron edad de votar después de1988, el sistema político chileno es mucho más hijo de la dictadura que de la exitosa democracia.Uno de cada tres chilenos en edad de votar no está inscripto en los registros electorales y nopodrá votar en la elección del 13 de diciembre.
En estos 20 años, el país ha crecido y todos los indicadores sociales han mejoradosustancialmente. La pobreza se redujo de 40% a menos de 13%. El ingreso per cápita aumentó un 150%en términos reales. Estas últimas dos décadas han sido las mejores en la historia de Chile. Pero eléxito se debió a que la Concertación logró ponerle un “rostro humano” –como lodefiniera el presidente Patricio Aylwin (1990-94)– a la economía de mercado que implementó ladictadura. Si Pinochet es el padre del Chile actual, los cuatro gobiernos de la Concertación hansido meritorios padrastros. Han corregido lo malo, han mejorado muchas cosas. Pero la esencia delmodelo no ha sido alterada. Por eso, ya sea que la casi segura segunda vuelta presidencial del 17de enero le otorgue la victoria al opositor derechista Sebastián Piñera o produzca un quintogobierno consecutivo de la Concertación liderado por Frei, nadie anticipa que el país tomará uncambio de rumbo sustantivo. Al contrario, el gradualismo y pragmatismo que han caracterizado a losgobiernos de la Concertación seguirán siendo el norte del próximo gobierno. Aún si se produce unasorpresiva victoria de Enríquez-Ominami en primera vuelta sobre Eduardo Frei, habrá más cambio enla forma que en el fondo. La Concertación deberá reinventarse para ponerse detrás de la candidaturadel joven candidato. Pero la hoja de ruta sólo sufrirá alteraciones –mayores en cuestionespolíticas si gana Enríquez-Ominami y sustancialmente menores si gana Frei– y no un rediseño.Si Piñera gana, su énfasis en la eficiencia y la modernización del Estado intentará sepultardefinitivamente la asociación de dictadura y derecha, pero también sus posturas más moderadas ytolerantes en cuestiones valóricas pondrán freno a los impulsos más conservadores que emanan de laUDI, el otro partido de derecha y aliado del suyo, RN.
Por eso esta elección es mucho más sobre el quién que sobre el qué. Aunque pudiera no ser muyatractivo al compararlo con otros países, el hecho que en Chile esté en duda la continuidad de laConcertación en el gobierno es una noticia relevante en un país donde la política se define cadavez más por el pragmatismo y el gradualismo que por los intentos de reformas radicales y cambiosprofundos en las hojas de ruta.

*Director magíster Opinión Pública, Universidad Diego Portales.

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