•reparto y superavit

Matrimonios y algo más

Si se rescatara el valor de las palabras, como sucedió en el debate de la ley de uniones igualitarias, deberíamos llamar “jubilación de reparto más subsidio a la vejez” al sistema que tenemos hoy.

24-08-2026 | 15:12

El inexplicablemente virulento debate en torno a la extensión de los derechos y obligaciones delcontrato de matrimonio civil a parejas del mismo sexo puso énfasis, sobre el final, en rescatar elsignificado profundo de la palabra “matrimonio”.

En ese sentido, quizás la discusión se hubiese zanjado menos traumáticamente, profundizando,como se debe, la separación entre Iglesia y Estado. Se pudo haber concedido la reserva de lapalabra matrimonio al exclusivo ámbito de las religiones y llamado de otra manera al contrato civilque une a dos personas en una relación de pareja, independientemente de sus inclinaciones sexualesu otras características.

De paso, se hubieran podido revisar los elementos de dicho contrato, dejando las mínimascuestiones posibles a la ley y el resto a la voluntad de las partes. Después de todo, se trata deun contrato entre dos personas libres que deciden firmarlo voluntariamente y sólo hay que proteger,en ese sentido, derechos y obligaciones ante terceros o de los descendientes de esa sociedad.

Lo curioso es que si pusiéramos el mismo énfasis en rescatar el valor de las palabras y sussignificados en los temas económicos, los debates serían muy distintos.

Empiezo con el ejemplo reciente del proyecto de aumento de las jubilaciones mínimas que sediscute actualmente en el Congreso. Las palabras clave aquí son: “reparto” y“superávit”. En efecto, un sistema de reparto implica que hoy se reparten entre losjubilados actuales, los aportes que realizan, a partir de sus salarios, los trabajadores actuales,con la promesa de que, cuando les llegue la edad correspondiente, podrán recibir de los activos deese momento, su jubilación, en cierta proporción a sus aportes pasados.

En la Argentina de hoy, la relación entre activos y pasivos es aproximadamente 1,5. De maneraque con impuestos al trabajo en torno al 27% del salario, lo máximo que se puede“repartir” es el 40% del salario promedio. (1,5 por 27%).

Como hoy se reparte algo más, la caja de la Anses no tiene superávit, está en déficit. ¿Cómo secubre ese déficit? Con parte o todo de otros impuestos que nada tienen que ver con los aportesjubilatorios y que cubren más del 40% de los ingresos de la Anses. Impuestos que pagan hasta lospropios jubilados.

Si respetáramos otras palabras, como se pretendió respetar la palabra matrimonio, no deberíamosllamar “jubilación de reparto” a lo que tenemos hoy, sino “jubilación de repartomás subsidio a la vejez”, porque una parte es reparto, pero el resto es un subsidio surgidode otros ingresos públicos.

Si se pretende aumentar ese subsidio, sepamos que no alcanza con el reparto y que la Anses haceaños que tiene déficit, aun pagando malas jubilaciones, y que todo aumento de subsidios es másimpuestos, menos recursos para otros gastos o más inflación.

Tampoco hay un “fondo de garantía sustentable” porque el grueso de ese fondo esdeuda pública, imposible de hacer líquida hoy, sin un gran descuento o sin una explosióninflacionaria que tiraría por la borda la “garantía”.

Es cierto que habrá más ingresos públicos este año, como en los anteriores, que lospresupuestados, pero entonces, lo que hay que reformular es el gasto en forma integral, incluyendoel gasto previsional que, además, tiene que contemplar el hoy y el futuro.

Y eso me lleva a la palabra “presupuesto”. Lo que en estos años se ha discutido yaprobado en el Congreso no es el Presupuesto Nacional; es decir, la forma en que se distribuyen endiferentes gastos los ingresos, en función de las prioridades de la sociedad, a través de susrepresentantes. Lo que en la Argentina llamamos presupuesto y se somete a discusión es una parteque oscila entre el 60 y el 70%, de lo que el Estado Nacional gasta efectivamente, entre lo que sesubestima de ingresos y lo que queda afuera del Presupuesto por autonomías o fondos varios.

Y aquí vuelve también el concepto de “superávit fiscal”. Sin contabilidad creativa,ni confundir financiamiento con ingresos genuinos, el Estado Nacional ya tiene déficit que se sumaal de la Anses y de las provincias.

Ya llegará el tiempo en que los argentinos dejaremos de hacernos trampa en el solitario. Quizás,en ese momento, podremos enfrentar nuestros problemas estructurales y solucionarlos, en serio, sinpalabras falsas.

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