Match Point II

A la secuencia final de una campaña modelada por ShowMatch y que se desarrolló con un estilo y un discurso de tribuna enardecida, le cabe la definición de Match Point. Y al hacerlo, también se evoca el sentido que le dio Woody Allen a su película homónima: el vaivén de una pelota que en la volea final, se mece en cámara lenta sobre el filo de la red, sin saber de qué lado quedará.

22-08-2026 | 22:59

A la secuencia final de una campaña modelada por ShowMatch y que se desarrolló con un estilo yun discurso de tribuna enardecida, le cabe la definición de Match Point. Y al hacerlo, también seevoca el sentido que le dio Woody Allen a su película homónima: el vaivén de una pelota que en lavolea final, se mece en cámara lenta sobre el filo de la red, sin saber de qué lado quedará.
A una semana de las elecciones, hay match point en dos de los cuatro distritos electoralesdecisivos y allí también el recorrido final de la pelota determinará no sólo un ganador sino unposible porvenir. Salir primero o segundo repartirá alegrías y tristezas, pero no despejaráincertidumbres. Tal como está fragmentada la elección, con liderazgos personales que no responden afuerzas políticas organizadas nacionalmente y con resultados quizás ajustados, nos perderemos en unestéril debate acerca de quién ganó. Y todos dirán que ganaron.
La campaña termina como empezó: salvo honrosas excepciones, con vacío de propuestas ygroseras descalificaciones del contrincante. La pelota está en el filo de la red y soplan vientoscruzados. El Gobierno embarra la cancha de la oposición y la oposición se crispa a sí misma por lasfotos de Cobos con De Narváez o las que éste omite con su aliado Solá.
No hace falta el resultado final para saber que todo será distinto, entre otras cosas, porqueel Gobierno nacional no tendrá la mayoría legislativa que lo acompañó estos seis años. Dos caminosposibles: uno indeseable, del regodeo en la pelea eterna que exacerbaría aún más este climavenenoso y personalista del todos contra todos; y otro, más virtuoso, que nos permitiría saldar ladiscusión como cuadra en democracia, defendiendo y a la vez cediendo posiciones propias paraarribar a consensos y acuerdos estratégicos sobre el futuro del país. Esta opción le devolveríanobleza a la política y tranquilidad a una sociedad que hoy percibe que sus preocupaciones y deseosno forman parte de las discusiones de la dirigencia.


Lo incierto del panorama incluye también a los liderazgos futuros. Algunas combinacionesprobables:
Si Néstor Kirchner gana y Carlos Reutemann pierde, Daniel Scioli más que Kirchner podrárobustecer sus chances de ser el próximo candidato a presidente frente al candidato de lacoalición, hoy opositora.
Si, por el contrario, Reutemann gana y Kirchner pierde, una parte importante del peronismoimpulsará un proceso de internas para ungir al santafesino como candidato presidencial en 2011.
Ese resultado, asimismo, acabaría probablemente con el coqueteo que, sin mucho espesorideológico y bastante oportunismo pragmático, algunos peronistas vienen practicando con MauricioMacri. A nadie se le pide explicaciones en estas épocas tan raras, pero sería importante ofrecerlasalguna vez. De todas maneras, a Macri se le haría más cuesta arriba que a Reutemann u otrogobernador o dirigente peronista de peso la tarea de aquietar las aguas del PJ, propiciar unproceso de reorganización interna y ser elegido como primus inter pares en ese proceso. Cabeimaginar que si las circunstancias hicieran que un sector del peronismo impulsara a Macri comocandidato, otra porción del peronismo no se sentiría representada y se dispersaría en otras fuerzaspolíticas o se reuniría alrededor de una liga de gobernadores con candidato propio.
Del lado de la oposición no peronista, unos resultados deslucidos de Alfonso Prat-Gay enBuenos Aires, de Margarita Stolbizer en la provincia, pero una victoria de Rubén Giustiniani enSanta Fe fortalecerían las posibilidades de Hermes Binner como candidato presidencial de esacoalición si sus dirigentes tienen la inteligencia de mantenerla viva. El radicalismo podríaintentar promover a Julio Cobos, si su buena estrella sigue centelleando.
Ninguno de esos u otros resultados posibles despejan las dudas más profundas acerca denuestro débil sistema político y eso importa más que un vibrante match point o una películainteligente. Para darles nuevos aires a nuestras instituciones, debemos asumir que habitamos lamisma casa común y que como dirigentes, militantes, simpatizantes o simples interesados en la cosapública, lo que dignifica nuestra vocación es su capacidad de forjarle un destino al país y no lade divertir a una tribuna. Esa es la primera tarea post electoral. Por más naif que suene, siempreserá preferible sentarse en la silla del ingenuo que mirar desde un atalaya el entierro de unaNación.

* Ex jefe de gobierno porteño.

NOTA
En la contratapa de la edición de ayer, Jorge Fontevecchia tituló Match Point su habitualcolumna. Tres horas después del cierre, llegó ésta de Jorge Telerman, titulada del mismo modo ytambién apelando a la película de Woody Allen. Sólo se le agregó un “II” al título.

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