•la mirada DE ROBerto garcia

Matar o morir

Fervor religioso merece el interés que despertó en el país la última inquietud general por la “libertad de expresión”, a partir del envío al Parlamento de una nueva ley de radiodifusión (que, en verdad, lo que debería salvaguardar es la posibilidad de que el ciudadano común acceda a las más diversas fuentes de información, lo que por obvia naturaleza no proveen los monopolios privados o públicos).

23-08-2026 | 10:41

Fervor religioso merece el interés que despertó en el país la última inquietud general por la“libertad de expresión”, a partir del envío al Parlamento de una nueva ley deradiodifusión (que, en verdad, lo que debería salvaguardar es la posibilidad de que el ciudadanocomún acceda a las más diversas fuentes de información, lo que por obvia naturaleza no proveen losmonopolios privados o públicos).
Brotó con el tema una urticaria repentina por la causa de la “libre expresión”,sin distinción de clases y ardiendo los dos sectores en pugna, el del Grupo Clarín (que parecerepresentar a los privados) y el del Gobierno (que parece representar al Estado): todos invocando,de repente, la protección del ejercicio periodístico, del libre albedrío, de las profesionesindependientes.
Así lo dicen, por lo menos, en foros ad hoc, en solicitadas, en el Congreso y hasta enconcentraciones callejeras regadas con fernet (hábito más de cancha de fútbol, de barra brava, quede pobres o indigentes, por describir la índole de simpatizantes que recoje el kirchnerismo). Yhasta dicen defender en ese raid a la propia e innominada gente por eventuales ataques totalitariosde los rivales. Todos predican con el mismo y repetido mensaje, como si en una boca tuviera másvalidez que en otra.
Tanta generosidad y preocupación de los protagonistas obliga a la sospecha, a que losdesconfiados de siempre consideren esas manifestaciones como una farsa o el denodado esfuerzo depoderes diferentes para no perder privilegios en un caso y, en el otro, para adquirir nuevasventajas. Pocas veces, en rigor, se ha visto una pugna tan cruda y descarnada en la Argentina,naturalmente hipócrita.

Los buenos no existen

No alcanza el tiempo para que una minoría de periodistas –y el resto de los atónitosciudadanos– agradezca esa voluntad doble y contradictoria de los dos guerreros por garantizaruna póliza para la conciencia laboral –hasta ahora infrecuente en la Argentina–, esacuriosa solidaridad que ahora ofrecen dirigentes, políticos, asociaciones y funcionarios, hastahace poco caracterizados por la costumbre de guardar silencio, ominoso o discreto, ante elarbitrio.
Sea privado o público. Parece un cambio, si uno desea creer en la flamante palabra que sevuelca. Por ejemplo, ahora el Grupo Clarín y ciertos empresarios denuncian anomalías o delitos delGobierno cuando antes se tapaban los oídos ante una sola mención de una irregularidad oficial. Más,se abrazaban con ministros empapados en sospechas, consintieron a pie juntillas sus excusas y losenjuagues judiciales que inicialmente los redimen. Así han vivido. Incluso, hasta podrían disculparsu indiferencia por la prioridad del negocio audiovisual que dominan: el entretenimiento, sobre elque dificilmente la censura proceda, ya que a nadie asustan los románticos teleteatros, losexitosos Susana Giménez o Marcelo Tinelli, los concursos o los programas chismosos.
Quienes justamente se han especializado en evadir noticias e información, episodios quepodrían comprometerlos frente al poder, ahora en cambio se asumen para velar por la más plenalibertad de expresión de los medios, de sus contenidos, de quienes trabajan en ellos. Raro elperfume de primavera en invierno.
Misma causa libertaria juran representar, enfrente, los agentes públicos del kirchnerismo,esos que atravesaron más de un lustro presumiendo del capricho de no atender al periodismo–bueno, ahora persiste la misma práctica–, en negarle información y trabajo a quieneslo solicitaban, mientras a su vez le brindaban exclusividades sólo a medios colaboracionistas(propios o dóciles, como los que hoy los combaten), compartían pizza y champagne en Puerto Maderopor no mencionar amistades y concupiscencia.
Esa escuela Kirchner del desprecio profesional, sectario, incluso hizo arriesgar los deberesde funcionario público de sus designados: puede decirse, sin dudas, que los encargados en distintosrubros de prensa jamás se ocuparon de su tarea específica. Quienes entonces se prodigaron paraexaltar la no prensa, hoy en cambio se ofrecen como adalides de la “libertad deexpresión”. Cuesta aceptar este pregón oficialista, es como preguntarse si a Néstor Kirchneruno le compraría un auto usado.

Una voz en el teléfono

Condenados a esa perversa realidad de intereses, viene ahora un alud desde la política: EduardoDuhalde pidiendo pista (apremiado por intendentes y delegados del interior del país), mayorprotagonismo de Julio Cobos, neutralidades presuntas (¿Daniel Scioli?, ¿Hugo Moyano?), cambios decamiseta, apertura de libro de pases, distancias prudenciales (Carlos Reutemann). Lo que se diceFútbol de Primera. Por supuesto, no es el contingente oficialista que, conducido por Néstor, harácampaña contra los destituyentes que avanzan y si puede incorporará nuevos empresarios para sugesta mediática (propios o ajenos). Conflicto en terreno resbaladizo, aunque no en plano inclinadotodavía en lo económico o en lo social (a pesar de que a mayor cartel francés de los Kirchner menorrespaldo de la población en las encuestas). Se diría que todos buscan una colisión, un impacto, undesenlace, lo más inmaduro de la historia argentina.
Preventivamente, a menos que se crea en una sudestada milagrosa que sacude la concienciaprivada y pública de la Argentina a favor de la “libertad de expresión”, lo que sediscute en el Congreso son negocios: de televisión, de telefonía, de radio en menor medida, decables y aire, de no pago de impuestos, de mejores porciones de mercado. Lo otro es un disfraz.Veamos algunas perlas:

◆ ¿Acaso hay quien piensa que la segura pérdida del 30% de los ingresos de Clarín pasanpor la protección de sus periodistas o porque le arrebataron la concesión monopólica del fútbol? Noes una pregunta.

◆ ¿Alguien supone neutralidad del Gobierno en el affaire Telecom, en la forzada venta quele aplican a los titulares italianos? Tampoco es una pregunta. Y menor aún es la voluntad oficialpara que el nuevo adquirente no sea –junto a los ya establecidos Werthein– parte delgrupo Eurnekian que capitanea su segundo, Ernesto Gutiérrez.

Tampoco es casual la resistencia de esos socios peninsulares en venderles su parte a Gutiérrez:ya le rechazaron una oferta en la cual, de inicio, pretendía aportar 50 millones de dólares y,luego, completar el resto de la deuda expatriando ganancias al estilo YPF con Repsol. La hostilidadcon Gutiérrez no pasa sólo por el precio, lo sindican con los doble V como demasiado cercano a lapareja Kirchner que los acosa. De ahí que gozaran cuando Clarín, esta semana, se solazó con la“libertad de expresión” que se atribuye (del mismo modo que esa misma “libertadde expresión” no fue contemplada en otros medios) y reveló detalles de una añejainvestigación que le imputa al empresario una responsabilidad intelectual con un crimen cometido,en su momento, contra un policía bonaerense, hermano del actual intendente de Quilmes.

Fútbol para casi todos

Al margen de culpabilidades, demasiado mal gusto con un factótum del Council of Americas, con unpreferido de la lobbista Susan Segal. Pero no será éste, seguramente, el único asesinato irresueltoy en danza en esta batalla por la “libertad de expresión”.Convendría observar otrocostado de la operación Telecom: es probable que aparezca en el ruedo otro o más jugadores para lacompra de las tenencias italianas, quizá una complicación para los sueños de Kirchner si seproduce. Hasta ahora, estaba convencido de que los italianos no le venderían a Clarín (no lealcanzan los fondos, menos ahora) por vieja enemistad y límites legales, casi las mismas razonesjurídicas por las cuales no ingresaría como ofertante Carlos Slim (por extranjero), a pesar de queeste afortunado empresario mexicano (el más rico hispanoparlante de este continente) pasó el últimofin de semana turístico por Buenos Aires, confesó que no le gustó una entrevista que en su tierratuvo con Gutiérrez pero sí conversó en el Tigre, de buen talante y con obvia afinidad, con uno delos gobernadores más dilectos del corazón Gutiérrez-Eurnekian: Daniel Scioli. No trascendió elcontenido de esta reunión, como es de suponer.
Luego que el reparto gratuito del fútbol alentara ciertas expectativas empresarias noallegadas a Clarín, más bien confrontadas, el optimismo abortó de pronto. Una muestra: Daniel Vila–asociado en varios medios y América TV a Francisco de Narváez, otra vez jaqueado desde elGobierno por una cuestion judicial, y al ex ministro José Luis Manzano–, quien se despachócon furibundo e inédito discurso antigobierno, destacando en su oratoria una oposición a la Ley deMedios que, entiende, favorecerá a las telefónicas. Léase España, léase Telefónica, otro capítulodel negocio al cual no acceden la mayoría de los argentinos.
Una semana antes, gracias al fútbol gratuito, Vila aparecía como un eventual sucedáneo de losretazos perdidos por el Grupo Clarín y del brazo del ministro Aníbal Fernández. Alguno leyó mal lasescrituras o éstas cambian con insólita velocidad.

Néstor, el programador

Si progresa la ley Kirchner, Telefónica (y España) podría ser más poderosa en servicios (tripleplay), a cambio seguramente del desprendimiento de Telefe, ese canal que siempre encendió la miradacodiciosa de Néstor (quizá por su falta de compromiso con el periodismo y su afinidad sólo con loslocutores), menos quizá que Canal 9, al cual muchos creen que ya poseyó incorporando íntimos en suplantilla directiva. Por lo tanto, Telefe podría salir al mercado y, de nuevo, el ex chofer RudyUlloa, tan próspero como su patrón, podría aventurar una oferta de nuevo para adquirirlo. Igual quelas nuevas normas, por ejemplo, determinaran que el Grupo Clarín tambien debe entregar Canal 13 ala venta. Por este tesoro obtenido gracias a la permisividad de Carlos Menem, Kirchner haríaparticipar a capitalistas conspicuos por el momento ocultos.
Son muchos los que desde ambos lados juegan al oscurantismo, hasta la espera de un haziluminador. De los negocios, claro, a menos que uno crea que esta revulsión entre Gobierno yClarín, también entre empresarios y políticos –cuyo epílogo es impredecible, aunque tieneantecedentes–, está vinculada con finalizar con una ley que “viene de ladictadura” y que pretende instalar, de una vez y para siempre, la “mejor libertad deexpresión”.

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